"Gerardo (Epelbaum) le dijo a un amigo en común que si quería éxtasis tenía que comprarle a (Ramón) Diéguez, porque él tenía las pastillas (...). Epelbaum ponía la plata y (Ariel) Aquines Wartski arreglaba el traslado (de la droga)". Gonzalo Farías, uno de los cinco imputados por la causa que investiga la venta de éxtasis en boliches "selectos" de la provincia, es el dueño de estas palabras. Con sus dichos, el joven comprometió seriamente a sus ex compañeros de trabajo, que negaron rotundamente su versión. "Gonzalo es buena persona, pero es mitómano. Además, él también está imputado; por eso dijo lo que dijo", sostuvo Epelbaum ante los miembros del Tribunal Oral en lo Criminal Federal.
A las 10, los jueces Carlos Ignacio Jiménez Montilla, María Alicia Noli y Gabriel Casas dieron por abierto el debate, luego de que los acusados escucharon los delitos que se les imputan. En sus banquillos ya estaban Diéguez (h), Epelbaum, Aquines Wartski, Farías y Pablo Sebastián Silva junto a sus respectivos abogados. Según los investigadores, los imputados son miembros de una red dedicada a la venta de droga. La causa comenzó a fines de 2003, cuando la Policía Federal recibió un llamado telefónico anónimo. "En los boliches ?Tjanaima? y ?Nocturno? se vende éxtasis", dijo el informante. Sobre la base de este y otros datos, los investigadores comenzaron a vigilar de manera encubierta el movimiento de los boliches y a realizarles escuchas telefónicas a los presuntos miembros de la red. La Justicia Federal consideró que los rumores eran ciertos, y ordenó una serie de detenciones y allanamientos, durante los cuales la Policía Federal secuestró casi 160 pastillas de éxtasis que habían sido enviadas desde Buenos Aires en una encomienda.
"Yo soy adicto a la marihuana, y no he dejado de consumir otras drogas. Pero no tengo nada que ver con la venta de éxtasis", declaró Farías. El resto de los imputados también tuvo la oportunidad de defenderse. "No tengo nada que ver con esta causa. Desde muy joven estoy en el tema de los boliches, y sé que cuando hay drogas, el negocio no funciona. Además, los custodios de ?Nocturno? tenían órdenes expresas de sacar del local a cualquiera que hubiera sido encontrado consumiendo estupefacientes", sostuvo Diéguez. "Si alguien prueba que yo vendí, transporté o puse plata para comprar drogas, dejo un ojo en esta sala. No soy culpable", dijo, a su turno, Epelbaum.
Folletos polémicos
Durante la audiencia, se exhibieron "pines" (prendedores metálicos), folletos y otros elementos de merchandising que tenía el local "Nocturno", propiedad de Diéguez y de Epelbaum. En todos esos elementos, según los investigadores, había alusiones a la circulación de pastillas de éxtasis dentro del local bailable. "Jamás vi esos ?pines? (prendedores) en mi vida ni mandé hacerlos", coincidieron durante sus respectivas declaraciones los propietarios del boliche. "Me llama la atención -retrucó el fiscal Alfredo Terraf- que en un boliche de su propiedad, respecto del cual circulan fuertes rumores de consumo de éxtasis, en la mayoría de las tarjetas de propaganda esté presente el agua (vinculada al consumo de estas pastillas). Pero no veo ninguna en la que se ofrezca fernet o cerveza".
Aquines, por su parte, dijo que la única vez que le compró éxtasis a Silva fue la ocasión en la que fue interceptado por la Policía Federal con las pastillas en su poder. "Pero nunca vi que se haya consumido en el boliche", agregó.
Hoy están citados a declarar 18 testigos, entre ellos, personal de la Policía Federal.








