“Es nuestra pequeña resistencia”, confirma Goy Ogalde, cantante y violero de Karamelo Santo, al hablar de la mezcla de estilos y ritmos que caracteriza el sonido de la banda mendocina.
Para esta multitudinaria banda que tiene como ejes el rock, la cumbia y el reggae, aunque coquetea con cuanto género se le cruce, la fusión musical tiene que ver con una cosmovisión particular que él y sus compañeros comparten. El dice que los viajes que realizaron antes y después de formar el grupo por distintos países, la relación con otras culturas, especialmente latinoamericanas, y su relación con el ser humano son los elementos que conducen estas cruzas sonoras, que no son casuales, ni fortuitas, pero tampoco forzadas.
“Si un tucumano escucha una rumba gitana o un corrido mexicano lo reconoce aunque no lo conozca de antes porque la TV te impone lo que determina el mercado; y esa es la diferencia”, explica Goy.
La fusión en el caso de Karamelo nace en el rock, que es lo que consumieron sus integrantes desde chicos. “De a poco fuimos dándole pinceladas de lo que íbamos siendo testigos por nuestros viajes, y cada uno aporta sus influencias... nunca tuvimos una definición de hacia dónde dirigirnos, sino que siempre quisimos mostrar lo que nos pasa”, aclara el mendocino radicado en Buenos Aires.
La relación con la cumbia se profundizó a partir del inicio de sus giras internacionales (un mes al año viajan por Europa, y frecuentemente a EE.UU.), donde ese ritmo pega fuerte. “Allá nos conocen como una banda de cumbia, reggae y hip hop, y no es lo que nos propusimos, porque en realidad podríamos hacer chacareras con distorsión”.
Justamente en el folclore argentino, especialmente el cuyano, Goy encuentra otro punto de resistencia. “Buscamos renovar cosas antiguas, para que el flaco que escuche diga que quiere la raíz de ese sonido; nos pasó en Mendoza, donde muchos chicos se encontraron con la cueca por nosotros”, confirma.











