13 Junio 2009 Seguir en 
Miles de páginas se han escrito acerca del arte -en todas sus manifestaciones- como una expresión espiritual esencial del hombre. Esa necesidad de narrar lo que le acontece le viene al hombre desde sus orígenes. La literatura, así como las otras manifestaciones artísticas, es comunicación. "Yo creo que para ser escritor basta con tener algo que decir, en frases propias o ajenas" sostenía el literato español Pio Baroja, mientras que el inglés Graham Greene afirmaba: "escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana".
En su libro "El oficio de vivir", el escritor italiano Cesare Pavese (1908-1950) dijo: "escribir es arrepentimiento, no satisfacción... Actividad antinatural, no desahogo gozoso: no es cuestión de contenido, que un escritor siempre tiene en abundancia... El arte requiere un trabajo tan arduo, tal maceración del espíritu, un incesante calvario de tentativas que, por lo general, fracasan antes de llegar a la obra maestra".
Hoy se celebra en nuestro país el Día del Escritor en recuerdo de Leopoldo Lugones que nació precisamente el 13 de junio de 1874 en Villa María del Río Seco (Córdoba) y falleció el 18 de febrero de 1938 en el Delta del Paraná (Tigre, Buenos Aires). Dejó una obra abundante y multifacética, en la que recorre la mayoría de los géneros. Fue precursor de una generación de escritores argentinos y fundó la Sociedad Argentina de Escritores.
Nos parece oportuna la fecha para reflexionar acerca de cuál es la presencia deberían tener nuestros escritores en la sociedad. Una rápida compulsa entre los ciudadanos pidiéndoles que nombren a diez literatos locales mostraría el escaso conocimiento no sólo de ellos, sino también de músicos, artistas plásticos, bailarines, actores -estos dos últimos quizás tengan mayor suerte-. Ello se debe a varias razones. Por un lado, son legendarias las dificultades para editar una obra, que, por lo general, es costeada con el propio bolsillo. En otras provincias, como en Salta, la actividad privada viene apoyando desde hace años la publicación de libros, hecho que pocas veces sucedió en Tucumán. Cuando se trata de una edición de autor, la distribución del libro es muy restringida y tiene pocas posibilidades de llegar al público.
Pero el problema de fondo es que la rica literatura de Tucumán no es enseñada en forma sistemática en las escuelas y colegios de la provincia y por lo tanto, permanece casi desconocida. Las excepciones quizás deben buscarse por el lado de la inquietud que tenga un docente de hacer conocer a sus alumnos a los creadores de su tierra.
De esa manera, un tucumano difícilmente se incline por adquirir una novela o un poemario de un comprovinciano si no lo conoce. Desde el Estado se pueden impulsar diversas acciones para que la labor de los escritores sea conocida. Se podría incluir en la carrera de formación docente una materia obligatoria sobre la cultura de Tucumán e insertarla también en los ciclos primarios, secundario y terciario. Se podrían organizar ciclos de visita de escritores a los establecimientos educativos para que los alumnos tengan un contacto vivo con ellos. Desde hace tiempo, funcionan en nuestra ciudad dos cafés literarios convocantes, pero su actividad, por ejemplo, pasa casi inadvertida para los estudiantes de la carrera de Letras. "Ya dije mucho y varias veces que escribir es un acto de amor. Y sin eufemismo", dijo alguna vez el narrador uruguayo Juan Carlos Onetti.
En su libro "El oficio de vivir", el escritor italiano Cesare Pavese (1908-1950) dijo: "escribir es arrepentimiento, no satisfacción... Actividad antinatural, no desahogo gozoso: no es cuestión de contenido, que un escritor siempre tiene en abundancia... El arte requiere un trabajo tan arduo, tal maceración del espíritu, un incesante calvario de tentativas que, por lo general, fracasan antes de llegar a la obra maestra".
Hoy se celebra en nuestro país el Día del Escritor en recuerdo de Leopoldo Lugones que nació precisamente el 13 de junio de 1874 en Villa María del Río Seco (Córdoba) y falleció el 18 de febrero de 1938 en el Delta del Paraná (Tigre, Buenos Aires). Dejó una obra abundante y multifacética, en la que recorre la mayoría de los géneros. Fue precursor de una generación de escritores argentinos y fundó la Sociedad Argentina de Escritores.
Nos parece oportuna la fecha para reflexionar acerca de cuál es la presencia deberían tener nuestros escritores en la sociedad. Una rápida compulsa entre los ciudadanos pidiéndoles que nombren a diez literatos locales mostraría el escaso conocimiento no sólo de ellos, sino también de músicos, artistas plásticos, bailarines, actores -estos dos últimos quizás tengan mayor suerte-. Ello se debe a varias razones. Por un lado, son legendarias las dificultades para editar una obra, que, por lo general, es costeada con el propio bolsillo. En otras provincias, como en Salta, la actividad privada viene apoyando desde hace años la publicación de libros, hecho que pocas veces sucedió en Tucumán. Cuando se trata de una edición de autor, la distribución del libro es muy restringida y tiene pocas posibilidades de llegar al público.
Pero el problema de fondo es que la rica literatura de Tucumán no es enseñada en forma sistemática en las escuelas y colegios de la provincia y por lo tanto, permanece casi desconocida. Las excepciones quizás deben buscarse por el lado de la inquietud que tenga un docente de hacer conocer a sus alumnos a los creadores de su tierra.
De esa manera, un tucumano difícilmente se incline por adquirir una novela o un poemario de un comprovinciano si no lo conoce. Desde el Estado se pueden impulsar diversas acciones para que la labor de los escritores sea conocida. Se podría incluir en la carrera de formación docente una materia obligatoria sobre la cultura de Tucumán e insertarla también en los ciclos primarios, secundario y terciario. Se podrían organizar ciclos de visita de escritores a los establecimientos educativos para que los alumnos tengan un contacto vivo con ellos. Desde hace tiempo, funcionan en nuestra ciudad dos cafés literarios convocantes, pero su actividad, por ejemplo, pasa casi inadvertida para los estudiantes de la carrera de Letras. "Ya dije mucho y varias veces que escribir es un acto de amor. Y sin eufemismo", dijo alguna vez el narrador uruguayo Juan Carlos Onetti.







