Había silencio en las calles de tierra. Sentados en las veredas, algunos vecinos contemplaban la soledad del barrio. El único sitio de la Costanera en el que había un gran revuelo era en calle Estados Unidos al 1.500. Allí, en la escuela 2 de Abril, estaban reunidas la diputada nacional, Beatriz Rojkés de Alperovich, las ministras de Educación y de Desarrollo Social, Silvia Temkin y Beatriz Mirkin, respectivamente, y un grupo de Madres de la Esperanza. El encuentro, el segundo desde que las madres marcharon en plaza Independencia para pedir que se atiendan sus reclamos, duró cerca de una hora.
Tras la reunión, LA GACETA mantuvo el siguiente diálogo con Rojkés:
- ¿Qué se trató en la reunión que mantuvo con las madres de la zona, en la que también estuvo presente la Policía?
- Estos son trabajos que se realizan, que yo personalmente realizo permanentemente en todos los barrios, en toda la provincia. Cuando tenemos lugares que especialmente están pasando por alguna situación como esta, que es conocida, con más razón venimos acá. Mañana (por hoy) vamos a venir con el Observatorio de la Mujer porque la realidad es que estamos viendo que hay muchas mamás que no se sienten contenidas, que no están siendo escuchadas. Dentro del mismo barrio hay muchas presiones en la forma de abordar el problema, en la forma de abordar el dolor, porque reconozcamos que cuando una mamá tiene un hijo con problemas, no sabe bien cómo actuar y actúa de distintas formas: algunas se atan, otras gritan, otras les pegan a sus hijos. Vamos a intentar proteger a estas mamás, primero para que sepan cómo manejarse en su hogar con sus hijos. Este es el gran desafío. También vamos a venir con la mesa de trabajo de Desarrollo Social y con la Policía de la zona, que siempre está acompañando. El trabajo que está haciendo la directora con la escuela abierta es fantástico. De hecho, las reuniones van a ser en la escuela, que es lo que justamente hemos venido a coordinar.
- ¿Ustedes no conocían la problemática de acá, de la zona de la Costanera?
- Me molesta terriblemente esa pregunta, porque quien conoce cómo venimos trabajando, sabe cómo y dónde. ¿Vos creés que alguien que ha construido esta escuela no conoce la problemática? Me parece ofensiva y me parece agresiva. Mirá la escuela donde estamos, en lo que se está trabajando. ¿Vos pensás que esto es desconocer? ¿Vos creés que con esta pregunta, que con el CAPS, con todo, no se conoce? Por favor, también, ¿sabés qué? Seamos solidarios todos, porque este Tucumán es de nosotros. Si acá todo el mundo se droga, te van a atacar a vos, nos van a atacar a todos. Esta es la realidad. Esta es la realidad. También el periodista que sea responsable de lo que está diciendo y de lo que está haciendo. El daño que le han hecho a esta zona es muy grande y lo van a seguir haciendo. ¿Y sabés quién sufre? Los hijos de ellos, no vos como periodista, que querés ser incisiva. Por supuesto que vas a salir a criticarme; están todos los medios escuchando, está bien. Pero seamos responsables, porque si a Tucumán le va mal, te va a ir mal a vos, le va a ir mal a LA GACETA, le va a ir mal a LV12, nos va a ir mal a nosotros. La realidad es esa. Es la suerte de todos esta.
En busca de respuestas
Tras la intervención de la diputada nacional, miembros de las Madres de la Esperanza también tenían sus cosas para decir. “Aquí, la droga se consigue como caramelo”, afirmaron. Y es por eso que muchas de ellas participaron ayer de la reunión con Rojkés, Temkin y Mirkin. “Soy la que inició la lucha contra las drogas y ahora estoy bajo amenaza de muerte”, contó Dionisia. Su hijo, de 29 años, es adicto al “paco” y desde que ella lo descubrió, intenta ayudarlo a abandonar su adicción. “Consigue droga muy fácilmente y por eso hay que buscar una solución de fondo”, dijo.
Una de las mujeres sostuvo que el Gobierno tiene la llave mágica para encontrar una solución de fondo para la adicción al “paco” de sus hijos. “Hoy (por ayer) nos ofrecieron ayuda. Ya no sabemos cómo luchar. Queremos que los rehabiliten”, señaló Dora Ibáñez. Sus hijos, de 27 y 24 años, están en Córdoba y en San Nicolás, respectivamente, en dos centros de rehabilitación. Ella, sin embargo, continúa luchando por los hijos de sus amigas. Lo que más les aflige a las Madres de la Esperanza es que sus hijos entregan todo, hasta las zapatillas, con tal de comprar droga. “Los dealers les reciben cualquier cosa, hasta los documentos”, comentó una mujer que pidió que su nombre fuera mantenido en reserva ya que fue amenazada de muerte.
Cuando terminó la reunión, las Madres de la Esperanza se desconcentraron; empezaron a caminar por las calles de tierra; la escuela quedó vacía. La Costanera, en silencio.










