07 Febrero 2003 Seguir en 
En un año electoral todo se potencia. Los peronistas, como es su costumbre, siguen sacándose los ojos para continuar en el poder. Las elecciones internas no hacen más que despertar viejos rencores que concluyen minutos después de realizados los comicios generales. Los republicanos se adhirieron al decreto oficial de licencia masiva y durante enero no aparecieron en el escenario político. Ahora, algunos de sus referentes asoman con tibios afiches la candidatura de su líder, Antonio Bussi, que con el paso de los días se desdibuja como un adversario de fuste para hacer frente a las pretensiones continuistas del mirandismo.
Es más, encumbrados dirigentes piensan que si Bussi no fuese el candidato, FR estaría dispuesto a conformar un frente electoral sin distingos de banderas. Hasta se conjetura con la posibilidad de tocarle la puerta a Olijela Rivas para tentarla en la batalla proselitista y reclutar, además, a los radicales.
Pero la oposición es débil frente a cuestiones impopulares que el oficialismo impone en la Legislatura. Prueba de ello es lo que sucedió el miércoles pasado en el recinto cuando se aprobó la continuidad de los tickets Proms. Legisladores que no comulgan con el mirandismo no pudieron evitar la sanción de las medidas. Afuera del recinto, varios de los dirigentes que participaron de los hechos violentos despertaron de un largo sueño de casi tres años para recordar que las conquistas de los trabajadores deben ser defendidas a capa y espada, pero no con violencia sino con una resistencia cívica y permanente, no esporádica.
El déficit temido
Así están las cosas. Julio Miranda está a punto de promulgar la vigencia de los vales. Un día antes, en Buenos Aires, el vicegobernador Sisto Terán, y el ministro de Economía, José Alberto Cúneo Vergés, recorrieron los pasillos del Palacio de Hacienda para pedir fondos a la Nación y escuchar advertencias. Algunas voces alarmistas decían que si no se aprobaban las medidas escritas en el polémico decreto ómnibus, no sólo peligraba el pago de los sueldos, sino que se condenaría a Tucumán al ostracismo, con un aumento del déficit prohibido por la Nación a las provincias. Nada de eso ocurrió. La Nación sigue siendo el hada madrina de Tucumán y gira fondos para que el "compañero" Miranda no pase sobresaltos.
El temor al continuismo y al "todo será igual después de junio" embarga a los estatales y a la sociedad en general. El Gobierno, en tanto, está preocupado por combatir el síndrome posteleccionario que padecieron Ramón Ortega y Bussi. Los hechos del miércoles encendieron la luz de alerta en la Casa de Gobierno. Miranda quiere concluir sin problemas su mandato y trabaja para entregárselo a José Alperovich, quien le garantizaría tranquilidad después de octubre.
Es más, encumbrados dirigentes piensan que si Bussi no fuese el candidato, FR estaría dispuesto a conformar un frente electoral sin distingos de banderas. Hasta se conjetura con la posibilidad de tocarle la puerta a Olijela Rivas para tentarla en la batalla proselitista y reclutar, además, a los radicales.
Pero la oposición es débil frente a cuestiones impopulares que el oficialismo impone en la Legislatura. Prueba de ello es lo que sucedió el miércoles pasado en el recinto cuando se aprobó la continuidad de los tickets Proms. Legisladores que no comulgan con el mirandismo no pudieron evitar la sanción de las medidas. Afuera del recinto, varios de los dirigentes que participaron de los hechos violentos despertaron de un largo sueño de casi tres años para recordar que las conquistas de los trabajadores deben ser defendidas a capa y espada, pero no con violencia sino con una resistencia cívica y permanente, no esporádica.
El déficit temido
Así están las cosas. Julio Miranda está a punto de promulgar la vigencia de los vales. Un día antes, en Buenos Aires, el vicegobernador Sisto Terán, y el ministro de Economía, José Alberto Cúneo Vergés, recorrieron los pasillos del Palacio de Hacienda para pedir fondos a la Nación y escuchar advertencias. Algunas voces alarmistas decían que si no se aprobaban las medidas escritas en el polémico decreto ómnibus, no sólo peligraba el pago de los sueldos, sino que se condenaría a Tucumán al ostracismo, con un aumento del déficit prohibido por la Nación a las provincias. Nada de eso ocurrió. La Nación sigue siendo el hada madrina de Tucumán y gira fondos para que el "compañero" Miranda no pase sobresaltos.
El temor al continuismo y al "todo será igual después de junio" embarga a los estatales y a la sociedad en general. El Gobierno, en tanto, está preocupado por combatir el síndrome posteleccionario que padecieron Ramón Ortega y Bussi. Los hechos del miércoles encendieron la luz de alerta en la Casa de Gobierno. Miranda quiere concluir sin problemas su mandato y trabaja para entregárselo a José Alperovich, quien le garantizaría tranquilidad después de octubre.







