Las variables del sistemase mantienen sin sorpresas

La situación parece una paraíso comparado con el desastre que fue el año pasado. Por Eduardo Robinson (economista).

09 Febrero 2003
No hay sorpresas en la evolución de las variables financieras. Durante enero siguió el crecimiento de los depósitos, se consolidó la tendencia bajista en la cotización del dólar, el Banco Central continuó ganando reservas. A ello se agrega la reciente decisión de algunos bancos de cancelar anticipadamente los Cedros (originalmente plazos fijos en dólares) aunque la mayor parte de los fondos permanecen en el sistema.Observando el escenario financiero se podría parafrasear el dicho "no hay default que por bien no venga". Hasta se escucha decir desde la conducción económica, después del terremoto y a modo de hallazgo, que en una situación de sobreendeudamiento como en la que están los países latinoamericanos, éste se vuelve un condicionante de la política económica.
Asimismo hay perspectivas de que la economía argentina alcance una tasa de crecimiento de cerca del 4% en un marco de entendimiento con el FMI. Esto induce a los ahorristas a percibir que después de mayo no hay margen para impulsar políticas populistas de corto alcance. Por eso existe cierto consenso para suponer que gane quien gane la elección "todo seguirá igual".
Por eso una tasa de interés anual que oscile entre el 35% y el 45% se considera suficiente para compensar el riesgo de no saber quién encabezará la próxima gestión y la consecuente política económica que llevará adelante.

Interrogantes
La evaluación de estos hechos lleva inexorablemente a hacerse algunas preguntas: ¿Empieza la economía a encaminarse hacia el equilibrio? ¿El relativo fortalecimiento del peso implica que realmente muchos problemas se hayan superado y que se ha restablecido la confianza? ¿Es este el camino hacia el crecimiento sostenido?
Las respuestas dependen del enfoque que se adopte. Si a la situación actual se la compara con los pronósticos catastróficos de un año atrás: explosión inflacionaria, dólar por las nubes, sistema financiero en vías de extinción, descontrol social y mayor debilidad institucional; la realidad se termina asemejando al paraíso.
Pero focalizando en qué consiste el paraíso se advierte que no es así: hace más de un año que el país está en default con los acreedores privados sin dar ninguna señal de reestructuración de la deuda, los salarios reales acumulan un atraso de casi el 70%, en especial los del sector público. En el sector privado se obligaron los aumentos y no hay presiones salariales dada la pavorosa tasa de desempleo, disimulada ahora por la vigencia de planes sociales. Hay una ausencia absoluta de crédito bancario y enormes dificultades de los bancos para recuperar cartera crediticia debido a la caída de rentabilidad de las empresas y el desempleo. Los ingresos impositivos están "engordados" por impuestos arcaicos y distorsivos (retenciones al agro, al cheque e inflacionario), cayó la tasa de inversión y el ahorro es de mala calidad porque no se destina a fines productivos, con cuasimonedas emitidas por las provincias y por el propio Estado.

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