Sobran palabras y falta acción

Para ver cambios habrá que esperar meses.

02 Marzo 2003
En el corto plazo no aflojará la incertidumbre. Hasta fines de este año no se esperan cambios visibles en la crisis de miles de tucumanos.Primero deben definirse la elección presidencial (dentro de pocas semanas) y el reemplazo del gobernador Miranda (en junio). Cada uno de estos episodios tendrá consecuencias fuertes en la política y provocará traiciones y realineamientos, porque la clave está en acomodarse con la mayor velocidad posible.
Mientras no se resuelvan esos procesos electorales, se mantendrán en actitud pasiva quienes tienen los medios financieros, el poder o los planes para reactivar la actividad económica.
En la coyunturas, la estrategia es cautelosa: esperar y ver.
Los bancos son los más prudentes y apenas se mueven. La falta de crédito ahoga a los sectores que necesitan financiamiento.
El estrés de la gran sequía hace llorar a los sojeros, que forman uno de los sectores exportadores que se beneficiaron con los desbarajustes provocados por la devaluación.Otros productos agrícolas, como el azúcar, las firmas textiles, aquellos que sustituyen importaciones y el turismo disfrutan también de tiempos mejores.
El Estado flota a la deriva, pero con una situación más desahogada, porque aumentó la recaudación (en términos reales bajó un 40%, si se descuenta la inflación), no paga sus deudas y tiene congelados los salarios de los agentes públicos. Miranda tiene más dinero sólo por su respaldo al candidato duhaldista.
El gobierno controla que no suban las tarifas y aprovecha que en la actividad privada los sueldos tampoco crecen (se ajustaron en $ 150) por el desempleo y la recesión, lo que modera los temor a un brote de inflación.
La devaluación redujo el poder de compra de los trabajadores a la mitad, pero los que protestan con más ruido en las calles son los desocupados.
Hay un creciente clima de reclamos entre los estatales, cuyos ingresos siguen perdiendo valor adquisitivo. Hasta le arrancaron incrementos al gobierno mirandista, que no quiere líos en estos meses preelectorales.En el sector privado, las quejas no son visibles debido a la crisis, aunque Duhalde busca atajos para mejorar el salario real y no perder votos.Las empresas prefieren esperar que llegue el nuevo gobierno para discutir.
Problemas urgentes en Tucumán son el hambre, la inseguridad, el desempleo y la onda recesiva, en un mercado interno que, sin préstamos, no se recupera y cuyos precios se acomodan.
"Tenemos hambre, queremos comida", es lo que piden los pobres en las ciudades y en el campo. Después reclaman que la educación llegue a los marginales, porque saben que, de otra forma, no tienen futuro. El deterioro del capital humano es lamentable. Existe una legión de jóvenes que siente en carne propia la frustración y el colapso de sus expectativas.
Los pobres y la inseguridad llegaron a Tucumán para quedarse. No será fácil erradicar a esas calamidades y retroceder en la brutal latinoamericanización que azota a esta provincia.
La pobreza y la marginalidad crearán conflictos mayúsculos y violentos. La inseguridad colectiva destruye las reglas de convivencia e impulsa la ley de la selva, con la que triunfan los más fuertes e inescrupulosos.
Como son dramas que no tienen solución en el corto plazo, los van a transferir al futuro gobierno, que deberá lidiar de entrada con pobres, piqueteros y desocupados. Sin un plan y sin coraje, estará perdido.Sólo se pueden esperar palabras y más palabras de los políticos, pero muy poca acción. Y a ellos justamente hay que medirlos por lo que hacen y no por lo que dicen.

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