JERUSALEN.- Benjamin Netanyahu no podrá todavía descorchar el champán. Le esperan hasta seis semanas de difíciles negociaciones de coalición cuyo desenlace es todavía incierto. En teoría, podría formar una alianza con partidos de derechas y ultraderecha y conseguir así una mayoría de 65 de los 120 escaños de la Knesset (Parlamento). Sin embargo, dicha constelación, en un principio favorecida por Netanyahu, podría traerle pocos beneficios. Su gobierno podría convertirse fácilmente en rehén de partidos pequeños.
Además, ya de entrada se prevén disputas entre algunos de sus potenciales socios. El partido ultranacionalista Israel Beitenu, que será la tercera fuerza en el próximo Parlamento, exige por ejemplo la creación del matrimonio civil, algo que rechazan los partidos religiosos. El presidente de la agrupación, el inmigrante moldavo Avigdor Lieberman, aboga además por una reforma de la ley electoral, aumentando del 2% al 5% el mínimo de votos necesarios para estar representado en el Parlamento. Con ello, algunos pequeños partidos que podrían integrar el próximo gobierno no serían reelegidos.
Netanyahu instó al Kadima y a los laboristas a integrar una gran coalición. Livni todavía no ha dicho su última palabra al respecto, pero sus propuestas políticas se contradicen con las de Netanyahu. Ella aboga por la continuación del proceso de paz con los palestinos. Netanyahu quiere intentar una “paz económica” en Cisjordania.
21 Febrero 2009 Seguir en 








