PERSEGUIDOS. En el Coliseo murieron muchos de los primeros cristianos. REUTER

ROMA.- El papa Benedicto XVI participó ayer en la noche en el Coliseo de Roma el tradicional Vía Crucis, colocado este año bajo el signo de la India y de sus católicos perseguidos, en una ceremonia pascual enlutada por el trágico sismo de L’Aquila.
Al final de la procesión, el Papa dijo que oraba “con todos aquellos que sufren” en la región de los Abruzos, duramente golpeada por el terremoto, “para que inclusive a ellos aparezca la estrella de la esperanza y la luz del señor resucitado”.
Durante la jornada, el Sumo Pontífice había declarado haberse unido “al luto de quienes lloran”, en un mensaje leído durante los funerales de las víctimas del sismo.
Tal como ocurrió el año pasado, el Papa siguió desde la colina del Palatino buena parte del Vía Crucis, sin recorrer a pie las 14 estaciones.
Sólo al final tomó la cruz de madera, símbolo de la muerte de Cristo, llevada desde el Coliseo hasta la colina del Palatino.
Fue en el Coliseo donde los cristianos fueron arrojados a los leones durante las persecuciones de los primeros siglos. (Reuters)







