06 Febrero 2003 Seguir en 
Hemos consignado, en nuestra edición de ayer, los problemas que presenta el horizonte del próximo período lectivo, que las autoridades planean iniciar dentro de tres semanas. Se arguye en contra de lo temprano de la fecha y se insiste en que no hay garantías de que se paguen normalmente los sueldos.
Asimismo, se denuncian deficiencias en los locales (a pesar de que Construcciones Escolares afirma que se llegará a tiempo en las reparaciones). La Asociación de Padres de Alumnos reclama una "política educativa", por considerar que ella actualmente no existe, y sostiene que debe llegarse a un consenso para cumplir el programa escolar sin necesidad de anticipar el comienzo de las clases.
Parece evidente que todos estos puntos necesitan ser considerados. Digamos de entrada que no suena prudente empezar el ciclo el 24 de febrero, si se tienen en cuenta los fuertes calores reinantes y los pronósticos, que aseguran la continuidad de la tendencia, a pesar de las lluvias o tormentas que puedan interrumpirla por breves tramos.
No se advierte, por otro lado, la razón de esa premura por empezar, ya que la clave no reside en que las clases arranquen en febrero o en marzo. En efecto, las falencias del aprendizaje que se procura remediar no ocurrieron por la falta de jornadas disponibles, sino por que estas se redujeron drásticamente a causa de huelgas docentes por la falta de pago de haberes.La política de consenso que postula la Asociación de Padres parece una tesitura equilibrada. Es decir, que todos los factores involucrados en el asunto (o sea tanto el Estado provincial como los docentes y los padres de alumnos) debieran sentarse a una mesa de diálogo, para implementar el modo de que el período lectivo se desarrolle con normalidad, que es finalmente lo que a todos nos interesa. Por cierto que un marco fundamental de este consenso debe estar dado por la regularidad en la atención de sueldos, que ha sido la causa de los días perdidos durante el año pasado.
Debe buscarse también una solución a las cuestiones de la seguridad en los establecimientos. Alarman las referencias suministradas por el director de Construcciones Escolares, quien afirma que un grave problema es el de los saqueos, perpetrados a razón de 25 en un solo mes. "A lo que se hace con sacrificio los ladrones lo destruyen en cuestión de minutos", dijo. Es un tema de señalada importancia. Allí, además del protagonismo forzoso que debe tener la acción policial preventiva, también puede y debe colaborar el vecindario de diversas maneras, como principal interesado en que las escuelas se mantengan en buen estado, y que las obras que en ellas se efectúen no terminen destrozadas por la acción de vándalos.
No puede dudarse de que un consenso, donde cada parte adquiera compromisos y posteriormente los cumpla, puede ser la herramienta más eficaz para que nuestros hijos puedan cumplir normalmente su proceso de aprendizaje. Sería altamente deseable que estas cuestiones perdieran su carácter de pujas, para constituirse en una convicción serena y realista de que los niños deben educarse, y de que tanto el poder público como la comunidad no han de ahorrar esfuerzos para que así suceda efectivamente.
Nunca se insistirá demasiado en la extrema importancia que reviste, en el competitivo mundo de este tercer milenio, la formación de la niñez y de la juventud. Ella equivale a dotarse del capital más importante que un país puede llegar a tener. No debemos dejar que otros problemas, por importantes que parezcan, quiten a la educación el carácter prioritario que debe tener en toda sociedad que aspire realmente al progreso. La educación, como el alimento y la asistencia sanitaria, debe asegurarse a todo trance.
Asimismo, se denuncian deficiencias en los locales (a pesar de que Construcciones Escolares afirma que se llegará a tiempo en las reparaciones). La Asociación de Padres de Alumnos reclama una "política educativa", por considerar que ella actualmente no existe, y sostiene que debe llegarse a un consenso para cumplir el programa escolar sin necesidad de anticipar el comienzo de las clases.
Parece evidente que todos estos puntos necesitan ser considerados. Digamos de entrada que no suena prudente empezar el ciclo el 24 de febrero, si se tienen en cuenta los fuertes calores reinantes y los pronósticos, que aseguran la continuidad de la tendencia, a pesar de las lluvias o tormentas que puedan interrumpirla por breves tramos.
No se advierte, por otro lado, la razón de esa premura por empezar, ya que la clave no reside en que las clases arranquen en febrero o en marzo. En efecto, las falencias del aprendizaje que se procura remediar no ocurrieron por la falta de jornadas disponibles, sino por que estas se redujeron drásticamente a causa de huelgas docentes por la falta de pago de haberes.La política de consenso que postula la Asociación de Padres parece una tesitura equilibrada. Es decir, que todos los factores involucrados en el asunto (o sea tanto el Estado provincial como los docentes y los padres de alumnos) debieran sentarse a una mesa de diálogo, para implementar el modo de que el período lectivo se desarrolle con normalidad, que es finalmente lo que a todos nos interesa. Por cierto que un marco fundamental de este consenso debe estar dado por la regularidad en la atención de sueldos, que ha sido la causa de los días perdidos durante el año pasado.
Debe buscarse también una solución a las cuestiones de la seguridad en los establecimientos. Alarman las referencias suministradas por el director de Construcciones Escolares, quien afirma que un grave problema es el de los saqueos, perpetrados a razón de 25 en un solo mes. "A lo que se hace con sacrificio los ladrones lo destruyen en cuestión de minutos", dijo. Es un tema de señalada importancia. Allí, además del protagonismo forzoso que debe tener la acción policial preventiva, también puede y debe colaborar el vecindario de diversas maneras, como principal interesado en que las escuelas se mantengan en buen estado, y que las obras que en ellas se efectúen no terminen destrozadas por la acción de vándalos.
No puede dudarse de que un consenso, donde cada parte adquiera compromisos y posteriormente los cumpla, puede ser la herramienta más eficaz para que nuestros hijos puedan cumplir normalmente su proceso de aprendizaje. Sería altamente deseable que estas cuestiones perdieran su carácter de pujas, para constituirse en una convicción serena y realista de que los niños deben educarse, y de que tanto el poder público como la comunidad no han de ahorrar esfuerzos para que así suceda efectivamente.
Nunca se insistirá demasiado en la extrema importancia que reviste, en el competitivo mundo de este tercer milenio, la formación de la niñez y de la juventud. Ella equivale a dotarse del capital más importante que un país puede llegar a tener. No debemos dejar que otros problemas, por importantes que parezcan, quiten a la educación el carácter prioritario que debe tener en toda sociedad que aspire realmente al progreso. La educación, como el alimento y la asistencia sanitaria, debe asegurarse a todo trance.







