18 Junio 2009 Seguir en 
El 8 de octubre pasado, por la acción de comprovincianos desaprensivos, los tucumanos vivimos uno de los peores días de 2008. Un fuerte viento azotó la provincia, en especial la zona del este. Las ráfagas de unos 56 kilómetros por hora derribaron varios postes y alimentaron focos de incendio en campos de varias localidades. El director de Defensa Civil de la Provincia afirmó que durante todo el día se habían registrado más de 10 focos de fuego y que se trataba en su mayoría de campos en los que se estaba quemando maloja, en forma intencional. El viento había influido para que los incendios se agravaran, y en consecuencia las cenizas y el polvo dejaron los ojos de miles de tucumanos en estado penoso.
A fines de agosto pasado, el aeropuerto internacional "Benjamín Matienzo" quedó paralizado por 48 horas, debido a que una de sus autobombas se rompió cuando sofocaba el incendio de un pastizal en las inmediaciones de la pista. Esta se encuentra rodeada de fincas donde se sueles producir quemazones que reducen la visibilidad de los pilotos, lo cual genera un peligro permanente. El 9 de octubre se repitió esta situación en la aeroestación, pero sin consecuencias. Hasta la fecha no se conoce quiénes fueron los responsables y si fueron sancionados, tal como establece la ley 6.253.
Este martes, alrededor de las 6, en la autopista Tucumán-Famaillá, a la altura de El Ceibal, donde hay un solo carril, se produjo un accidente múltiple, que dejó como resultado contusos y daños materiales. El choque de nueve vehículos se produjo debido a la oscuridad, la niebla y al espeso humo que provenía de la quema de cañaverales. Siete personas resultaron heridas y fueron llevadas al hospital Padilla. El jefe de la Regional Oeste le dijo a nuestro diario que se labró un acta para determinar a quién pertenece el campo en el que se estaba quemando caña. Seguramente, ello se conocerá a la brevedad.
Todos los años, desde hace muchas décadas, al promediar junio hasta noviembre -incluso diciembre-, los patios, las calles, las plazas, las casas, la ropa, los guardapolvos, los pulmones, los ojos y el pelo de los tucumanos reciben nubes de cenizas que provienen de la quema de los cañaverales. Cuando transcurren varias semanas sin lluvias, la tierra y el polvillo del ambiente provocan enfermedades oculares y respiratorias. Como correlato de esta crónica realidad, se suceden accidentes -muchos de ellos mortales- a causa de las rastras cañeras que circulan masivamente por la ruta nacional 38. Año a año, cuando estas penurias flagelan a nuestros comprovincianos, se escuchan miles de quejas ciudadanas y las autoridades de turno de deshacen en promesas de que en la zafra siguiente se intensificarán los controles y las sanciones para terminar definitivamente con esta mala costumbre.
La Ley 6.253 prescribe con claridad que la quema de caña está prohibida. La modificación a esta norma introducida por la Ley 7.459 establece que los ingenios no deben recibir caña quemada. Al respecto el Código Penal impone sanciones de tres a diez años de cárcel para quien causare incendios, inundaciones o explosiones.
Una recorrida diaria en helicóptero o avión permitiría rápidamente localizar los lugares donde se esté quemando caña y encontrar luego a los responsables para sancionarlos con todo rigor. Si el Estado que tiene la obligación de hacer cumplir las leyes, no lo hace o es demasiado contemplativo con los infractores, difícilmente se podrá erradicar esta práctica que afecta a la salud de los tucumanos y pone en peligro la vida de quienes circulan por las rutas.
A fines de agosto pasado, el aeropuerto internacional "Benjamín Matienzo" quedó paralizado por 48 horas, debido a que una de sus autobombas se rompió cuando sofocaba el incendio de un pastizal en las inmediaciones de la pista. Esta se encuentra rodeada de fincas donde se sueles producir quemazones que reducen la visibilidad de los pilotos, lo cual genera un peligro permanente. El 9 de octubre se repitió esta situación en la aeroestación, pero sin consecuencias. Hasta la fecha no se conoce quiénes fueron los responsables y si fueron sancionados, tal como establece la ley 6.253.
Este martes, alrededor de las 6, en la autopista Tucumán-Famaillá, a la altura de El Ceibal, donde hay un solo carril, se produjo un accidente múltiple, que dejó como resultado contusos y daños materiales. El choque de nueve vehículos se produjo debido a la oscuridad, la niebla y al espeso humo que provenía de la quema de cañaverales. Siete personas resultaron heridas y fueron llevadas al hospital Padilla. El jefe de la Regional Oeste le dijo a nuestro diario que se labró un acta para determinar a quién pertenece el campo en el que se estaba quemando caña. Seguramente, ello se conocerá a la brevedad.
Todos los años, desde hace muchas décadas, al promediar junio hasta noviembre -incluso diciembre-, los patios, las calles, las plazas, las casas, la ropa, los guardapolvos, los pulmones, los ojos y el pelo de los tucumanos reciben nubes de cenizas que provienen de la quema de los cañaverales. Cuando transcurren varias semanas sin lluvias, la tierra y el polvillo del ambiente provocan enfermedades oculares y respiratorias. Como correlato de esta crónica realidad, se suceden accidentes -muchos de ellos mortales- a causa de las rastras cañeras que circulan masivamente por la ruta nacional 38. Año a año, cuando estas penurias flagelan a nuestros comprovincianos, se escuchan miles de quejas ciudadanas y las autoridades de turno de deshacen en promesas de que en la zafra siguiente se intensificarán los controles y las sanciones para terminar definitivamente con esta mala costumbre.
La Ley 6.253 prescribe con claridad que la quema de caña está prohibida. La modificación a esta norma introducida por la Ley 7.459 establece que los ingenios no deben recibir caña quemada. Al respecto el Código Penal impone sanciones de tres a diez años de cárcel para quien causare incendios, inundaciones o explosiones.
Una recorrida diaria en helicóptero o avión permitiría rápidamente localizar los lugares donde se esté quemando caña y encontrar luego a los responsables para sancionarlos con todo rigor. Si el Estado que tiene la obligación de hacer cumplir las leyes, no lo hace o es demasiado contemplativo con los infractores, difícilmente se podrá erradicar esta práctica que afecta a la salud de los tucumanos y pone en peligro la vida de quienes circulan por las rutas.







