El temido "efecto Miranda"
Dirigentes territoriales oficialistas temen que sus punteros hagan la plancha, confiados en la aplanadora electoral del alperovichismo. Por Juan Manuel Asis - Prosecretario de Redacción.
En política hay hechos sobrentendidos que en el peronismo, especialmente, se potencian. Por ejemplo, la condición casi natural de partido verticalista obliga a los miembros del PJ a tener una concepción del poder: uno lo ejerce, el resto obedece. Es simple. Al jefe, o general, o presidente, o como sea que le llamen, no le hace falta dar órdenes para remarcar esta circunstancia, ni siquiera tomar medidas ejemplificadoras para que los díscolos lo entiendan. En el peronismo estos últimos se van del partido; los que se quedan conocen las reglas y las acatan sin necesidad de actitudes explícitas. Es decir, todo ocurre sin necesidad de palabras, o como dice un apotegma justicialista: mejor que decir es hacer. Y en el peronismo se actúa.
Otro hecho sobrentendido es que el jefe, en caso de no ser obedecido o bien defraudado por sus huestes, actuará en consecuencia, tomando medidas drásticas contra la milicia desobediente. Cuando el PJ está en el poder, esas medidas se notan en el plano institucional. Por ejemplo, si el gobernador, José Alperovich, es el conductor natural del peronismo en Tucumán, a cuyo movimiento adscribe la mayoría de los intendentes, legisladores, concejales y comisionados rurales, es fácil deducir por dónde van los comportamientos de mando y de obediencia. En este caso no hace falta que el "uno" deba comunicar qué quiere que hagan en materia política todos estos funcionarios, porque estos saben que las desobediencias se sufrirán en lo institucional: menos recursos, menos obras, menos planes sociales, menos beneficios, menos premios.
El 28, todos estos funcionarios, más aquellos que se han declarado alperovichistas saben que no pueden "fallarle" al jefe, so pena de sufrir las consecuencias. Nadie lo admite en voz alta, es algo "sobrentendido". El que manda no debe hacer planteos directos, sólo debe señalar que para que Tucumán siga recibiendo ayuda de la Nación hay que darle los votos a Cristina. A buen entendedor pocas palabras. Sólo hay que bajar al territorio tucumano la idea para decodificar exactamente qué es lo que se está pidiendo y qué es lo que se debe hacer: llenar las urnas de votos para el oficialismo.
Sin embargo, se está produciendo un efecto temor entre los responsables territoriales, llámense legisladores, intendentes, delegados comunales o ediles: que sus representados no actúen en consecuencia, que no voten masivamente por el Frente para la Victoria. En síntesis, tienen miedo de que sus punteros hagan la plancha, confiados en que la aplanadora electoral alperovichista haga lo suyo sin necesidad de esfuerzo. Para ser más gráfico: temen el "efecto Miranda" (en junio de 2003 Alperovich consiguió 285.000 votos para gobernador y luego, en octubre, Julio Miranda sacó 89.717 sufragios para senador). Alperovich, después del 28, estará atento al desempeño de sus capitanes. Estos lo saben, y transpiran. Así es que la posible merma de votos o un eventual corte de boletas no está dejando dormir a muchos.







