La plaza de la dependencia

Alperovich, el gobernador de la abundancia, intenta desactivar protestas, pero está atado de pies y manos. La queja de los puesteros del Mercado del Norte se provincializó. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.

02 Febrero 2009

No hay peor síntoma para un gobernante que la multiplicación de las protestas en la plaza Independencia. El humo de las cubiertas pone nervioso a los moradores de la Casa de Gobierno. Las bombas de estruendo ya no se usan para celebrar. Esos son los principales síntomas del descontento social, de ese que no divide clases sociales, aunque las movilizaciones se lleven a cabo en diferentes horarios y en distintos días.
Antonio Domingo Bussi y Julio Miranda, por mencionar casos más recientes, pueden dar fe de lo difícil que resulta gobernar con la presión social a cuestas. José Alperovich, el gobernador de la abundancia, intenta desactivar las medidas de fuerza. Sin embargo, se siente atado de pies y manos. Por caso, el intendente capitalino Domingo Amaya le pidió resolver por sí el conflictivo desalojo de los puesteros del Mercado del Norte. Antes de volar a Brasil, el propio jefe del Ejecutivo dio instrucciones a sus colaboradores de no actuar en el caso. Los puesteros se instalaron frente a la Casa de Gobierno y la queja se provincializó.

Primer acto
La modernidad intenta ganarle a la historia. La construcción de un shopping en el viejo edificio es un viejo anhelo oficial. Muchos tucumanos se resisten a perder uno de los íconos de la ciudad. Sin embargo, las internas que vienen de años entre los puesteros aceleran un proceso que avizora ser traumático. Si hubieran acordado un plan de obras de recuperación del edificio, otra hubiese sido la posición en la negociación con la Municipalidad. Los vecinos les reclaman a los puesteros mayor cuidado en la higiene del establecimiento. Los comerciantes, que atendieron a varias generaciones de tucumanos desde el mostrador, aún tienen la posibilidad de cambiarle la cara al mercado. Las posturas intransigentes no sirven. Amaya debe resolver esta semana si recibe a los puesteros para definir la situación que pone colorados a los funcionarios del Ejecutivo.

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Segundo acto
"Algo tenemos que hacer". Alperovich daba vueltas en círculo en la sala vip del aeropuerto. Subió al avión pensando cuál puede ser la solución para contener la demanda social creciente contra el fuerte incremento de la tarifa eléctrica. "Lo de la soja atañe a 500 productores, pero la luz llega a todos", dijo a este columnista un hombre del Gobierno con voz y voto en el gabinete. Así marcó diferencias de una pelea que fue y sigue siendo política de otra que puede convertirse en piantavotos. Hubo una idea de que la Provincia se haga cargo, durante tres meses, del aumento tarifario para aquellos que consumen menos de 1.000 kilovatios. La iniciativa murió en el intento desde el mismo momento que a Alperovich se le ocurrió consultarle la medida al ministro de Planificación Federal, Julio de Vido. Este fue el encargado de anunciar la apelación del Gobierno al fallo que dispuso la suspensión de los cortes de servicio en Buenos Aires. La gestión kirchnerista muestra contradicciones tan evidentes que no resisten el menor análisis. Cómo puede ser posible que un Gobierno, para mitigar los efectos de la crisis internacional, promueva la compra de electrodomésticos, equipos de aire acondicionado, heladeras o lavarropas y, al mismo tiempo, castigue el mayor consumo eléctrico. El Estado es parte de la culpa: no promovió lo suficiente o no aceleró las obras para la ampliación de la red energética que necesita el sector productivo para sostener el nivel de actividad económica.

Tercer acto
El bolsillo oficial comienza a sentir los efectos de la debacle internacional. La recaudación de impuestos nacionales cae estrepitosamente, por más que los funcionarios intenten disimularlo con pases de partidas de dinero a cobrar en otros ejercicios para que la baja no sea tan evidente. Como todo técnico inexpresivo, el ministro de Economía Carlos Fernández le comunicó -sin dramatismo- a sus pares de las provincias que se acostumbre a recibir menos dinero que otros años por la coparticipación federal de impuestos. Las planillas computan unos $ 25 millones menos de coparticipación pura (equivale a un cuarto de la recaudación provincial) durante enero. Las transferencias de fondos nacionales son prácticamente las mismas que en enero de 2008, una muestra más de que no será una año fiscal fácil para el Gobierno.En el Ejecutivo tucumano están preocupados. El trimestre febrero-abril será muy duro en materia de ingresos. Hasta que no se reactive la economía local será difícil obtener fondos adicionales. Rentas saldrá a cobrarle la deuda a los grandes contribuyentes. Pero la crisis no distinguió clases, ni diferencias de poder adquisitivo. La estrategia para resistir un aumento salarial será debatida ni bien Alperovich retorno a la Casa de Gobierno.

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Cómo se llama la obra
La dependencia hacia el poder kirchnerista condiciona a Tucumán. Hasta ahora, la Nación manda los $ 25 millones promedio mensual para construir viviendas; pero se trata de fondos discrecionales, que dependen del estado de ánimo de la Casa Rosada. Tomar medidas aisladas que pueden ser imitadas por otras provincias puede significar la salida de Alperovich de la estructura K.
En alguna medida, el gobernador está pagando las facturas de medidas impopulares nacidas en el corazón del poder. Es el alto precio por la falta de autonomía política y económica de la provincia ante un Gobierno nacional que necesita apoyo electoral.

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