

En el Mundial de 2007 se tocó el cielo con las manos. En 45 días se ganaron seis partidos y se perdió sólo uno: la semifinal con Sudáfrica. Los Pumas se subieron al tercer escalón del podio, sólo detrás de los Springboks y de Inglaterra. Por delante de grandes potencias como Nueva Zelanda, Australia, Francia e Irlanda. Se ubicaron en el tercer lugar del ranking de la IRB. Contagiaron a todo un país de rugby y se comenzó a pedir un lugar en alguno de los grandes torneos: Tres o Seis Naciones. Dicen que llegar a la cumbre es difícil, pero mucho más lo es mantenerse. A 20 meses de aquella inolvidable campaña mundialista, Los Pumas han descendido varios escalones. No sólo en la tabla estadística de la IRB, del tercer al sexto lugar, sino también en el juego y en el contacto con las grandes potencias. En el partido contra Inglaterra quedó demostrado que están muy lejos. ¿Faltaron algunos titulares? Al equipo inglés también: los nueve jugadores que se encuentran de gira con los British Lions. El plan elaborado por la UAR, el Pladar, para ampliar la base de jugadores profesionales con los que juegan en nuestro país, es bueno. Pero no es suficiente. A este proceso le falta algo fundamental: la competencia. En el Mundial de 2007, en 45 días, se jugaron siete partidos. En los 20 meses restantes, ocho. Y en lo que va de 2009, sólo uno: el de ayer. Los Pumas les ganaron sólo a Italia y a Escocia. Perdieron los otros seis, ante estos mismos rivales (Escocia e Italia), además de Irlanda, Francia, Sudáfrica e Inglaterra. Estamos lejos.







