Hace 15 años que no despega su ojo del objetivo que más imágenes registró del teatro local. Marga Fuentes, la fotógrafa preferida por los elencos tucumanos habló de la cámara como una extensión de su cuerpo, que mira y siente como ella. Como en algunas de sus obras, el azar pidió el protagónico en su vida, y la hizo entrar en el arte de dibujar con la luz.
- ¿Cómo fue que te acercaste a la fotografía?
- Casi por casualidad. Estaba estudiando arquitectura y necesitaba hacer unas fotos para un trabajo, así que pedí prestada una cámara y me gustó mucho. Más adelante mi papá estaba en EE.UU. y me llamó para preguntarme qué quería de regalo; le dije que una cámara, pero nunca imaginé que me iba a traer una reflex (la Pentax k1000). Yo tenía 23 o 24 años y ahí empezó todo. Después no pude seguir cursando las materias de arquitectura y entré en la carrera de fotografía en la facultad de artes.

- ¿Qué eran las primeras cosas que fotografiabas?
- Las imágenes que hacía apuntaban mucho a lo teatral, tenían un dejo escenográfico y expresivo. Me gustaba mucho usar esculturas y darle una vuelta de dramatismo. Después empecé a dedicarme al teatro, pero tuve que investigar mucho sobre la técnica porque allí aparecen todas las restricciones de la fotografía: poca luz, imposibilidad de usar flash, no molestar, no hacer ruido... La cosa era vencer el límite y nunca decir que no se puede.
- ¿Cuál es el mayor desafío en tu trabajo?
- La fotografía es un corte espaciotemporal instantáneo del hecho. El instante preciso de Cartier-Bresson es un momento que conjuga toda la tensión y el dramatismo de la escena. Yo veo toda la obra a través del visor de la cámara, tiesa, esperando el momento. Si ese instante se pasó, ya no hay foto, hay que dejarla pasar, aceptar que la perdiste.

- ¿Cómo debe ser para vos una foto?
- Me interesa que el registro sea fidedigno, que la imagen respete el contenido dramático que los que hacen la obra buscan para ese momento, porque mi responsabilidad está en seleccionar los elementos que en el futuro permitirán que alguien viva o reviva esa obra.
- Pero al mismo tiempo vos estás creando una obra nueva...
- Sí, una recreación. Si el fotógrafo no pone una cuota de su imaginario la imagen se convierte en mero documento gráfico. La foto necesariamente es la mirada del fotógrafo-espectador, pero hay que saber elegir para que la nueva obra sea de alguna manera fiel a lo que aconteció. Me tocó que directores me dijeran: "vos me mostraste una obra nueva a partir de mi obra".
- ¿Qué es lo que más te gusta fotografiar?
- La danza teatro es una de las formas de representar que más me gusta porque conjuga todas las artes escénicas con una estética muy particular que incorpora tecnología, sonidos... Muchos elementos que a mí me hacen vibrar.
- Estás por dictar tu primer curso de foto, ¿qué le dirías primero que nada a tus alumnos?
- Que no se puede contar acerca de algo que se desconoce, que es necesario inmiscuirse en el hecho artístico. También que es fundamental el respeto a los espectadores y a los artistas. Pero, sobre todo, que el protagonista es el hecho escénico, no el fotógrafo.
El tedio de la rutina
En la fotografía pudo conjugar su medio de vida y su placer. "La cotidianeidad se vuelve tediosa, pero cuando llego al teatro con mi cámara, todo deja de existir y me quedo sola con las imágenes que se me muestran. Todo lo otro puede ser rutinario, pero no la fotografía", afirmó.







