El fantasma del corte en la corte oficialista
Hubo fricciones en el alperovichismo por los rumores de que las tijeras dividirán su voto en el cuarto oscuro. Algunos ven temores; otros, pedagogía, y algunos huelen trampas. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.
Exorcismo: "conjuro contra el demonio". Proviene del latino tardío "exorcismus", tomado a su vez del griego "exorkismós": propiamente, "acción de hacer prestar juramento". Derivado de "exorkizo": "yo tomo juramento en nombre de Dios". Y este de "hórkos": "juramento". (Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Joan Corominas).
Puede que ahora, cuando restan 15 días para los decisivos comicios de parlamentarios nacionales, la oposición tucumana salga a quemar sus naves, cargadas de no pocas buenas propuestas y de no muchos recursos económicos. Puede que ahora, a dos semanas de la votación que definirá la suerte del kirchnerismo, aquellos que lo enfrentan desembarquen, finalmente, en el territorio de la campaña electoral. Porque hasta aquí, ese páramo ha sido una pampa larga y solitaria para el oficialismo.
Curiosamente, esa soledad ha empezado a generar problemas colaterales en el alperovichismo. En rigor, el de 2009 ha sido un proselitismo contenido y personalista. La orden es que nadie contesta ni enfrenta a la oposición, y la cara visible del proyecto es el gobernador. En un marcado segundo plano aparecen, recién, los candidatos titulares. Así es como, sin encontrarse con los adversarios y sin la posibilidad de salir a buscarlos, las huestes gubernamentales ingresaron en una suerte de período de abstinencia pre-electoral. Y eso ha desatado una esquizofrenia política, frenéticamente paranoica. Dicho por uno de los hombres más cercanos al mandatario provincial, "como no vemos a nadie al frente, empezamos a ver fantasmas entre nosotros". Ese espectro es, sin más, el corte de boletas que perjudique a la lista de senadores en beneficio de la nómina de diputados.
En un principio, en Casa de Gobierno le restaron importancia al asunto. Lo consideraban una suerte de artificio discursivo. En rigor, una de las características fundamentales del discurso político es la construcción del obstáculo: el candidato debe identificar un problema y proponer cómo resolverlo. Luego, ante el escenario de una oposición casi ausente, el discurso hacia la tropa alperovichista fue que la adversidad por superar era la de que se pretenda dividir el voto del oficialismo.
Hasta que a principios de esta semana, el "espanto" del tijeretazo generó fricción entre el ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, y el presidente subrogante de la Legislatura, Sergio Mansilla. El candidato a la Cámara Baja se quejó en voz alta de que hay "operaciones" para predisponer en su contra al matrimonio Alperovich. Consisten, sin más, en presagiar que el voto del Frente para la Victoria será mutilado y que una parte, la de los diputados, se manifestará en las urnas, mientras que la otra se perderá en las tinieblas del cuarto oscuro. Mansilla paró en seco el reclamo, le dijo a Jaldo que esperaba que no estuviera sospechando de él porque entonces se iban a "desconocer" y que en todo caso se fuera de pesquisa a otros ministerios. El tranqueño contestó que investigaría "hasta las últimas consecuencias" quién estaba detrás del asunto.
Desde entonces, el fantasma del corte campea en la corte oficialista. Y los cortesanos mencionan tres causas posibles sobre el origen de su "aparición".
Del presente leal
La primera versión refiere a que la cuestión se agita como el "ánima" de las lealtades presentes. Es decir, el temor por el voto dividido no es más que una advertencia referida a que el gobierno, al decir del columnista Juan Manuel Asís, no tolerará "la traición peronista". Por el contrario, se tomará nota planilla por planilla del resultado en cada urna de la provincia, para saber en dónde hicieron votar por Beatriz Rojkés y en dónde la sacrificaron para colocar, junto con la boleta que encabeza Jaldo, el voto de algún peronista disidente. Porque, como dice un lúcido abogado radicado en Tucumán, sólo puede haber voto partido en el peronismo si el mismísimo peronismo mandó a partir.
En este punto, lo que el Gobierno quiere es un exorcismo masivo. Es decir, que desde el dirigente de barrio hasta el funcionario más encumbrado preste juramento en nombre del alperovichismo a hacer votar sin dobleces la sábana del frente oficialista.
Del pasado oprobioso
Con esta lectura se vincula íntimamente la segunda teoría, según la cual la posibilidad del corte no es el ejercicio de una pedagogía alperovichista sino el legítimo temor del oficialismo por el fantasma de los pasados maltratos, desprecios y humillaciones contra muchos dirigentes del peronismo.
"En un escenario donde nadie duda de que Alperovich va a ganar, lo único que le va a doler a José es la tijera en el voto", alumbra uno de los dirigentes que más conoce (si tal cosa es posible) al gobernador.
Esta tesis, en concreto, supone que el 28 de junio puede ser la fecha en que los punteros le pasen factura a los delegados comunales y a los concejales; y estos a los intendentes y a los legisladores; y estos al mandatario provincial. O, peor aún, que el 28 sea una fecha en que no se ejecuten venganzas sino en las que, simplemente, se haga política. Una jornada en la que quienes aspiran llegar a un cargo electivo en 2011 se dediquen a "trampear" jefes territoriales que, en caso de que el tijeretazo se luzca en sus distritos, perderán la bendición alperovichista, ya que serán considerados desconfiados o ineptos.
Del futuro fraudulento
Finalmente, la tercera lectura refiere a que la alharaca por una eventual proliferación del voto cortado no es sino la música que anuncia al fantasma del fraude futuro. Según explican en Casa de Gobierno los que tienen varias batallas electorales encima, en las mesas en las que casi no hay fiscalización opositora, el "reparto" ilegítimo de votos en el cuarto oscuro implica que aparezca el corte de votos. Y si el Gobierno se siente seguro de sentar dos senadores, su meta será obtener todas las bancas de diputados, así que cabe la posibilidad (siempre remota, por supuesto) de que haya fiscales que vayan a negociar (ilícitamente) que los votos de los partidos sin custodia a la hora del escrutinio provisorio sean guillotinados y distribuidos según ese patrón: la parte de diputados para el Frente para la Victoria, la de los senadores para quien fuera. "Si obtenemos las cuatro diputaciones, ¿quién cree que nos vamos a amargar por la diferencia de votos con la lista de senadores?", inquiere un funcionario.
De otros demonios
Detrás de este espectro se encuentra la ausencia material de la oposición en el territorio físico de Tucumán. Esta realidad fue adelantada por LA GACETA en su edición del domingo pasado (Ver "Pocos contarán con un fiscal en cada mesa"). Y es comprobada por el oficialismo a lo largo de departamentos completos. Por ejemplo, el de Tafí del Valle.
Referentes opositores de diferentes partidos admiten que no tienen tiempo ni recursos para recorrer los Valles como debieran y que tampoco creen tener tantos votos en esa zona como para abocarse a ella. Tanto es así que por estos días se organizó en la zona una reunión de dirigentes no peronistas (la UCR llegó a ganar la intendencia de Tafí del Valle con Jorge Yapura Astorga) a la que fue invitado el legislador alperovichista Regino Amado, de Monteros.
Puesto en números, el municipio tafinisto y las tres comunas vallistas (El Mollar, Amaicha del Valle y Colalao del Valle) reúnen un padrón de 8.000 electores. Pero en esas mesas del Oeste, no habrá ni remotamente un fiscal por cada una de las 13 agrupaciones opositoras. Es más, frente a muchas urnas con suerte habrá alguien más que el fiscal del oficialismo. La misma escena se reproducirá en decenas de las delegaciones rurales del "profundo" Este tucumano. Para qué hablar, entonces, de los controladores infiltrados, de la "compra" de fiscalizadores?
Puede que ahora, cuando faltan 15 días para los comicios, los fuerzas políticas que enfrentan al alperovichismo decidan dejar de comportarse como fantasmas. Su dirigencia debería conjurar un exorcismo contra el demonio de la intrascendencia. De hecho, ya la falta de unidad y la incapacidad para acordar siquiera un control solidario de la votación, amenazan con convertir a la oposición en un mito de la política provincial.








