MADRID.- La presentación en Madrid de la película "A ciegas", del brasileño Fernando Meirelles, ha resultado ser una muestra condensada de la ironía y sabiduría que siguen acompañando las reflexiones del premio Nobel portugués, José Saramago, que incluso consiguió restale brillo al cineasta con sus críticas.
El octogenario escritor acudió del brazo de su esposa, Pilar del Río. Se movía a paso lento y cauteloso, lo que conduce a pensar que su salud ha mejorado considerablemente después de que hace un tiempo atravesara serias dificultades, pero lo que permanece intacto él sigue siendo esa agudeza reflexiva que ha convencido a tantos.
La película está basada en su novela "Ensayo sobre la ceguera". Durante mucho tiempo se resistió a verla convertida en película. "Con el esceptisimo que alimento desde hace años, yo no creía en la fábrica de sueños de Hollywood", comentó el escritor, quien seguidamente señaló que es un hombre de antipatías y simpatías. Y como le gustó la cara de los productores con los que conversó sobre la venta de los derechos, accedió.
Resignado y convencido de que los directores de cine hacen lo que quieren con la novela y encima los autores tienen que quedar agradecidos, Saramago descartó desde el primer momento ese "debate inútil y a veces conflictivo" sobre si el libro es mejor que la película o viceversa. "Lo que importa -dijo- es que la película sea buena como película y la novela buena como novela". Es por ello que Saramago le dio libertad plena a Meirelles para trabajar sobre la novela en la que una extraña epidemia se propaga dejando ciegos a casi todos.
Los "contagiados" son ingresados en un centro similar a una cárcel por temor a que la enfermedad se propague. Sólo hay una persona que puede ver, una mujer, (Julianne Moore), que da vida a la esposa de un oftalmólogo (Mark Ruffalo), que pierde la vista. La película cuenta también en el reparto con Danny Glover, Alice Braga y el mexicano Gael García Bernal.
"A ciegas", un título que Saramago consideró "poco feliz" por su carácter de irreflexión es básicamente una historia sobre la degradación humana. "No es pesimista, es realista y al final tiene una cierta redención", defendió su película el director. Y Saramago afirmó: "con la realidad cotidiana resulta difícil ser optimista. Los humanos somos condenadamente ingenuos".
Las diferencias entre el Nobel y el director de "Ciudad de Dios" o "El jardinero fiel" se pusieron de manifiesto al comentar Meirelles que decidió eliminar del metraje algunas frases del libro por considerar que eran demasiado literarias. Saramago, desafiante, inquiró al director: "¿pero es que ser literario es algún defecto?". El escritor argumentó que se ha impuesto una forma canónica de ver el cine que no deja espacio al estilo analítico que impregna su novela. Meirelles parecía no saber muy bien cómo explicar en público que no estaba de acuerdo con el escritor, así que optó por decir que fue una decisión muy sopesada. (DPA)







