El tránsito vehicular en Yerba Buena

25 Febrero 2009

A propósito del trágico accidente ocurrido sobre la avenida Aconquija y que le costó la vida a la médica María Cecilia Reales, el director de Tránsito de Yerba Buena formuló apreciaciones que, por cierto, merecen un comentario. Aseguró que por día se labran entre cinco y siete actas de infracción a conductores que circulan a una velocidad superior al límite permitido. El mes pasado, dijo, de las casi 1.000 actas levantadas, cerca de 200 tenían como causa el manejo peligroso. Esto es, “adelantarse en lugares prohibidos o circular a una velocidad mayor a la establecida”.
Según el funcionario, esa municipalidad tiene proyectado instalar, en fecha próxima, un sistema de radares destinado a medir la velocidad de los automotores.
Hace pocos días, nos referimos en esta columna a la triste realidad de una transgresión generalizada de las ordenanzas vigentes como conducta característica de los vecinos de San Miguel de Tucumán.
Las consideraciones que hicimos sobre ese particular tema pueden trasladarse sin esfuerzo a la situación imperante en Yerba Buena, por lo menos en orden al tránsito.
Bien sabemos que esa jurisdicción municipal ha experimentado en el último medio siglo un crecimiento extraordinario en todo sentido. Se ha convertido en una prolongación de la ciudad capital.
Una enorme cifra de personas reside en esos ámbitos que, a comienzos del siglo que pasó, albergaban nada más que quintas aisladas y unas pocas viviendas, todo rodeado por la tupida selva piedemontana.
Hoy, Yerba Buena cuenta con una población estimada en alrededor de 55.000 habitantes, lo que representa una cuantiosa suma de casas, vehículos y comercios que crece a diario. Es conocido que posee intensa y nerviosa vida propia y, por las noches, un movimiento en torno de bares y restaurantes que iguala, si no supera, el de San Miguel de Tucumán.
Toda esa concentración ha derivado, como es lógico, en que verdaderas correntadas de automotores se desplacen en ambas direcciones de la avenida Aconquija en todos los momentos de la jornada; y a ciertas horas,el tránsito por esa vía se hace en extremo dificultoso.
Obviamente, el cuadro descripto potencia la peligrosidad de quienes conducen sin observar las normas que dictan la ley y la prudencia más elemental. Una larga experiencia en sangrientos accidentes corrobora, de modo muy claro, lo que decimos.
Las declaraciones del funcionario municipal, no hacen sino subrayar ese cuadro. Surge de ellas que quienes manejan por Yerba Buena lo hacen, demasiadas veces, poniendo en riesgo cierto su vida y la de sus semejantes.
Esto marca la urgencia de que extremen su rigor las medidas vigentes para controlar tales desbordes y que se pongan en marcha nuevas estrategias para impedir que la avenida troncal sea tomada como una pista de carreras.
En ese sentido, la instalación de radares que se anuncia nos parece una medida de alta conveniencia para todos.
No debe olvidarse que la gran mayoría de los accidentes habría podido evitarse si sus protagonistas hubieran puesto de manifiesto una dosis de moderación en su manera de guiar los automotores: es en el interior de la mente humana donde se resuelve, en última instancia, el proceder de quien conduce.
No estará de más, por ello, la realización simultánea de una activa campaña de concientización que ponga de relieve la urgencia de un cambio de actitud.

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