Una salida entre amigos terminó en tragedia

El auto en el que iban una joven y cuatro muchachos se desbarrancó 100 metros a la altura de El Rulo, cuando bajaban por la ruta 338. Habían ido hasta el Cristo y cuando regresaban a su casa, el conductor perdió el control del rodado. La jovencita murió en el acto.

EXPLICACIONES. Carlos Rodríguez relata en un sanatorio lo que sucedió. LA GACETA / HECTOR PERALTA
EXPLICACIONES. Carlos Rodríguez relata en un sanatorio lo que sucedió. LA GACETA / HECTOR PERALTA
21 Enero 2009

Eligieron la tranquilidad del cerro para pasear. Los cinco jóvenes llegaron hasta El Cristo, en San Javier, y estacionaron el auto cerca de la ruta. Abrieron las puertas del auto blanco y subieron el volumen de la música. Tomaron una gaseosa y luego decidieron emprender el camino a casa, pero la tragedia se cruzaría en su camino. En la curva del kilómetro 22 de la ruta 338, el vehículo en el que viajaban se desbarrancó y cayó más de 100 metros por el precipicio. Tres de los pasajeros salieron despedidos y golpearon contra los árboles. Uno de ellos, una joven de 20 años, falleció en el acto. Sus amigos, en tanto, resultaron con lesiones de diversa consideración y fueron hospitalizados.
A la medianoche, Esteban Soraire, de 17 años, salió de su casa, ubicada en la esquina de avenida Roca y La Rioja; sacó el Fiat 147 de su padre, dominio AHY 996, y pasó a buscar a sus amigos. Primero recogió a Pablo Díaz, de 20 años; luego a Maximiliano Lazarte, de 18, y posteriormente a Carlos Rodríguez, de 17. Por último llegó a la casa de Andrea Gutiérrez, de 20 años, en avenida Independencia al 600. “Estaba por acostarse a dormir cuando la buscaron los amigos. Había ido al ciber y ya que no quería salir de la casa porque tenía que levantarse temprano para ir a una lencería donde iba a empezar a trabajar. No entiendo por qué salió de la casa. Ojalá se hubiera quedado con nosotros”, se lamentó Graciela Gutiérrez, madre de Andrea. Mientras hablaba, el llanto le brotaba incontenible. “Ella era mi vida”, dijo con voz entrecortada.
Rodríguez, por su parte, explicó que sólo habían salido a dar una vuelta y que tenían pensado regresar temprano a casa.“La idea era ir al cerro a tomar una gaseosa y volver. Yo no conocía a la chica, pero nos había dicho que no se podía quedar hasta tarde. No pensábamos ‘pasarnos de rosca’”, relató desde la cama del sanatorio donde está internado.
“Yo los había estado viendo. Estaban tranquilos. Se reían y parecían muy animados. Cantaron, comieron y tomaron algo. Después bajaron”, contó Juan Córdoba, sereno del Centro Integral Comunitario (CIC) de San Javier.
A la 1 comenzaron a bajar. El automóvil descendió por la el estrecho camino y se descontroló cuando tomó una pronunciada curva metros antes de llegar a El Rulo. El automóvil mordió el cemento del guard-rail que separa el camino del precipicio y cayó, dio varios tumbos y quedó atrapado entre dos árboles. “Veníamos muy tranquilos, pero de repente nos encontramos con la curva muy encima. Lo único que hice fue cerrar los ojos y agarrarme del asiento, porque sabía que nos íbamos a caer”, agregó Rodríguez. El joven iba sentado en la parte trasera del vehículo, junto la ventanilla izquierda. En el medio estaba Gutiérrez y en la parte derecha, Lazarte. Como acompañante de Soraire viajaba Díaz.

Golpe mortal
Soraire, Gutiérrez y Díaz salieron despedidos del rodado apenas cayeron al precipicio, mientras que Rodríguez y Lazarte quedaron aprisionados en el interior del auto. La cabeza de la joven golpeó contra la rama de uno de los árboles y ella falleció casi al instante. “Me avisaron del accidente como a las 3. Fui hasta el cerro, pero no quise ver cuando sacaban el cuerpo de mi hija. Estoy destrozada. Mi hija era lo más sagrado para mí”, relató la madre de la adolescente.
Rodríguez tiene vagos recuerdos de lo que sucedió después de la caída. “No entendía lo que estaba pasando. Sólo me di cuenta de que me salía mucha sangre de la cabeza”, indicó el muchacho y añadió que Soraire escaló hasta la ruta, y desde su celular llamó al 101 y pidió una ambulancia. Luego escalaron Díaz y Rodríguez y todos juntos pidieron ayuda. “Tenía miedo de que la Policía no me encontrara por estar abajo, y que no me rescataran. Ninguno se dio cuenta de que la chica estaba muerta”, reconoció.
Personal de la comisaría de El Corte los socorrió. Los oficiales, junto con personal del grupo CERO, bajaron hasta donde habían caído las víctimas para rescatarlas. Utilizando sogas sacaron a Lazarte y luego subieron el cuerpo de la joven. Los heridos fueron hospitalizados. Antes del mediodía, Díaz y Lazarte recibieron el alta médica. La vida de los otros no corre peligro.
“Es una tragedia. Todos estamos muy mal con lo que pasó y quedamos muy shockeados. Acompañamos el sufrimiento de la familia de la chica” afirmó Lita, la madre de Soraire.
Graciela Gutiérrez estaba desconsolada. “Salió a pasear y me la trajeron muerta”, dijo, y ya no pudo hablar más.

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Sacaron el vehículo con cadenas
La Policía trabajó toda la mañana y parte de la tarde para sacar al vehículo del fondo del precipicio. Marcelo Salas y Sergio Acuña, dos voluntarios, colaboraron con los oficiales de la comisaría de El Corte y del grupo CERO. Los hombres podaron los arboles en los cuales había quedado atascado el auto y tiraron de este con una cadena, hasta que lo sacaron.

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