El riesgo del dengue en nuestra provincia

19 Febrero 2009

En los últimos años, como derivación de una serie de causas -comenzando por las que tienen que ver con la postración social de muchos sectores- se ha asistido al regreso, al modo de temibles fantasmas, de ciertas afecciones tropicales que creíamos desaparecidas. Tales son, por ejemplo, los brotes de cólera, de fiebre amarilla, de dengue, entre otras. Todo esto puede hacernos reflexionar sobre cuán amenazada se encuentra siempre la existencia humana en el terreno de la salud, y cómo la lucha contra las enfermedades constituye un rubro donde nunca es posible bajar los brazos. Como tantas veces se lo ha dicho, es algo que en ningún momento puede ceder su carácter de máxima prioridad. Asimismo, parece obvio considerar que realidades sanitarias como las apuntadas, demuestran cuánto queda aún por corregir, y con urgencia, en el cuadro de aquellas situaciones de pobreza y marginación que las hacen posibles.
En ocasión de la tragedia de Tartagal, informamos que se habían registrado en esa localidad casos de dengue. No son los únicos: de acuerdo a las cifras nacionales, se confirmó que, incluyendo Tartagal, en la provincia de Salta hay un total de 21 casos. Y se ubicaron también infectados en Rosario, que se supone contagiados al pasar por zonas donde la enfermedad es epidémica. En nuestra edición de hoy, por otra parte, consignamos que en Tucumán se detectaron tres casos sospechosos, cuyos análisis, que se habían remitido al laboratorio de referencia nacional que funciona en Pergamino, dieron positivo.
Como lo hicimos notar a propósito de tan inquietantes novedades, el dengue es una enfermedad infectocontagiosa que transmite cierta variedad de mosquito cuando ha realizado una ingesta de sangre afectada. Se trata de una patología causada por un virus, contra la cual no existe vacuna ni terapia eficaz. Agreguemos que el insecto transmisor está siempre presente en Tucumán, pero sólo encierra peligro cuando se halla contaminado con el virus. Por ello lo mejor es utilizar todos los medios para erradicarlo de las casas y de la cercanía de las personas.
Lo expuesto hace necesario que toda la población tome en cuenta las precauciones indicadas para prevenir el dengue. Las hemos enumerado ayer. Es preciso eliminar los recipientes con agua donde pueda desovar el mosquito; renovar el líquido en los bebederos de animales; limpiar y fumigar las viviendas y patios, además de utilizar repelentes.
El dengue, como cualquier enfermedad virósica, encierra un considerable peligro para quienes resulten infectados. De manera que no puede mirarse con indiferencia los recaudos a los que aludimos. A ellos pueden agregarse varios otros referidos a la higiene de viviendas y lugares de trabajo, así como de terrenos baldíos y ámbitos, en general, donde pudiera generarse el vector de la dolencia. Corresponde que los habitantes se persuadan de los valores que aquí están en juego, y que obren de la manera preventiva que corresponde. Igualmente, las autoridades, tanto sanitarias como de otras áreas, tienen deber de velar para que los preceptos de referencia sean observados verdaderamente y en todos los casos.
La rigurosidad de las medidas de protección debe acentuarse muy especialmente en los lugares donde las situaciones de pobreza e ignorancia que castigan a las familias, les impiden generar el entorno higiénico indispensable. Allí, junto a la realización de obvias campañas de concientización, debe concentrarse la tarea sanitaria del Estado, como responsable de la salud pública. El dengue no puede tomarse a la ligera. Es una amenaza seria, por lo cual corresponde poner en marcha todos los medios de prevención aptos para contrarrestarla con eficacia.

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