06 Febrero 2003 Seguir en 
El debate electoral -donde el oficialismo juega desembozadamente con muchos de los medios del Estado- ha sido la causa de que el Gobierno, con la resistencia de la cartera económica, haya decretado un ilusorio recurso de conciliación para amortiguar los efectos políticos de las ejecuciones hipotecarias.
La decisión presidencial, promovida inicialmente por el jefe del Gabinete, Alfredo Atanasof, trata de disimular que semanas atrás se había resuelto poner fin a la emergencia que congeló las ejecuciones, y permitió alumbrar el acuerdo con el Fondo Monetario, exigente vigilante para que se cumpla con el sistema de quiebras.
La mediación, cuya solicitud es voluntaria, resulta un tanto ociosa en la medida en que los bancos acreedores están decididos a negociar con sus deudores para evitar remates que, en su mayoría, podrían resultarles más perjudiciales que una reconsideración de lo adeudado. Con ese marco, es muy improbable que el ministro Roberto Lavagna -actualmente en Washington- se encuentre en el Fondo Monetario Internacional y otros organismos de crédito con quejas o advertencias como las supuestas por ciertas especulaciones.
Salida del pozo
El viaje de Lavagna -ausente entre las firmas del decreto- coincidió con una noticia significativa que, sin embargo, apenas ha tenido espacio en los medios: el banco de inversión Merrill Lynch sacó a la Argentina del pozo negro donde hace más de un año la había colocado, aconsejando ahora ser más optimistas con respecto a los títulos de ese país. La tesis del veranito económico recibe así otro golpe que la descoloca, mientras nuevos indicadores siguen el mismo rumbo de aquel consejo. Ese dato esencial para el observador también parece hacer caso omiso del desconcertante y vacío discurso electoral, donde siguen sin aparecer entre los mejor encuestados ideas concretas para el día después. El miedo a pronunciarse en ese sentido, y los viejos y recurrentes temores a espantar al electorado, hicieron carne en Néstor Kirchner durante su mensaje de lanzamiento, cuando señaló con alguna ambigüedad la posibilidad de recuperar la actividad petrolera y los ferrocarriles para el Estado. Los comentarios que suscitaron esas acaloradas frases obligaron al vocero del candidato duhaldista a precisar que Kirchner "no es estatista ni lo será".
Los aparatos
El acto inaugural en un microestadio cerrado de Lanús fue otra demostración de las dificultades que los políticos que encabezan las encuestas enfrentan en una sociedad distante y desconfiada. Se trató de otra exhibición cabal del límite de los aparatos que, en este caso, operó en el distrito bonaerense con mayor capacidad de movilización duhaldista. Fue por esto que junto al candidato de Eduardo Duhalde debió aparecer postulando la renovación y recambio generacional el septuagenario caudillo lugareño Manuel Quindimil. Sin duda que los aparatos justicialistas superan ampliamente a los restantes, en dinero y movilidad, como acaba de demostrarse en la reciente gira sureña de Elisa Carrió, forzosa partidaria del mano a mano antes que de la tribuna. (De nuestra Sucursal)
La decisión presidencial, promovida inicialmente por el jefe del Gabinete, Alfredo Atanasof, trata de disimular que semanas atrás se había resuelto poner fin a la emergencia que congeló las ejecuciones, y permitió alumbrar el acuerdo con el Fondo Monetario, exigente vigilante para que se cumpla con el sistema de quiebras.
La mediación, cuya solicitud es voluntaria, resulta un tanto ociosa en la medida en que los bancos acreedores están decididos a negociar con sus deudores para evitar remates que, en su mayoría, podrían resultarles más perjudiciales que una reconsideración de lo adeudado. Con ese marco, es muy improbable que el ministro Roberto Lavagna -actualmente en Washington- se encuentre en el Fondo Monetario Internacional y otros organismos de crédito con quejas o advertencias como las supuestas por ciertas especulaciones.
Salida del pozo
El viaje de Lavagna -ausente entre las firmas del decreto- coincidió con una noticia significativa que, sin embargo, apenas ha tenido espacio en los medios: el banco de inversión Merrill Lynch sacó a la Argentina del pozo negro donde hace más de un año la había colocado, aconsejando ahora ser más optimistas con respecto a los títulos de ese país. La tesis del veranito económico recibe así otro golpe que la descoloca, mientras nuevos indicadores siguen el mismo rumbo de aquel consejo. Ese dato esencial para el observador también parece hacer caso omiso del desconcertante y vacío discurso electoral, donde siguen sin aparecer entre los mejor encuestados ideas concretas para el día después. El miedo a pronunciarse en ese sentido, y los viejos y recurrentes temores a espantar al electorado, hicieron carne en Néstor Kirchner durante su mensaje de lanzamiento, cuando señaló con alguna ambigüedad la posibilidad de recuperar la actividad petrolera y los ferrocarriles para el Estado. Los comentarios que suscitaron esas acaloradas frases obligaron al vocero del candidato duhaldista a precisar que Kirchner "no es estatista ni lo será".
Los aparatos
El acto inaugural en un microestadio cerrado de Lanús fue otra demostración de las dificultades que los políticos que encabezan las encuestas enfrentan en una sociedad distante y desconfiada. Se trató de otra exhibición cabal del límite de los aparatos que, en este caso, operó en el distrito bonaerense con mayor capacidad de movilización duhaldista. Fue por esto que junto al candidato de Eduardo Duhalde debió aparecer postulando la renovación y recambio generacional el septuagenario caudillo lugareño Manuel Quindimil. Sin duda que los aparatos justicialistas superan ampliamente a los restantes, en dinero y movilidad, como acaba de demostrarse en la reciente gira sureña de Elisa Carrió, forzosa partidaria del mano a mano antes que de la tribuna. (De nuestra Sucursal)







