Siempre al alcance de las manos

Por Elena Rojas Mayer - Para LA GACETA - Tucumán.

19 Abril 2009

Aunque día a día crece la cultura electrónica, el placer de acceder directamente a los libros conserva sus espacios imbatibles en el proceder humano. Pues pese a las ventajas que internet nos proporciona en nuestras actividades cotidianas, la comunicación que se logra en el milagro de la lectura directa de los libros sigue presente en la concepción del hombre. Colaboran con ello la escuela, las bibliotecas públicas, aun empobrecidas, las ferias de libros, los museos, la publicidad electrónica promovida por las editoriales y -obviamente- las librerías modernas, donde el atractivo libresco compite con el acceso a los últimos CD y DVD del mercado nacional e internacional, y se comparte un café con amigos o se hojea un libro. 
Sin embargo, quiero destacar que, de cualquier manera, es principalmente la naturaleza humana la que lleva adelante la perdurabilidad del libro, y como ejemplo de ello cito que entre los gustos preferidos de mucha gente subsiste -cuando tiene la oportunidad- el de visitar grandes librerías con secciones variadas, donde el universo ocupa un pequeño espacio en los anaqueles y en las mesas con las últimas novedades editoriales expuestas ante el público. Algunos títulos parecen creados para el regocijo de todos los lectores posibles, lo que estimula el incentivo de hacerlos propios. Quienes amamos los libros por lo que contienen no podemos ocultar la sensación de placer que se experimenta al hacer correr las páginas de un texto en el que se desarrolla un tema de nuestro interés o una nueva versión de un libro antiguo con un prólogo renovado, un aparato crítico importante o el complemento de un glosario y de inteligentes notas editoriales de una última edición. Sea pequeño o grande, abultado o discretamente delgado, ¡qué maravillosa sensación inspira este elemento tan antiguo que comenzó llamándose liber cientos de años atrás y que sentimos rápidamente como nuestro al solo contacto con nuestras manos, presintiendo que satisfará nuestras aspiraciones lectoras! Como en un acto de amor lo valoramos desde su cubierta por la tersura de su material y por la buena impresión de sus páginas y esperamos ansiosos qué nos dirán las líneas que encierran sus tapas como un tesoro que debemos descubrir sin demora. A veces, si ya hemos leído un título en una edición anterior a la de este momento, podríamos decir que de algún modo nuestro interés se debe a la alegría del reencuentro con un viejo amigo que merece nuestros festejos. O cuando un libro nos atrapa por su índice o por la reseña exterior, todo nuestro ser se siente conmovido por la voz impresa del texto que tenemos en las manos y que sin duda nos atraerá por sus encantos en la íntima comunicación que se entable con el autor en la lectura profunda del libro elegido. Como esta, son muchas, sin duda, las oportunidades de ejercitar nuestro pensamiento y de estimular la capacidad emocional gracias al acercamiento a los libros que siempre estarán al alcance de las manos.
© LA GACETA

Elena Rojas Mayer - Decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, miembro de la Academia Argentina de Letras.

 

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