Una escena que pasó a la historia
Hace 50 años rodó una de las escenas de la película "La Dolce Vita", en la que Federico Fellini satiriza la fascinación del público con los famosos. Fue el encuentro entre dos grandes estrellas, Anita Ekberg y Marcello Mastronianni. Se alejó del estilo de las películas de posguerra y marcó un camino hacia el nuevo realismo.
Un mes de marzo, 50 años atrás, el cine hacía historia en una fuente. No en una fuente cualquiera, sino en la Fontana de Trevi, la obra maestra del escultor y arquitecto Nicola Salvi, emplazada en el centro de Roma.
Desbordando sensualidad, los actores Marcello Mastroianni y Anita Ekberg -completamente vestidos- juegan en el agua. Cargada de erotismo, y una sensación de pérdida y deseo, la escena de "La Dolce Vita" resultó sorprendentemente original y audaz para el público de hace medio siglo.
La escena de la Fontana de Trevi en la que las aguas acarician el voluptuoso cuerpo de Ekberg ante la mirada embelezada de Mastroianni, empapado en su esmoquin, se convirtió en un clásico.
Es precisamente la fusión del erotismo, la tentación y en última instancia, la frustración, condensados en un minuto y 38 segundos lo que hacen de esta escena uno de los momentos más brillantes del cine.
Filmada una noche de marzo de 1959, cuenta la leyenda que Mastroianni tenía tanto frío que se valió de un traje de neopreno y una botella de vodka para poder hacerla.
La escena de la Fontana de Trevi es una de muchas, en este filme pionero que muchos creen cambió el rumbo del cine.
"La Dolce Vita" se alejó del estilo de las películas de posguerra, y marcó un nuevo camino hacia el nuevo realismo; la película fue condenada por El Vaticano pero adorada por los críticos.
Los diálogos, los personajes, los temas, todos se volvieron provocadores y fascinantes. Se rompieron tabúes y las viejas ideas se hicieron a un lado. En el estreno, algunos miembros del público escupieron a su director, Federico Fellini, enardecidos por lo que veían como una subversión a la moral y los valores aceptados.
La película es una suerte de sátira sobre la fascinación del público con los famosos. Anita Ekberg, por ejemplo, interpreta el rol de una actriz de cine famosa que se convierte en una figura de fantasía para Mastroianni y todos los hombres que la rodean.
La actriz francesa Anouk Aimee es Maddalena, una mujer hermosa y rica pero hastiada de la vida. Y Mastroianni, anda en la búsqueda constante del significado de la vida, en medio de las ambigüedades sociales de la posguerra y de la Italia después del fascismo.
La actriz Valeria Ciangottini participó en la película, interpretando a Paola, una niña de 13 años que personificaba la inocencia más pura. "Fellini nos hizo sentir a todos muy cómodos", dice. "Quería que la gente estuviese relajada para que su verdadera forma de ser se vea reflejada en la película. Quería dejar de lado la ficción y transformarlo en algo real".
A través de todo el filme se trasluce un mensaje de esperanza, matizada por la desesperación.
Y todo lo que sucede está seguido de cerca por los paparazzi, palabra que se hizo parte de nuestro lenguaje a partir de esta película.
Infidelidad, suicidio, asesinato, depresión, todo entrelazado con escenas de alegría y diversión. ¿Por qué? Porque así es la vida, sugirió Fellini.
No es común que una película cambie el cine. "La Dolce Vita" lo hizo. Y aún se pueden notar sus influencias en películas contemporáneas.







