Vidas cruzadas: El curioso caso de Benjamín Button
Benjamin Button nació con la contextura física de un anciano y su vida transcurre a contramano del común. Mientras va haciéndose joven se desarrolla su romance con Daisy, y ante sus ojos la historia -sus hechos, sus protagonistas- va corriendo hacia un final tan previsible como inevitable. Por Guillermo Monti - Prosecretario de Redacción.
27 Febrero 2009 Seguir en 
Cruzada por los géneros y las temáticas -inclasificable desde ese punto de vista-, "El curioso caso de Benjamin Button" propone dos lecturas interesantes. Es una de las historias de amor más originales de los últimos tiempos, y a la vez funciona como una inteligente metáfora sobre el tiempo y sus efectos: devastadores e inexorables; profundos y reveladores.
Eric Roth reconstruyó un cuento de F. Scott Fitzgerald y David Fincher lo filmó con infinita paciencia. Pero a no asustarse por las casi tres horas de metraje, a traves de las cuales Benjamin Button desanda su vida en plan de cuenta regresiva y a caballo de su devoción por Daisy. Secreto al principio, tímido después, explosivo en el cruce de caminos, inevitablemente doloroso y siempre tierno, el romance (im)posible de Benjamin y Daisy es el molde en el que Fincher cocinó su historia a fuego lento y la sirvió con algunos toques de exquisita calidad cinematográfica.
Button no es un héroe ni una víctima. Suerte de autodidacta de la vida, se amolda al curioso (nunca mejor usada la palabra) traje que el destino le propone y sus ojos de niño-viejo van mutando a medida que los golpes y las caricias forjan su carácter. Fincher, narrador maduro a esta altura de su promisoria carrera, preserva a Button de las lecciones morales y esa franqueza enriquece la película.
Hay muchas razones para ver "El curioso...": el magnetismo de la historia, la pericia con la que está desarrollada, su impecable factura técnica, las espléndidas actuaciones. Ya dentro de ese mundo afloran las emociones y se revela una obra sensible e indiscutiblemente conmovedora.
Eric Roth reconstruyó un cuento de F. Scott Fitzgerald y David Fincher lo filmó con infinita paciencia. Pero a no asustarse por las casi tres horas de metraje, a traves de las cuales Benjamin Button desanda su vida en plan de cuenta regresiva y a caballo de su devoción por Daisy. Secreto al principio, tímido después, explosivo en el cruce de caminos, inevitablemente doloroso y siempre tierno, el romance (im)posible de Benjamin y Daisy es el molde en el que Fincher cocinó su historia a fuego lento y la sirvió con algunos toques de exquisita calidad cinematográfica.
Button no es un héroe ni una víctima. Suerte de autodidacta de la vida, se amolda al curioso (nunca mejor usada la palabra) traje que el destino le propone y sus ojos de niño-viejo van mutando a medida que los golpes y las caricias forjan su carácter. Fincher, narrador maduro a esta altura de su promisoria carrera, preserva a Button de las lecciones morales y esa franqueza enriquece la película.
Hay muchas razones para ver "El curioso...": el magnetismo de la historia, la pericia con la que está desarrollada, su impecable factura técnica, las espléndidas actuaciones. Ya dentro de ese mundo afloran las emociones y se revela una obra sensible e indiscutiblemente conmovedora.







