Un galpón con limones ardió durante horas en La Florida

Vecinos del barrio La Flor colaboraron con los bomberos para apagar las llamas.

CENIZAS QUEDAN. Trabajaron bomberos de diferentes destacamentos. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
CENIZAS QUEDAN. Trabajaron bomberos de diferentes destacamentos. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
28 Enero 2009

Una gruesa columna de humo negro se divisaba hacia el este desde el puente Lucas Córdoba, en Banda del Río Salí. El incendio se había desatado a unos 12 kilómetros de allí, en una empaquetadora de limones de La Florida. El fuego causó severos daños en la propiedad y, afortunadamente, no hubo heridos. “Colaboramos todos los vecinos porque esto es algo que puede tocarle a cualquiera”, dijo Raúl Cruz, de 60 años, quien ayudó a aplacar el incendio.
Durante la mañana de ayer no hubo movimiento en los galpones de la firma Citrus Franco, ubicados en calle Hipólito Irigoyen del barrio La Flor. “Acá trabajan unas 40 personas, pero no había personal cuando ocurrió el siniestro. Por eso, aún no sabemos qué lo originó”, manifestó un empleado de la firma perteneciente al empresario Juan Manuel Rotta. A los vecinos les llamó la atención la gran cantidad de humo que salía del tinglado, donde estaban estacionadas varias toneladas de limones empacados, listos para su distribución. “En menos de cinco minutos recibimos ocho llamados, entre ellos, uno del dueño de la empresa”, dijo el subcomandante Carlos Acosta, de los Bomberos Voluntarios de La Florida. Junto con ellos llegaron dotaciones de la capital, de Alderetes, de Tafí Viejo y de la Policía. En total eran seis autobombas y unos 25 voluntarios. Además, acudieron agentes de la comisaría local y una ambulancia del Siprosa.

A baldazos
Sin embargo, los primeros en llegar habían sido unos 30 vecinos. Con baldes y otros recipientes llenos de agua, intentaron aplacar las llamas hasta que llegaron los especialistas en apagar incendios. “Vinimos corriendo a ver qué pasaba. Cuando vimos las llamas, comenzamos a sacar cajas de madera y tachos con aceite y combustible porque, si se hubieran prendido fuego, se habría incendiado todo”, contó aún agitado Rafael Núñez, quien vive a metros de la empaquetadora. “Me preocupé mucho cuando vi tantas llamas. Por suerte a nadie le pasó nada”, dijo, por su parte, Mario Jesús Jaime, de 53 años. Jesús Juárez, de 25 años, también colaboró para apagar el incendio. “El fuego llegaba hasta el techo y las chapas empezaron a caerse de golpe. Pero no tuve miedo, porque quería ayudar. Además, fuimos muy cuidadosos y no respiramos el humo que despedían las maderas”, dijo. Decenas de personas que habían prestado ayuda hacían comentarios acerca de lo que habían vivido. Todos tenían las manos y la cara ennegrecidos por el hollín.
Los bomberos trabajaron arduamente durante casi tres horas. “Era un incendio de gran escala e intensidad. Las llamas superaban la altura del techo de la propiedad”, expresó el subcomandante Acosta.
En el ambiente se percibía una curiosa mezcla de aromas: el fuerte olor a material quemado se mezclaba por momentos con el perfume del limón. En el suelo del galpón quedaron los restos calcinados de cajas de madera, chapas de zinc y algunos elementos de trabajo.

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