Todas las personas que fueron detenidas ayer a la madrugada están emparentadas entre sí. Ayer fueron presentadas en el Juzgado Federal donde se les comunicó que, a partir de mañana, comenzarán a declararán. El abogado Roberto Flores, el mismo que representa a Daniel “Ordóñez” Tévez, asumió la defensa de todos.
Oficialmente se informó que los detenidos son Verónica Paola Toro (a) “Pao”, de 25 años, Manuel Arnaldo Toro (a) “Maño”, de 51 y J. V. T., de 17 (su identidad se reserva por ser menor de edad), todos domiciliados en barrio 11 de Febrero. También se arrestó a Ana Verónica Toro, de 35 años, Justino Martín Toro, de 37 y Marta Rosario Ligerón, de 36, a Margarita Ramona Toro, de 44 años (sindicada como la jefa del clan por la Policía), a Juan Enrique Díaz (a) “El hijo de Arbolito”, de 25 años, y a Jorge Walter Sandoval, de 28. En el último domicilio se identificó a un tal “Cocay” Toro, aunque él no fue arrestado ya que en su casa no había droga, aunque sí le secuestraron dinero, una camioneta y una motocicleta. Todos estos últimos se domicilian en el barrio Arturo Illia.
Durante casi un mes, los oficiales Jorge Nacuse, Luis D’Adamo, Nicolás Toledo, Oscar Juárez, Pedro Baros, Jorge Plaza, Raúl Guaymás, José Rabal, Ruth Córdoba, Daniel Ruiz y Miguel Santander se turnaron para vigilar a los acusados. De ese modo sacaron fotos y filmaron cuando decenas de jóvenes llegaban a esos domicilios para comprar droga, según se informó oficialmente.
La investigación se realizó en el máximo de los secretos. Además del personal de la Dirección de Drogas Peligrosas, el único que sabía lo que se estaba haciendo era el juez federal Daniel Bejas.
Mientras allanaban su casa, Margarita Toro aseguraba que era inocente. “No tenemos nada que ver con todo esto. No sé de dónde salió esa droga, ni tampoco las armas. Los policías quieren involucrarnos”, dijo. Una de sus hijas, en otro domicilio, se mostraba despreocupada. “Tratá de que salga linda en la foto”, le dijo al reportero gráfico de LA GACETA. Su hermano, en otro domicilio, se apuraba en aclarar que tenía todos los papeles de la escopeta 12/70 y de la pistola calibre 9mm que los policías habían secuestrado.
Los vecinos habían sacado sillas a la calle para observar mejor lo que pasaba. “Hacía mucho que no se veía un operativo como este. Por acá se vende muchísima droga. Vienen autos y motos todo el tiempo”, explicó Marcelo, quien pidió que no se publique su apellido. “De un día para otro, estos empezaron a remodelar las casas. Son palacios al lado de las nuestras. Yo trabajo 12 horas como empleada doméstica y mi casa se cae a pedazos, y ellos, como son delincuentes, le meten un hidromasaje al baño”, se quejó Marta Arias. La única calle pavimentada y totalmente iluminada de la zona es la Martín Berho. En resto está en semipenumbras y son de tierra. “La única forma de sacar a estos tipos de circulación es allanándoles las casas todos los días. Son unos asesinos. Los chicos se mueren por consumir todas esas porquerías”, opinó Roberto González.








