Llegó la hora de pisar el freno
A diario, la muerte se pasea por las calles y rutas de la provincia, en una escalada que no tiene fin. Ni el Estado ni la sociedad parecen haber encontrado una solución. Por Juan Manuel Montero - Editor de Policiales.
Evidentemente hay que revertir los planes. Sin duda, lo que se hizo hasta ahora no alcanza. Dirán que pasa en todo el país, y habrá que reconocer que es real. Dirán que se hace lo que se puede, y tal vez tengan razón. Dirán que no es sólo un problema del Estado, y no hay dudas de que estarán en lo cierto. Si el presente es negro, el futuro no parece tener otro color. Los tucumanos nos despertamos ayer con la noticia de otra muerte por la inseguridad vial. Una médica (nada menos) que se dirigía a trabajar en su auto al Hospital de Niños perdió la vida cuando otro vehículo chocó el suyo con una violencia descomunal. Dos adolescentes de 17 años fueron protagonistas del tremendo episodio. ¿Culpa del Estado? ¿Culpa de los padres? Culpas repartidas...
Cualquiera que recorra calles o rutas de la provincia coincidirá en que es una causalidad que no se produzcan más accidentes. La irresponsabilidad está a la orden del día y nadie parece hacerse cargo. Conductores, incluso de ómnibus, que mandan mensajes de texto (ya no hablemos de mantener largas charlas) mientras conducen; fobia al cinturón de seguridad; giros a la izquierda en lugares en los que está prohibido hacerlo; cruce de semáforos en rojo; estacionamiento sobre sendas peatonales o en doble fila; sobrepasos por la izquierda y el pedal del acelerador a fondo, por más que en la mayoría de las calles el límite de velocidad sea de 40 km/h. A todo ello hay que sumarle motociclistas que graciosamente llevan el casco en el brazo (el codo seguramente saldrá ileso en caso de caída) o que pretenden que ese vehículo con dos ruedas sea un transporte escolar en el que pueden circular cinco personas, al menos dos de ellas, seguro, menores de edad. Ciclistas que se cruzan de un lado a otro de la calle o de la ruta, y camioneros a los que, amparados en el porte de sus vehículos, poco parece importarles los más pequeños conforman un escenario dantesco. No están exentos los peatones, que cruzan en cualquier parte y para quienes, en su gran mayoría, las sendas pintadas en las esquinas son sólo decorativas. Y, sobre todo en los accidentes nocturnos protagonizados por adolescentes, el alcohol es omnipresente. En ese sentido, hay un dato que no deja de ser paradójico. Cualquier agente de Tránsito o de Transporte debe hacer controles de alcoholemia y si el conductor se niega, secuestrarle el auto. Pero luego de un accidente, los protagonistas, como en el caso de ayer, pueden ampararse en sus derechos constitucionales y negarse a ser sometidos a una pericia que determinará si habían bebido alcohol o no antes de chocar.
En una nota publicada hace seis meses, el ingeniero José Alberto de la Vega, jefe de la planta de Verificación Técnica de Vehículos (VTV) de Tucumán, indicó que los accidentes se producen por tres factores. "El humano, que se puede acotar; el aspecto técnico del vehículo, que es perfectamente controlable, y el climatológico, que no se puede manejar", enumeró y resaltó que de los más de 200.000 rodados que forman el parque automotor de la provincia, sólo el 15 % fue sometido a la verificación técnica.
Y no se le puede achacar toda la responsabilidad al Estado. El jefe de Emergentología del Siprosa, Juan Masaguer, informó que los controles se duplicaron, e incluso se triplicaron en algunos casos. Al mismo tiempo, la cantidad de accidentes se incrementó un 15% entre 2007 y 2008. Los especialistas aseguran que el primer control debe ser ejercido por la familia. A mediados de mes, los autoridades de Tafí del Valle y de San Pedro de Colalao se declararon incompetentes para controlar el uso de cuatriciclos, cuyos principales conductores muchas veces no superan los 15 años. ¿Qué dicen o qué hacen los padres? No pueden pensar que no tiene nada que ver. Alguien compra esos vehículos y los pone en manos de sus hijos. Los chicos, además, se divierten paseando a otros amigos. Hay fotos en las que se ve seis adolescentes en un cuatriciclo y los cascos brillan por su ausencia. Las palabras del médico Marcelo Jirón ("me arrepiento de haberle regalado un cuatriciclo") luego de que su hijo resultó lesionado en un accidente en diciembre no parecen haber llamado a la reflexión.
El aluvión de pavimento que cubrió la provincia en los últimos cinco años trajo consigo innumerables complejos semaforizados, reductores de velocidad, lomos de burro, inspectores de tránsito, empleados de Transporte y personal de la Policía Vial, que deberían haber servido para reducir los accidentes, pero esto no ocurrió.
Un gran problema -hasta el momento sin solución- es el de la entrega de los carnets de conductor. Se sabe que las municipalidades recaudan mucho gracias a la entrega de los permisos; tanto que, a pesar de que hace dos años se sancionó una ley para unificarlos en toda la provincia, la norma aún no fue reglamentada. Uno de los puntos conflictivos tiene que ver con el nivel de exigencia de los exámenes en cada municipio. En la capital aceptan que tuvieron que bajar el grado de dificultad que debían sortear los aspirantes a obtener el carnet, ya que los habitantes de San Miguel de Tucumán concurren cada vez más a otros municipios, atraídos por la permisividad o por la inexistencia de pruebas. "Hay que ser más rigurosos a la hora de entregar un carnet. Si no, seguirá habiendo accidentes pese a los controles", afirmó Eugenio Lobo, director del Hospital Padilla.
¿Cómo se puede solucionar este caos que a diario se ve reflejado en las páginas de policiales? No parece mucho lo que se puede hacer en el corto plazo. Ni siquiera en el mediano. La cultura de la transgresión está enraizada en nosotros. Como siempre, el futuro son los niños. Sólo en las escuelas municipales de la capital se enseña Educación Vial. Las autoridades deberían reforzar estos planes. Un vehículo es un arma cargada si al volante va un irresponsable. No por nada Tucumán está en el indeseable quinto puesto en la lista de provincias donde se producen más accidentes mortales. La realidad ya no sorprende, pero asusta. Todos los días en los hospitales los médicos saben que alguien más engrosará las trágicas estadísticas.







