02 Marzo 2003 Seguir en 
Durante febrero el mercado financiero continuó mostrando signos alentadores. Porque si bien fue negativa la evolución que registraron las colocaciones en cuenta corriente y cajas de ahorro, resultó más que compensada por el incremento de $ 1.700 millones en plazo fijo, lo que a su vez confirma que sólo una pequeña porción de los depósitos librados salió de los bancos.
La cotización del dólar muestra un comportamiento errático pero no se esperan sobresaltos, dada la oferta excedente de divisas. Sí, empieza a reflejarse en las variables financieras el factor incertidumbre electoral.
Políticamente no hay nada claro y si bien no se preven cambios importantes, ciertos discursos proselitistas provocan nerviosismo en una sociedad muy sensibilizada. Por eso, si bien al levantarse las restricciones para el retiro de fondos la mayor parte no salió del sistema, sí obligó a que los bancos subieran la tasa de interés como forma de reasegurar que no se produzca un fuerte drenaje de dinero hacia el dólar como alternativa de ahorro ante el incierto contexto electoral. Es decir, los bancos se ven obligados a pagar una prima de riesgo para evitar problemas de liquidez.
Asimismo y pese a la abundancia de dólares en el mercado cambiario, la cotización podría tener mayor variabilidad, por dos motivos: hay posibilidades de avanzar en una mayor liberación cambiaria y hasta se especula con que el Banco Central deje de intervenir para influir en el precio de la divisa, y también empieza a jugar el factor electoral. Lo cierto entonces es que hay una evolución satisfactoria de las variables financieras, que la inflación está bajo control, que sólo un 3,3 % de los depósitos liberados ($4.800 millones) fueron retirados y que el dólar se mantiene en los valores esperados.
A eso se agrega el fortalecimiento fiscal debido al fuerte aumento de la recaudación y al congelamiento del gasto salarial, lo que favorece al Banco Central en su política de absorción de pesos al no tener presiones para subir las tasas de los títulos (Lebac), ya que lo hace con el superávit de las cuentas públicas. Es decir, hay síntomas financieros positivos, pero el problema es que sigue habiendo una alta dosis de incertidumbre económica acentuada por el clima pre-electoral.
Esto en buena medida responde la paradoja, que habiendo una holgada situación de liquidez bancaria, siga sin aparecer el crédito destinado a la actividad productiva. Sin crédito no hay bases sólidas para el crecimiento y si la economía no crece los problemas tenderán a agravarse.
El sistema financiero se está recuperando de una fenomenal crisis de confianza sistémica, los ahorristas no desconfiaron de los bancos en diciembre de 2001, desconfiaron de las inconsistencias macroeconómicas.
Un desafío mayúsculo para el nuevo gobierno
Desde los bancos no observan signos de solidez económica como para lanzarse a ofrecer préstamos de largo plazo.
Tampoco nadie se anima a contraer nuevas deudas bancarias sin tener en claro el horizonte económico.
Por eso el desafío de la próxima gestión es mayúsculo, restaurar la confianza en la intermediación financiera y ganar confianza no pasa por aumentar la tasa de interés para cuidar al ahorrista, eso es "confianza disfrazada", implica lograr consistencia macroeconómica que permita el desarrollo de proyectos y asumir riesgos pero sobre bases estables y con un sistema financiero que adopte nuevos estándares de desarrollo.
La cotización del dólar muestra un comportamiento errático pero no se esperan sobresaltos, dada la oferta excedente de divisas. Sí, empieza a reflejarse en las variables financieras el factor incertidumbre electoral.
Políticamente no hay nada claro y si bien no se preven cambios importantes, ciertos discursos proselitistas provocan nerviosismo en una sociedad muy sensibilizada. Por eso, si bien al levantarse las restricciones para el retiro de fondos la mayor parte no salió del sistema, sí obligó a que los bancos subieran la tasa de interés como forma de reasegurar que no se produzca un fuerte drenaje de dinero hacia el dólar como alternativa de ahorro ante el incierto contexto electoral. Es decir, los bancos se ven obligados a pagar una prima de riesgo para evitar problemas de liquidez.
Asimismo y pese a la abundancia de dólares en el mercado cambiario, la cotización podría tener mayor variabilidad, por dos motivos: hay posibilidades de avanzar en una mayor liberación cambiaria y hasta se especula con que el Banco Central deje de intervenir para influir en el precio de la divisa, y también empieza a jugar el factor electoral. Lo cierto entonces es que hay una evolución satisfactoria de las variables financieras, que la inflación está bajo control, que sólo un 3,3 % de los depósitos liberados ($4.800 millones) fueron retirados y que el dólar se mantiene en los valores esperados.
A eso se agrega el fortalecimiento fiscal debido al fuerte aumento de la recaudación y al congelamiento del gasto salarial, lo que favorece al Banco Central en su política de absorción de pesos al no tener presiones para subir las tasas de los títulos (Lebac), ya que lo hace con el superávit de las cuentas públicas. Es decir, hay síntomas financieros positivos, pero el problema es que sigue habiendo una alta dosis de incertidumbre económica acentuada por el clima pre-electoral.
Esto en buena medida responde la paradoja, que habiendo una holgada situación de liquidez bancaria, siga sin aparecer el crédito destinado a la actividad productiva. Sin crédito no hay bases sólidas para el crecimiento y si la economía no crece los problemas tenderán a agravarse.
El sistema financiero se está recuperando de una fenomenal crisis de confianza sistémica, los ahorristas no desconfiaron de los bancos en diciembre de 2001, desconfiaron de las inconsistencias macroeconómicas.
Desde los bancos no observan signos de solidez económica como para lanzarse a ofrecer préstamos de largo plazo.
Tampoco nadie se anima a contraer nuevas deudas bancarias sin tener en claro el horizonte económico.
Por eso el desafío de la próxima gestión es mayúsculo, restaurar la confianza en la intermediación financiera y ganar confianza no pasa por aumentar la tasa de interés para cuidar al ahorrista, eso es "confianza disfrazada", implica lograr consistencia macroeconómica que permita el desarrollo de proyectos y asumir riesgos pero sobre bases estables y con un sistema financiero que adopte nuevos estándares de desarrollo.







