Autopista peligrosa

Es necesario, en el tramo Tucumán-Famaillá, tomar con urgencia algunas medidas para evitar situaciones de riesgo.

04 Febrero 2003
Nadie puede dudar acerca de la importancia que tiene, dentro de nuestra geografía vial, la autopista Tucumán-Famaillá. Ello es especialmente notorio en esta época del año, cuando los automovilistas la utilizan masivamente en su trayecto de ida y vuelta de los Valles Calchaquíes. Y eso mismo torna urgentes algunas medidas que hace mucho debieran adoptarse allí y que no se implementan.
En primer lugar, es perentorio proceder a cortar -y mantener cortos- los altos yuyales que crecen en el medio de las calzadas. Estos quitan visibilidad a los conductores y crean a cada momento situaciones de peligro, por los vehículos que súbitamente -y en total infracción- cruzan a la otra calzada. Por cierto que, si existiera la reglamentaria división física entre ambas manos -es decir las vallas metálicas- tales situaciones no se darían.
Asimismo, es necesario que exista vigilancia policial constante en la autopista. Y no nos referimos a un grupo de agentes que de vez en cuando controlen registros o papelería, sino a un permanente patrullaje, en vehículo, de una punta a la otra. Se evitaría de ese modo una variada gama de situaciones de gran riesgo que a cada momento se dan en esa carretera. Actualmente, en ella puede ocurrir cualquier cosa, ya que los representantes de la ley brillan por su ausencia.

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