El otro país mostró su rostro doliente. Tucumán también es parte de ese otro país. La rapidez con que se suceden los hechos políticos en un año electoral no alcanzó a disimular que el milagro duhaldista ha profundizado el empobrecimiento de la Argentina.
Esa situación de exclusión encuentra sus raíces en la administración menemista de la década del 90, agravada por el descalabro de la Alianza.
Las cifras hablan de manera dramática: 93.000 tucumanos vieron desmejorar su calidad de vida de mayo a octubre de 2002, según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Durante ese período se sintió en plenitud el impacto de la devaluación del 40%, que depreció brutalmente los salarios y encareció en forma monumental el valor de los alimentos.
Los especialistas difieren sobre aristas técnicas del trabajo del Indec, pero admiten que la tendencia descripta básicamente es correcta. El efecto político de la investigación es altamente erosivo para el oficialismo.
La conclusión que se desprende de los datos del Indec es que en Tucumán existen casi 946.000 pobres (el 70% de una población de 1.330.000 habitantes) y 456.000 indigentes (el 34% de aquel total).
Cuando se repasan los números, se ve que la promesa mirandista de crear 50.000 puestos de trabajo pasó al archivo. El anuncio cautivó en su momento a una franja del electorado, pero sumó una defraudación más a la hora del balance.
Semillero de conflictos
La explosión de cortes de rutas de 2002 ubicó a Tucumán en el quinto puesto del ranking nacional, según estadísticas del Centro de Estudios de la Nueva Mayoría. Hubo 116 protestas de ese tipo, a razón de una cada tres días. En el país se alcanzó el récord de 2.334 manifestaciones.
El auge del movimiento piquetero en Tucumán ensambló con esa fase crítica.
La receta a que apeló el mirandismo para disuadir la protesta fue la entrega indefinida de bolsones y subsidios, mientras los duhaldistas diseñaron los planes Jefes y Jefas de Hogar.
Sin embargo, los conflictos se mantuvieron en 2003. La distribución de los planes Jefes y Jefas de Hogar se convirtió en una fuente inagotable de conflictos políticos. El Ministerio de Trabajo reveló en noviembre de 2002 que aquellos programas cubrían a 92.000 personas, pero después habrían aumentado a 110.000.
La diferencia sería el resultado de los repartos que ordenó Hilda González de Duhalde, a pesar de la cartera laboral. En el medio hubo recortes presupuestarios que desfinanciaron el programa y que privaron de cupos a la Corriente Clasista y Combativa (CCC). La puja de 2002 de la CCC con el mirandismo se renovó por estos días. Los líderes de esta acusan a dirigentes del oficialismo de manipular los subsidios para las elecciones de 2003.
El malestar con el desempleo y la pobreza es notorio, pero más de un intendente y de un comisionado comunal mira para el costado cuando las protestas se dirigen a la plaza Independencia, o se desentienden de los cortes de ruta.
La consecuencia es el aislamiento de la Provincia y la irritación de quienes no pueden usar las rutas por las obstrucciones. Frente a ese cuadro, el senador José Alperovich habló de una situación de anarquía y prometió mano dura para quienes no acepten su reinserción laboral. El precandidato sentía que la banda de gobernador ya era suya.Sin embargo, el legado de 2002 prenuncia más conflictos para 2003. Los $ 150 que se pagan por los planes Jefes y Jefas de Hogar están infinitamente lejos de los $ 716 que se debe ganar para no estar debajo de la pobreza y de los $ 324 para no ser indigentes.
La inflación que subirá siempre los pisos y la ausencia de una enérgica reactivación presagian más fricciones.
A esos factores se deben adicionar los lineamientos ideológicos de las distintas organizaciones de piqueteros, y las presiones políticas contrapuestas que son propias de un año en que se disputa el poder en todos sus niveles. Es un material altamente inflamable.
Forcejeos electorales
El volcánico escenario social no bloquea los forcejeos políticos. La fractura del justicialismo abrió muchos interrogantes, algunos de los cuales se cancelarán en la primera quincena de febrero.
Alperovich y Fernando Juri son socios en la empresa de retener el gobierno, pero las tensiones en su derredor no decrecen. El mirandismo teme el despegue del senador y que sus hombres queden a la intemperie. A diferencia de Alperovich, que se afilió al PJ, Ramón Ortega fundó Surgimiento Innovador (SI), partido con el cual integró un frente electoral. Desde esa posición de firmeza constituyó un gabinete con políticos afines. Más de dos años tardó la ortodoxia en recuperar el control del aparato estatal. El antídoto contra las tendencias autonómicas de Alperovich sería la presencia de Miranda en el Senado y en el consejo del PJ.
Empero, el ataque del secretario de Información Pública, Ariel Fernández, contra el precandidato prohijado por el gobernador devela tensiones prematuramente puestas en la superficie.
Al postergarse la elección interna de candidatos a senadores y a diputados nacionales, el mirandismo pateó para adelante una controversia complicada. Miranda es inamovible del primer puesto en la lista de senadores. La trifulca se arma con la nómina de diputados, donde Sisto Terán está firme en la primera colocación y hay muchos pretendientes más. Está latente, sin embargo, la decisión de transferir la elección de esa categoría de postulantes al congreso provincial.
La desesperación se apropió, por otra parte, de la tropa legislativa fiel a la Casa de Gobierno. El fiscal anticorrupción Esteban Jerez regresará mañana a sus labores, hecho inquietante para el oficialismo. "Sisto y Julio tendrán protección pero nosotros no". Ese razonamiento aterra a más de un legislador: Jerez podría reabrir causas archivadas momentáneamente. La única coraza protectora que tendrían sería la reforma constitucional, que habilitaría la reelección. Pero la Casa de Gobierno no quiere llamar a elecciones de convencionales constituyentes. Osvaldo Cirnigliaro aprovechará todo eso para castigar al mirandismo.
Al pronunciarse por un frente electoral, Olijela Rivas, Alberto Herrera, Osvaldo Jaldo y Ricardo Maturana dieron un corte a los enredos que tejió el mirandismo. Febrero será un mes clave.







