Atrapados por el juego de la Oca
El Gobierno ya no puede ocultar bajo la alfombra los problemas. Sin decisiones, los funcionarios están condenados a retroceder casilleros. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
Nada es como ayer y, lo peor de todo, es que el mañana pinta sombrío. Hay en la atmósfera popular una sensación generalizada de que el año está transcurriendo con una velocidad inusitada, de que cada día que pasa significará un nuevo aumento de precios, servicios, impuestos o tasas. El país se ha convertido en una suerte de tablero del juego de la Oca y los actores principales parecen estar más decididos a retroceder que a avanzar hacia la meta.
El término ajuste ha reemplazado a la palabra crecimiento. Los problemas que el Gobierno había guardado debajo de la alfombra están emergiendo. Un caso paradigmático es el reajuste en las tarifas de los servicios públicos privatizados. Durante los años de crecimiento, el Ejecutivo (tanto el nacional como el provincial) pateó los incrementos hacia adelante lo más que pudo, hasta que los problemas se acumularon y el tarifazo estalló. Los usuarios no podían abonar semejante ajuste y la Justicia lo entendió. Por eso, el juez federal Mario Racedo falló a favor de los clientes residenciales. La cuestión no terminará allí. Como empresa distribuidora, EDET acatará la decisión judicial, pero es posible que le reclame al Estado algún tipo de resarcimiento. Como el consumo es elevado, sus costos crecieron a mayor ritmo que sus ingresos. Las paradojas del destino: la Casa de Gobierno se quedó ayer por la tarde dos veces sin luz. Los funcionarios esperan la llega del gobernador, José Alperovich, para ponerle algo de claridad al asunto. Nadie toma decisiones en su ausencia.
Los casilleros K
El ministro Jorge Jiménez había ido a una reunión de rutina en Buenos Aires, pero lo que parecía un trámite se convirtió en un compromiso. El Gobierno nacional había dado la "orden" de que las provincias se adhirieran a la moratoria y a la ley de blanqueo de capitales. El conductor de Economía se sacó la foto de rigor en la sede central de la Administración Federal de Ingresos Público (AFIP) cuyo titular, Ricardo Echegaray, viene pregonando las bondades del plan con el que el Gobierno intentará "salvar" la caja. La recaudación nacional se cae a pedazos y las provincias lanzan manotazos de ahogado, pues ven con terror que se viene una severa disminución de fondos coparticipables. De lanzarse, la moratoria de Rentas beneficiará, en gran medida, sólo a los grandes deudores. Pero entre los funcionarios se ha planteado otro interrogante: si en épocas de balances rentables empresas e industrias morosas no cumplieron con el fisco, ¿qué seguridad hay, entonces, de que se acogerán a un régimen de facilidades de pago en tiempos de crisis? De todas formas, tanto Rentas como la AFIP tienen un objetivo: mantener la sintonía en el cruce de datos para detectar la rentabilidad de cada uno de los sectores económicos. Como dice el ex jefe de los "intocables" de la DGI Luis María Peña, una moratoria en estos tiempos de crisis será como un antídoto que se administra a un paciente (el Gobierno) en 120 (Nación) o en 36 (provincia) gotas, según el caso, para tratar de curar una dolencia creciente (la escasez de recursos).
No hay algo que atente más contra la recaudación que un anuncio de recaudación. En Rentas prenden velas para que los ingresos de este mes no caigan a niveles inesperados, pero nadie tomará decisiones en ausencia del gobernador.

La ruta dividida
Los políticos -especialmente los justicialistas- tienen la capacidad natural de crear internas? y también saben coparticiparlas. El campo puede dar fe de ello. La Mesa de Enlace perdió algo de fuerzas en la negociación con el Gobierno por la baja en las retenciones cuando se difundió que se habían realizado reuniones secretas entre el ministro de Planificación, Julio de Vido, y el titular de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati. Si bien hay intenciones de avanzar con las protestas, el kirchnerismo tiene la sensación de que ha pegado primero, con todo lo que ello implica en el mensaje que se brinda a la sociedad. Las reuniones confidenciales, como las denominó el propio Biolcati, no llevan a buen puerto. El titular ruralista habló de códigos al argumentar las razones del ocultamiento de sus charlas con el influyente ministro kirchnerista. En estos tiempos los códigos ya no sirven; sí funciona, en cambio, la vieja máxima peronista que sostiene "el que avisa no traiciona".
Así se desenvuelve la realidad argentina, mientras se encamina hacia un marzo conflictivo. Las vacaciones han transcurrido y los problemas se siguen acumulando. Nada está resuelto; nada está aclarado. La incertidumbre sigue dominando tanto la economía como a la política. Ningún experto -ni siquiera las estadísticas del Indec- puede avizorar cómo terminará este juego de la Oca. Lamentable, para un país que creció durante seis años consecutivos a elevadas tasas y parece no haber aprovechado el boom económico. Y nadie toma decisiones de fondo para revertir una crisis para la cual no se halla la salida.




