04 Febrero 2003 Seguir en 
El 60 por ciento de los tucumanos encuestados en enero por la consultora Sociología y Mercado consideró necesaria la formación de un frente político en Tucumán. Esa posición está reflejando el hastío con la forma de hacer política de muchos partidos. Incluso, así lo confirman cuando un 71 por ciento dice que votaría a un candidato sin partido.
Si dudas, la fuerza agresiva que está mostrando el peronismo hace que muchos partidos ya estén pensando en la formación de un frente. Pero se corre el riesgo de que sea más de lo mismo si sólo tiene como objetivo derrocar al mirandismo. Hay quienes, como José Vitar, desde el ARI, hablan de la generación de una fuerza política, lo que más bien es una gran ambición, ya que hasta ahora la gente quiere un frente; no habla de fuerzas. Es que el que se quema con leche, cuando ve una vaca llora, dicen popularmente.
La experiencia muestra frentes que se fueron convirtiendo en fuerzas o en partidos políticos que terminaron destruidos o absorbidos por los partidos poderesos. Un ejemplo a nivel nacional fue la Alianza, que a poco de comenzar perdió los anillos del poder.
Fuerzas debilitadas
En Tucumán, Fuerza Republicana fue un ejemplo. Lentamente sus cuadros fueron abandonando el barco o vendiéndose al enemigo, como lo hicieron decenas de legisladores seducidos por el poder peronista de turno. La Ley de Lemas contribuyó, en este esquema, al deterioro absoluto de los partidos que hoy rechaza la comunidad.
Un importante sector quiere un frente. El paso siguiente es ver quiénes conforman esa estructura, y para ello el proceso de selección será duro. ¿Son los actuales dirigentes los que encarnan esa representatividad? ¿Los nuevos partidos que surgieron en la provincia pueden encarnar esta nueva opción? Aparentemente, en ambos casos la respuesta hasta ahora es no. Ninguno se siente con el poder suficiente como para pelear la gobernación con la segura ilusión de ganar. Ni siquiera Fuerza Republicana -que ya no es la fuerza moral de los tucumanos- está en condiciones de sentirse seguro de aspirar a la primera magistratura. Confirman esta aseveración las más curiosas conversaciones de operadores que están seguros de que con un frente se puede recuperar el poder. En ellos se anotan la mayoría de los partidos, tanto tradicionales como noveles.
Firme posición
A la hora de buscar candidatos el número uno está sentado en su despacho de fiscal en los Tribunales. No los encuentran en sus propias agrupaciones. Por su parte, Esteban Jerez insiste en que no aceptará candidaturas. Ayer, inclusive, hubo una manifestación en los pasillos del Palacio de Justicia y Jerez no la atendió, respetando la investidura judicial por sobre la política. Si hubiera hecho lo mismo el año pasado habría tenido tal vez menos chisporroteos dentro y fuera de su despacho. Los neofrentistas tucumanos corren el riesgo de equivocarse, igual que las fuerzas principales. La desesperación por recuperar el poder e imponer una imagen tapa las necesidades de mucha gente que espera un proyecto que le devuelva la esperanza y la confianza.
Si dudas, la fuerza agresiva que está mostrando el peronismo hace que muchos partidos ya estén pensando en la formación de un frente. Pero se corre el riesgo de que sea más de lo mismo si sólo tiene como objetivo derrocar al mirandismo. Hay quienes, como José Vitar, desde el ARI, hablan de la generación de una fuerza política, lo que más bien es una gran ambición, ya que hasta ahora la gente quiere un frente; no habla de fuerzas. Es que el que se quema con leche, cuando ve una vaca llora, dicen popularmente.
La experiencia muestra frentes que se fueron convirtiendo en fuerzas o en partidos políticos que terminaron destruidos o absorbidos por los partidos poderesos. Un ejemplo a nivel nacional fue la Alianza, que a poco de comenzar perdió los anillos del poder.
Fuerzas debilitadas
En Tucumán, Fuerza Republicana fue un ejemplo. Lentamente sus cuadros fueron abandonando el barco o vendiéndose al enemigo, como lo hicieron decenas de legisladores seducidos por el poder peronista de turno. La Ley de Lemas contribuyó, en este esquema, al deterioro absoluto de los partidos que hoy rechaza la comunidad.
Un importante sector quiere un frente. El paso siguiente es ver quiénes conforman esa estructura, y para ello el proceso de selección será duro. ¿Son los actuales dirigentes los que encarnan esa representatividad? ¿Los nuevos partidos que surgieron en la provincia pueden encarnar esta nueva opción? Aparentemente, en ambos casos la respuesta hasta ahora es no. Ninguno se siente con el poder suficiente como para pelear la gobernación con la segura ilusión de ganar. Ni siquiera Fuerza Republicana -que ya no es la fuerza moral de los tucumanos- está en condiciones de sentirse seguro de aspirar a la primera magistratura. Confirman esta aseveración las más curiosas conversaciones de operadores que están seguros de que con un frente se puede recuperar el poder. En ellos se anotan la mayoría de los partidos, tanto tradicionales como noveles.
Firme posición
A la hora de buscar candidatos el número uno está sentado en su despacho de fiscal en los Tribunales. No los encuentran en sus propias agrupaciones. Por su parte, Esteban Jerez insiste en que no aceptará candidaturas. Ayer, inclusive, hubo una manifestación en los pasillos del Palacio de Justicia y Jerez no la atendió, respetando la investidura judicial por sobre la política. Si hubiera hecho lo mismo el año pasado habría tenido tal vez menos chisporroteos dentro y fuera de su despacho. Los neofrentistas tucumanos corren el riesgo de equivocarse, igual que las fuerzas principales. La desesperación por recuperar el poder e imponer una imagen tapa las necesidades de mucha gente que espera un proyecto que le devuelva la esperanza y la confianza.







