Quien ama de verdad aprende a decir "no"
Poner límites a los adolescentes es una tarea ineludible de todo padre, aunque cuesta. Los errores se pagan con vidas propias o ajenas. Por Magena Valentie - Redacción LA GACETA.
La habilitación paterna para conducir un auto es casi un rito de iniciación, celebrado intensamente por los adolescentes, cuando todavía no han terminado la secundaria. La nueva Ley de Tránsito (Ley 24.449) así lo permite, desde que bajó a 17 años la edad mínima para acceder a un registro de conductor, con la autorización de los padres.
Si bien es cierto que entre 17 y 18 sólo hay un año de diferencia, también lo es el hecho de que cada vez hay más accidentes de tránsito protagonizados por menores de 21 años. No se trata de un déficit de habilidades. Al contrario, los adolescentes están en mejores condiciones de motricidad y percepción que cualquier adulto. Ocurre que, como dice la socióloga Nora D?Alessio, "la omnipotencia es un elemento esencial de la adolescencia de todos los tiempos. Desde siempre los más jóvenes han tendido a pensar que nunca les va a pasar nada. Por eso podemos distinguir entre los aspectos propios de la edad (omnipotencia, vivir el hoy y buscar la aprobación del grupo de pares) de aquellos unidos a falencias de la sociedad, como las fallas en la educación y las reglas poco claras".
Dicho de otra manera, esto remite a saber decir que "no". No es fácil. Los chicos insisten y los padres estamos cansados y apurados. Un "sí" nos libera por un momento, pero condena a quien más amamos para siempre.
Un "no" dicho a tiempo puede salvar vidas. A veces es preferible que lloren los hijos y no los padres.
"Mi hija no falleció por un accidente de tránsito", dijo con voz entrecortada el padre de la pediatra que fue atropellada por un chico de 17 años que manejaba el auto de su papá. "Fue una bala de cañón disparada por un juguete que padres irresponsables compraron a sus hijos menores sin ningún tipo de control y para que salgan a divertirse", afirmó con el alma entre las manos. Horas más tarde, en Tafí Viejo, otros padres, de dos adolescentes, de 13 y de 14 años, lloraban sin consuelo. Un "no" a tiempo los habría salvado. Salieron a la ruta en moto y a la madrugada, a gran velocidad, y no vieron que venía un camión.
Cifras
Un estudio de la empresa D?Alessio IROL publicado en el suplemento Hogar de LA GACETA revela en cifras lo que los padres ya saben: que nueve de cada 10 padres les dan permiso a sus hijos para que salgan de noche, "pero se quedan intranquilos", aclara el informe. También señala que el 35% de los padres de menores de 18 años saben que sus hijos consumen alcohol.
No hay padre que no imagine el sabor del cóctel más amargo, que significa la combinación de noche, ruta y alcohol. Tiene razón en quedarse intranquilo. Más vale un "no", que arrepentirse toda la vida.

La experiencia de otros
En la mayoría de los países altamente democráticos y con bajas tasas de accidentes de tránsito, como Suecia, Alemania, Dinamarca, Finlandia y Holanda, se ha demostrado que por debajo de los 18 años los riesgos aumentan en forma considerable. Estados Unidos, que habilitaba para conducir a partir de los 16, está reviendo sus leyes.
La Argentina, en cambio, decidió bajar la edad mínima para conseguir el registro de conducir justo en el peor momento de crisis de autoridad de los adultos. El Estado le delegó a la familia la decisión de hacerse cargo. Y los padres tendrán que asumir su rol y aceptar que sólo quien ama de verdad aprende a decir que no, aunque le cueste.




