02 Marzo 2003 Seguir en 
El punto clave del éxito de toda empresa, organización o emprendimiento es la posibilidad de contar con líderes positivos, respetados y respetables. Son ellos los que muestran una visión positiva del futuro, la creencia de que puede hacerse realidad, y la capacidad de tomar decisiones que se acerquen a ese ideal. Los líderes dan sentido y significado a las tareas, ayudan a ver posibilidades y a descubrir recursos. También logran que las personas se sientan fuertemente motivadas para hacer cosas que en otras circunstancias no hubieran hecho, y que les permiten lograr sus propios objetivos.
Se necesitan líderes en la casa, en la empresa, en la vida social, en la política. Se necesita esa personalidad convocante, respetada y que aglutina a otras. Con la visión de un futuro deseable y mejor para todos y poseedor de la fuerza, la convicción y la pasión para hacerlo posible. Con habilidad para la tarea y el trabajo, el líder es capaz de lograr que sus seguidores lo acompañen en un proyecto, en el trabajo y en el esfuerzo necesarios. Tiene la autoridad indiscutible que está dada desde el ejemplo.
La tarea de los líderes es enfrentar situaciones complejas, mejorar la calidad de su propia vida y de la de los demás, así como crear oportunidades para el futuro. Los líderes no son personas excepcionales, nacidas con un destino prefijado, fáciles de reconocer a simple vista. Son como otros pero, en determinado momento, sienten que el grupo necesita algo que ellos pueden conseguir. Así es como se ponen a la cabeza del grupo, no por cuestión de jerarquía, sino por ubicación geográfica: van adelante, en la percepción de los objetivos a lograr, en la puesta en marcha, en la anticipación de los problemas y soluciones, en la tarea concreta.
Ni un soñador ni un loco
Líder es el que puede ver el horizonte, mientras desarrolla la tarea cotidiana. No es un soñador loco, ni un pragmático a ultranza, sino una mezcla equilibrada de ambas cosas. Se interesa genuinamente por la gente y se hace acreedor de su respeto y confianza. Es un comunicador eficiente, alguien que facilita las cosas, un motivador; escucha, comprende y actúa en consecuencia. Eso es lo que se necesita.
Son necesarias personas que generen respeto porque se respetan a sí mismas, no en lo superfluo, en lo exterior, en los tratamientos o en los títulos, sino en la esencia y en la coherencia interna, en la relación honesta y genuina entre lo que dicen, lo que piensan y lo que hacen.
El respeto por uno mismo y la confiabilidad de los demás constituyen el ingrediente humano de alto voltaje que posibilita todos los emprendimientos y que maximiza todos los logros; es, también, el punto crítico de la economía.
En definitiva, esta sociedad requiere de líderes capaces y creíbles, que se preocupen de que la población esté bien informada, culta, eficiente, productiva y responsable. Ellos fomentan valores como la autodisciplina y la solidaridad, requisitos importantes en los equipos con alto desempeño.
Se necesitan líderes en la casa, en la empresa, en la vida social, en la política. Se necesita esa personalidad convocante, respetada y que aglutina a otras. Con la visión de un futuro deseable y mejor para todos y poseedor de la fuerza, la convicción y la pasión para hacerlo posible. Con habilidad para la tarea y el trabajo, el líder es capaz de lograr que sus seguidores lo acompañen en un proyecto, en el trabajo y en el esfuerzo necesarios. Tiene la autoridad indiscutible que está dada desde el ejemplo.
La tarea de los líderes es enfrentar situaciones complejas, mejorar la calidad de su propia vida y de la de los demás, así como crear oportunidades para el futuro. Los líderes no son personas excepcionales, nacidas con un destino prefijado, fáciles de reconocer a simple vista. Son como otros pero, en determinado momento, sienten que el grupo necesita algo que ellos pueden conseguir. Así es como se ponen a la cabeza del grupo, no por cuestión de jerarquía, sino por ubicación geográfica: van adelante, en la percepción de los objetivos a lograr, en la puesta en marcha, en la anticipación de los problemas y soluciones, en la tarea concreta.
Ni un soñador ni un loco
Líder es el que puede ver el horizonte, mientras desarrolla la tarea cotidiana. No es un soñador loco, ni un pragmático a ultranza, sino una mezcla equilibrada de ambas cosas. Se interesa genuinamente por la gente y se hace acreedor de su respeto y confianza. Es un comunicador eficiente, alguien que facilita las cosas, un motivador; escucha, comprende y actúa en consecuencia. Eso es lo que se necesita.
Son necesarias personas que generen respeto porque se respetan a sí mismas, no en lo superfluo, en lo exterior, en los tratamientos o en los títulos, sino en la esencia y en la coherencia interna, en la relación honesta y genuina entre lo que dicen, lo que piensan y lo que hacen.
El respeto por uno mismo y la confiabilidad de los demás constituyen el ingrediente humano de alto voltaje que posibilita todos los emprendimientos y que maximiza todos los logros; es, también, el punto crítico de la economía.
En definitiva, esta sociedad requiere de líderes capaces y creíbles, que se preocupen de que la población esté bien informada, culta, eficiente, productiva y responsable. Ellos fomentan valores como la autodisciplina y la solidaridad, requisitos importantes en los equipos con alto desempeño.







