"Sé que hubo un delito, pero yo no lo cometí"

Gerardo Epelbaum, uno de los cinco acusados en la causa correspondiente a la venta de éxtasis, criticó a los investigadores.

CONFIADO. Epelbaum dijo que los investigadores que trabajaron en la causa cometieron errores y que eso podría derivar en la nulidad del juicio. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
CONFIADO. Epelbaum dijo que los investigadores que trabajaron en la causa cometieron errores y que eso podría derivar en la nulidad del juicio. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
18 Febrero 2009

Hace casi cuatro años, Gerardo Epelbaum pasaba de ser un empresario "top" de la noche tucumana a un preso más en el penal de Villa Urquiza. "Fueron 16 meses en Vietnam", asegura. Ahora corre el riesgo de tener que regresar a la cárcel, si es que la Justicia Federal considera que es culpable de haber organizado una mafia dedicada a distribuir pastillas de éxtasis en su boliche. La pena es de unos 20 años. El, mientras espera que llegue el próximo miércoles para enfrentarse al tribunal junto con los otros cuatro imputados, asegura que es inocente. "No sé si las irregularidades cometidas durante la investigación darán pie a la nulidad del juicio, pero como ciudadano me da muchísimo miedo lo que pasó. Me aterra saber que ni los jueces que investigaron ni la Policía cuidan la Constitución", afirmó Epelbaum en diálogo con LA GACETA.

- Usted dice que se cometieron irregularidades durante la investigación. ¿Puede dar ejemplos?
- Hay decenas. Se violaron derechos básicos. Tanto la Justicia como la Policía Federal abusaron de su poder para administrar la ley. Para poder intervenir un teléfono tiene que haber un delito consumado y el investigador tiene que descubrir quién fue el autor. En mi caso, se intervino mi línea obviando totalmente esto.

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- Pero la compra de éxtasis existió...
- Sé que hubo un delito, porque se transportaron estupefacientes desde Buenos Aires a Tucumán. Pero yo no lo cometí. La investigación estuvo tan mal hecha que hubo seis personas que pusieron dinero para comprar esas 158 pastillas y sólo están imputadas dos de ellas. Y no lo digo yo: consta en el expediente un llamado en el que se dice: "a la plata la pusieron tal, tal y tal". Pero no voy a dar los nombres; eso es trabajo de la Justicia.

- ¿Por qué siempre dice que esto es una "fantasía"?
- Porque eso es: una fantasía paranoica de la Policía. Hay una cosa clara: ellos, sin ninguna prueba, obtienen permiso del juez Jorge Parache para investigar personas. Lo primero que hacen es intervenir teléfonos y transcribir intimidades de gente que nada tenía que ver con la causa.

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- ¿Por qué, si no había drogas, existía en el imaginario social la idea de que en "Nocturno" reinaba el descontrol?
- La noche, en lugares como Tucumán, es la fiesta. En Suecia, Noruega u otros países, la gente se recluye en sus casas. Pero acá la noche es fiesta y eso, muchas veces, implica descontrol. Pero ojo: hay que distinguir el descontrol legal del ilegal. El Ipla llegaba todas las noches, con 20 policías, y no encontraba nada. Además, el boliche estaba inspeccionado y habilitado para vender alcohol. Había una imagen de descontrol, pero no es ilegal.

- ¿Qué tipo de descontrol no es ilegal?
- En ese lugar no había prostitución, ni drogas, ni juegos clandestinos. Si uno va a otros boliches o a ciertos bailes, ve crímenes a la vuela de la esquina. Pero en "Nocturno" nunca pasó nada.

- Entonces, según usted, todo lo que se decía son rumores...
- Claro. Por ejemplo, se rumorea que la gente tenía sexo grupal, que se ponía éxtasis en las latitas de gaseosa... Lo que pasa es que fue el primer boliche de música electrónica en Tucumán, y eso conlleva muchas cosas. Uno sabe cómo es el fenómeno del rumor. Sin dudas hicimos marketing sobre la base de eso: era el lugar under, donde no se discriminaba, donde iban tipos del country y de la "villa", lindos y feos, altos y bajos. Así y todo éramos paz y amor.

- Según los investigadores, con esas tarjetas se indicaba cuándo iba a haber droga en el boliche...
- Es ridículo. Incluso, hoy en día todas las tarjetas de boliches tienen escarabajos, bichos, moscas y otras cosas que supuestamente se vinculan con las drogas. Pero es sólo una forma de promoción, cada uno tiene derecho a hacerlo como le parezca sin que otros busquen atar cabos para hundirlo.

- ¿Y por qué se utilizaban tantas imágenes de agua? (N. de la R.: el consumo éxtasis está necesariamente ligado al de agua, según especialistas)
- Si bien en el boliche casi no se vendía agua, se la usaba en las tarjetas por otras connotaciones. Para mí tiene mil significados: frescura, sensualidad, pureza. Muchas religiones usan el agua como símbolo en ese sentido.

- ¿Y qué sentido tenía ese sistema gracias al cual caían gotas de agua desde el techo?
- Era un sistema de refrigeración de agua vaporizada que yo mismo vi en una feria, en España. Hay que aclarar algo: si uno se deshidrata por consumo de éxtasis tiene que tomar agua. Y nosotros teníamos tres packs en stock de agua mineral. Y en los últimos meses ya no llevábamos porque no nos daba ganancias.

- Se dice que el merchandising de "Nocturno" aludía constantemente a las drogas...
- El frasquito con cápsulas y los pines que fueron secuestrados son falsos. Nunca los vi. Fueron hechos en diciembre de 2004, cuando yo llevaba preso dos meses. Y detrás de eso está Gonzalo Farías (otro de los imputados).

- Entonces, ¿en qué se fundan los rumores de que en el boliche circulaba éxtasis?
- En "Nocturno" no se vendía droga. ¿Encontraron pastillas alguna vez? Nunca. No lo digo como una chicana: no hay pruebas porque no hubo nada. Lo lamento por el fiscal Terraf, que tiene que sostener una investigación pésima.

- Pero en una escucha telefónica se lo oye a usted, y sale como garante de la operación para comprar la droga...
- Eso es algo que dice el fiscal, pero no fue así. Además, la figura de "garante" no existe en la ley antidrogas del Código Penal. Yo no dije "yo pongo la plata". Lo que dije fue: "Aquines tiene la plata".

- ¿Está preocupado?
- Ya estuve en Villa Urquiza por esta causa, tratando de sobrevivir minuto a minuto. No tengo miedo de ir preso de nuevo, pero que me digan por qué me acusan y por qué me condenan. Lógicamente, sería justo que vaya a la cárcel. Eso sí: en este tribunal tengo mucha confianza, porque conozco su trayectoria y sé que van a hacer cumplir la ley.

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