ANTES DE COMENZAR LA MARCHA. La imagen centenaria de El Nazareno es contemplada por los fieles dentro del templo del Corazón de María. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL

La marea humana se lo tragó a los pocos metros de haber comenzado a avanzar. Las miles de personas que lo rodeaban caminaban; él no, pero sonreía. A Juan Cruz Reynoso un virus le destruyó el fémur de la pierna derecha poco tiempo después de haber nacido. Tiene 10 años y a lo largo de su corta vida no faltó nunca al Vía Crucis “Los Pasos del Señor”. La única diferencia que tiene con los otros fieles es que él da esos pasos desde una silla de ruedas negra.
“Es la fe la que nos trae hasta aquí todos los años”, afirmó Juan, su papá, mientras empujaba la silla de ruedas. Padre e hijo formaron parte de la multitud de alrededor de 20.000 personas que ayer participó del tradicional Vía Crucis que realiza la parroquia del Corazón de María y que recorre las calles de barrio Norte.
La procesión (la más antigua de la ciudad) salió del templo de Santiago del Estero al 800, siguió por Salta, tomó por Sarmiento, por 25 de Mayo y por Santiago regresó a la iglesia. Como todos los años, los miembros de las cofradías cargaron las cinco imágenes centenarias que trajeron desde España los primeros sacerdotes que tuvo el Corazón de María: El Nazareno, La Dolorosa, La Piedad, El Calvario y El Santo Sepulcro. La procesión estuvo encabezada por el párroco, Santiago Villena.
De padres a hijos
La costumbre de participar de este Vía Crucis se transmite de padres a hijos -según dijeron los mismos fieles- y anoche las diferencias de edades quedaron opacadas por el fervor religioso.
Guillermina Díaz y Giuliana fueron el ejemplo más claro. La primera tiene 60 años y la segunda, dos. La abuela ni siquiera recuerda cuándo fue la primera vez que participó de la procesión y parece tener la intención de que a su nieta le pase lo mismo.
“Me trajeron cuando era chica; no me acuerdo de las procesiones de los primeros años. Pero desde entonces no pude dejar de venir. Es la fe la que me trae. Y estoy feliz de poder hacer esto con mi nieta. Quiero que durante su vida esté presente acá todos los Viernes Santos”, dijo la mujer mientras la niña de vestido blanco con puntillas rosadas la miraba sin comprender.
Las hermanas Macarena, Cinthia y María Villa (15, 17 y 19 años, respectivamente) eligieron algunas de las prendas más linda que tienen. Se pintaron y tomaron el ómnibus que las llevó desde Villa Mariano Moreno hasta el centro para participar del Vía Crucis. Durante la tercera estación a Macarena se le escaparon algunas lágrimas y una reflexión sencilla, pero profunda: “es hermoso ver a tantas personas reunidas por Cristo. Pero sería más lindo todavía que a las misas de todos los domingos vaya la misma cantidad de gente”.








