14 Junio 2009 Seguir en 
La velocidad y el consumo de alcohol nunca fueron buenos compañeros. El 11 de mayo de 2007, la Provincia lanzó controles sobre los niveles de alcoholemia en los conductores. Las sanciones pecuniarias oscilaban entre los $ 600 y los $ 1.200. En ese momento se dijo que en Tucumán, el 70 % de los accidentes de tránsito que provocaron víctimas mortales fueron producidos por conductores alcoholizados. La acertada medida trajo pronto resultados positivos.
En la enciclopedia médica "Medlineplus", de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, se indica que el alcohol deprime los ritmos respiratorio y cardíaco, así como los mecanismos de control en el cerebro. Los efectos abarcan el deterioro de la habilidad para conducir y para realizar tareas complejas; la reducción de las inhibiciones, lo cual puede conducir a comportamientos vergonzosos; la reducción del período de atención; el deterioro de la memoria de corto plazo; el deterioro de la coordinación motora; el incremento del tiempo de reacción y la lentificación del proceso de pensamiento.
Según las últimas estadísticas, cada fin de semana, en los controles de alcoholemia que se realizan en el radio de San Miguel de Tucumán, personal de Transporte de la provincia secuestra alrededor de siete carnets, debido a que los conductores manejan con más de 0,5 gramo de alcohol en sangre, que es el límite permitido por la ley. Sin embargo, lo que más alarma a las autoridades es que el 75 % de los infractores tiene entre 17 y 21 años; y la mayoría (53 %) maneja motocicletas. También preocupa el alto nivel de reincidencia de los menores: el 30 % de los que fueron sorprendidos manejando alcoholizados ya había perdido su carnet en otra oportunidad por el mismo motivo.
De acuerdo con datos proporcionados por reparticiones oficiales, fueron 150 las licencias por conducir alcoholizado que se secuestraron de enero a mayo; de esa cifra, 80 infractores eran motociclistas. Fueron multados 30 choferes de transporte público de pasajeros y 30 conductores particulares perdieron su licencia; 10 choferes de rodados pesados tenían valores altos de alcohol. Desde Tránsito de la Municipalidad se anunció que en breve, quienes hayan sido inhabilitados por consumir ebrios, deberán hacer un curso de seguridad vial y alcoholismo y deberá someterse a una pericia psicológica que determinará si la persona está capacitada para no conducir cuando haya ingerido bebidas alcohólicas.
Según la Dirección de Transporte de la provincia, en los últimos seis meses descendieron en un 30 % las infracciones: se secuestraron 669 vehículos de conductores que habían superado el límite de alcohol permitido que es de 0.5 gramos en los automovilistas y de 0.2 gr. en los motociclistas. Mientras el titular del organismo dijo que la merma se debe a una mayor concientización de la población, se recordó que en marzo pasado los médicos y jóvenes le habían dicho a nuestro diario que ya no se veían tantos controles en las calles y en las rutas.
Creemos que es positivo que se obligue a los infractores a realizar cursos viales y evaluaciones psicológicas, pero más importante sería que toda persona que desee obtener la licencia de conducir deba aprobar exámenes rigurosos sobre las normas del tránsito. Muchas de las ordenanzas no se cumplen porque los controles no se sostienen en el tiempo; estos deben durar hasta el momento que en que se considere que la ciudadanía ha incorporado efectivamente el hábito que se quiere imponer. Con educación, control y sanción constantes, la transgresión debería desaparecer.
En la enciclopedia médica "Medlineplus", de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, se indica que el alcohol deprime los ritmos respiratorio y cardíaco, así como los mecanismos de control en el cerebro. Los efectos abarcan el deterioro de la habilidad para conducir y para realizar tareas complejas; la reducción de las inhibiciones, lo cual puede conducir a comportamientos vergonzosos; la reducción del período de atención; el deterioro de la memoria de corto plazo; el deterioro de la coordinación motora; el incremento del tiempo de reacción y la lentificación del proceso de pensamiento.
Según las últimas estadísticas, cada fin de semana, en los controles de alcoholemia que se realizan en el radio de San Miguel de Tucumán, personal de Transporte de la provincia secuestra alrededor de siete carnets, debido a que los conductores manejan con más de 0,5 gramo de alcohol en sangre, que es el límite permitido por la ley. Sin embargo, lo que más alarma a las autoridades es que el 75 % de los infractores tiene entre 17 y 21 años; y la mayoría (53 %) maneja motocicletas. También preocupa el alto nivel de reincidencia de los menores: el 30 % de los que fueron sorprendidos manejando alcoholizados ya había perdido su carnet en otra oportunidad por el mismo motivo.
De acuerdo con datos proporcionados por reparticiones oficiales, fueron 150 las licencias por conducir alcoholizado que se secuestraron de enero a mayo; de esa cifra, 80 infractores eran motociclistas. Fueron multados 30 choferes de transporte público de pasajeros y 30 conductores particulares perdieron su licencia; 10 choferes de rodados pesados tenían valores altos de alcohol. Desde Tránsito de la Municipalidad se anunció que en breve, quienes hayan sido inhabilitados por consumir ebrios, deberán hacer un curso de seguridad vial y alcoholismo y deberá someterse a una pericia psicológica que determinará si la persona está capacitada para no conducir cuando haya ingerido bebidas alcohólicas.
Según la Dirección de Transporte de la provincia, en los últimos seis meses descendieron en un 30 % las infracciones: se secuestraron 669 vehículos de conductores que habían superado el límite de alcohol permitido que es de 0.5 gramos en los automovilistas y de 0.2 gr. en los motociclistas. Mientras el titular del organismo dijo que la merma se debe a una mayor concientización de la población, se recordó que en marzo pasado los médicos y jóvenes le habían dicho a nuestro diario que ya no se veían tantos controles en las calles y en las rutas.
Creemos que es positivo que se obligue a los infractores a realizar cursos viales y evaluaciones psicológicas, pero más importante sería que toda persona que desee obtener la licencia de conducir deba aprobar exámenes rigurosos sobre las normas del tránsito. Muchas de las ordenanzas no se cumplen porque los controles no se sostienen en el tiempo; estos deben durar hasta el momento que en que se considere que la ciudadanía ha incorporado efectivamente el hábito que se quiere imponer. Con educación, control y sanción constantes, la transgresión debería desaparecer.







