"El cigarrillo mata"

El fumador pasivo corre el riesgo de sufrir cáncer de pulmón y cardiopatías. El 68% de los chicos argentinos respira aire contaminado con humo de tabaco. Por María Ester Véliz - Redacción LA GACETA.

24 Febrero 2009

Uno de cada tres adolescentes comienza a fumar antes de los 11 años y prácticamente la mitad de los estudiantes tucumanos (el 49,3%) consume cigarrillos. Este pavoroso dato surgió de un estudio que realizó la Secretaría de Prevención de Adicciones, cuyos resultados publicó LA GACETA del 22 de enero. Se trata de un tema que, al igual que el de los accidentes de tránsito protagonizados por menores, saca a la luz la permisividad de padres o adultos responsables y la falta de control asociada a ella. Claro que en este asunto cabe preguntarse hasta dónde una madre o un padre fumador tiene autoridad moral para reprender al hijo que se inicia en el hábito, y cuánto sabe acerca del daño que causa el cigarrillo en los niños, que desconocen el riesgo y no saben defenderse ni hacer valer sus derechos.
Sin ánimo de juzgar la vida privada de nadie, es bueno reflexionar y tomar conciencia sobre algo que está probado y avalado por numerosas investigaciones: "el cigarrillo mata". Lo advierten la OMS, las sociedades científicas de las distintas especialidades médicas y hasta las propias industrias tabacaleras en las etiquetas. Sin embargo, es muy poco lo que hacen los adultos para salvar a sus hijos de esta grave "enfermedad pediátrica", como bien la definió la neumonóloga y docente de la UNT, Nora Vázquez de Argiró.
El 68% de los niños y de los adolescentes argentinos respira habitualmente aire contaminado con humo de tabaco, según la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC). Y principales lugares donde los niños reciben con mayor frecuencia tal agresión son el hogar y el automóvil familiar. Los adultos no llegan a captar la dimensión concreta de la gravedad que esto representa. La comunidad médica enciende la luz roja cada vez que explica que el fumador pasivo sufre las mismas consecuencias que el activo: aumenta el riesgo de sufrir cáncer de pulmón y enfermedad cardiovascular; dispara y agudiza los ataques de asma; genera trastornos en la respiración y en los oídos, e irrita la garganta y los ojos.
Hay madres muy preocupadas por cumplir con el calendario de vacunas pero fuman en el hogar o en el auto mientras llevan su hijo al pediatra o a la escuela. Hay otras que no dejan de fumar ni aun embarazadas. Un hijo de padres fumadores tiene más riesgo de nacer con bajo peso y un 7% más de posibilidades de padecer muerte súbita. La verdad y las estadísticas son duras. Hay que aceptarlas y tomar medidas antes de que sea tarde.

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