01 Febrero 2009 Seguir en 
Como otros pueblos conquistadores, los romanos se dieron cuenta rápidamente de que el mejor modo de consolidar una conquista era imponerles a los pueblos sometidos la lengua y la cultura. Gracias a un amigo poeta, el emperador Augusto (63 AC-14 DC), quien contribuyó a ensanchar los límites del imperio romano y a organizarlo administrativamente, tomó nota de que era necesario difundir y estimular a los artistas para que los pueblos sometidos aprendieran el latín y absorbieran su cultura, como un modo de quitarles la propia identidad. De ese modo, Cayo Cilnio Mecenas se convirtió en el gran difusor del arte y en el protector de ilustres poetas como Virgilio, Propercio, Horacio, Ovidio, Salustio y Tito Livio, cuyas obras han derrotado el olvido. La historia reconoció su labor incorporando la palabra mecenazgo a los distintos idiomas.
En las naciones desarrolladas, las empresas privadas han pasado a ocupar un rol muy importante en lo que a cultura se refiere. "El mecenazgo lo practican especialmente las empresas que creen en ellas mismas y en su futuro y que, al tener un amplio sentido de la comunicación, tienden a afianzar su forma de ser en un determinado marco social. Empresas de este tipo no se consideran sólo una mera unidad de producción y beneficios. Un poco por cálculo y también por el sentido de más amplia globalidad, se hacen cargo de lo que las rodea", afirmaba hace unos años un presidente de la Banca Toscana.
En algunas jurisdicciones de los Estados Unidos, por ejemplo, los particulares pueden deducir hasta el 50 % de sus ganancias y las empresas hasta el 10 % por sus contribuciones. Se trata de un modo claro sobre cómo ese país ha estimulado el mecenazgo privado. El ingreso que deja de percibir el Estado a partir de la desgravación impositiva contemplada para proyectos culturales debe verse como una inversión a largo plazo.
Hace cuatro años, el 7/1/2005, se promulgó en Tucumán la ley Nº 7.476, que establece el sistema de financiamiento privado para las actividades artísticas, culturales, científicas y tecnológicas. Como suele suceder con muchas normas en nuestra provincia la norma nunca fue reglamentada. La finalidad de la iniciativa no era reemplazar la obligación del Estado de apoyar las iniciativas del arte, la cultura, la ciencia y la tecnología, sino involucrar en esta misión al sector privado. En los fundamentos de la norma, que se inspiró en los modelos de Río Negro, Brasil y Chile, se señala que se podrá deducir esa contribución en un porcentaje que fija la ley de sus impuestos provinciales. El órgano de aplicación será el Ente Provincial de Cultura, que deberá crear una comisión para tratar los proyectos que presentaran personas e instituciones que actuarán como mecenas y quienes aspiran a recibir esos beneficios.
El aporte privado no sólo es importante para traer manifestaciones artísticas de afuera, sino también para estimular a nuestros hacedores de cultura. Las pocas fundaciones que quedan en pie podrían recuperar la antigua tradición de becar a los jóvenes promisorios para que puedan perfeccionarse en Buenos Aires o en el exterior.
Da la impresión de que la clase dirigente no ha tomado conciencia acerca de la importancia de que la provincia tenga una ley de desgravación impositiva para favorecer a la cultura, tal vez porque está generalmente abocada a los proyectos reeleccionistas; la mora de cuatro años parece así indicarlo. "La cultura tiene que resolver las grandes cuestiones, pero este país está enemistado con la cultura. Un político debe pensar primero en la patria y luego en la política. Si no lo hace, estamos liquidados", solía decir el músico Gustavo "Cuchi" Leguizamón.
En las naciones desarrolladas, las empresas privadas han pasado a ocupar un rol muy importante en lo que a cultura se refiere. "El mecenazgo lo practican especialmente las empresas que creen en ellas mismas y en su futuro y que, al tener un amplio sentido de la comunicación, tienden a afianzar su forma de ser en un determinado marco social. Empresas de este tipo no se consideran sólo una mera unidad de producción y beneficios. Un poco por cálculo y también por el sentido de más amplia globalidad, se hacen cargo de lo que las rodea", afirmaba hace unos años un presidente de la Banca Toscana.
En algunas jurisdicciones de los Estados Unidos, por ejemplo, los particulares pueden deducir hasta el 50 % de sus ganancias y las empresas hasta el 10 % por sus contribuciones. Se trata de un modo claro sobre cómo ese país ha estimulado el mecenazgo privado. El ingreso que deja de percibir el Estado a partir de la desgravación impositiva contemplada para proyectos culturales debe verse como una inversión a largo plazo.
Hace cuatro años, el 7/1/2005, se promulgó en Tucumán la ley Nº 7.476, que establece el sistema de financiamiento privado para las actividades artísticas, culturales, científicas y tecnológicas. Como suele suceder con muchas normas en nuestra provincia la norma nunca fue reglamentada. La finalidad de la iniciativa no era reemplazar la obligación del Estado de apoyar las iniciativas del arte, la cultura, la ciencia y la tecnología, sino involucrar en esta misión al sector privado. En los fundamentos de la norma, que se inspiró en los modelos de Río Negro, Brasil y Chile, se señala que se podrá deducir esa contribución en un porcentaje que fija la ley de sus impuestos provinciales. El órgano de aplicación será el Ente Provincial de Cultura, que deberá crear una comisión para tratar los proyectos que presentaran personas e instituciones que actuarán como mecenas y quienes aspiran a recibir esos beneficios.
El aporte privado no sólo es importante para traer manifestaciones artísticas de afuera, sino también para estimular a nuestros hacedores de cultura. Las pocas fundaciones que quedan en pie podrían recuperar la antigua tradición de becar a los jóvenes promisorios para que puedan perfeccionarse en Buenos Aires o en el exterior.
Da la impresión de que la clase dirigente no ha tomado conciencia acerca de la importancia de que la provincia tenga una ley de desgravación impositiva para favorecer a la cultura, tal vez porque está generalmente abocada a los proyectos reeleccionistas; la mora de cuatro años parece así indicarlo. "La cultura tiene que resolver las grandes cuestiones, pero este país está enemistado con la cultura. Un político debe pensar primero en la patria y luego en la política. Si no lo hace, estamos liquidados", solía decir el músico Gustavo "Cuchi" Leguizamón.







