Según el Diccionario de la Lengua Española, desarrollar es lo contrario de enrollar. Es "extender lo que está arrollado" o bien "deshacer un rollo". Desde el punto de vista cultural, la definición permite suponer que las provincias como Tucumán tienen las cualidades de aquellos Estados desarrollados, pero apretadas a la manera de un rollo. Es decir que pueden, a través de un plan adecuado, desarrollarse y andar. Sólo hace falta definir ese plan y seguirlo hasta sus últimas consecuencias.
La educación, por ejemplo, encaja perfectamente en este paradigma: no puede levantar vuelo porque se enrolla cada vez más en la telaraña de la imprevisión. Y esto ha provocado que muchas de las escuelas públicas no estén preparadas para iniciar el ciclo lectivo 2003. No sólo porque no han sido acondicionadas convenientemente, sino porque, en muchos casos, han tenido que soportar robos reiterados durante el verano. El problema es complejo por donde se lo mire. Las escuelas públicas están recibiendo un caudal de alumnos cada vez mayor, producto de la migración de estudiantes de los colegios privados. Esto duplicó las necesidades de las escuelas -muchas de ellas insatisfechas-, provocando una educación cada vez más deficiente.
La Dirección de Infraestructura recibió el año pasado $ 500.000 para realizar trabajos en toda la provincia. Pero este año, se estima, la partida será bastante más pequeña. La misma ministra de Educación, Olga Morales, reconoció el jueves que sólo en algunos lugares se está trabajando con Construcciones Escolares y que se esperan los fondos de la Nación para realizar arreglos menores. En algunas escuelas el hacinamiento ha llegado a niveles alarmantes (más de 35 alumnos por aula), y en no pocos barrios de la ciudad los establecimientos brillan por su ausencia. La situación es tan alarmante que muchos directores ya han salido al ruedo criticando la falta de un plan que priorice a la educación en general y pidieron a los candidatos una postura respecto de la inversión en educación para los años por venir.
Y no sólo eso. También se exige una solución definitiva al viejo problema de los salarios docentes, que el año pasado provocó la pérdida de la mitad del año escolar a causa de los paros y de la ausencia de una política coherente de los últimos gobiernos, incluyendo el actual. Hasta el día de hoy, Tucumán carece de una ley provincial y el área se maneja por decreto. La ministra anunció que el 24 de febrero comenzarán las clases de los niveles básico e inicial y el 10 de marzo le tocará el turno al nivel medio. ¿Cómo hará para evitar que los sueños de miles de niños y jóvenes se hagan trizas con el primer paro? ¿O, aún peor, que los chicos lleguen a clases y encuentren sus aulas a medio construir?
Va siendo tiempo, entonces, de que de una vez por todas el Gobierno tome el toro por las astas y defina un proyecto educativo acorde con los tiempos que corren. No un plan "tapa agujeros" que hace divagar a la provincia de susto en susto, sino un programa global que incluya a todos los niveles. Porque no puede haber una sociedad pujante con una educación paupérrima. El desarrollo implica también un proceso de humanización. Y, en este proceso, la educación juega un rol primario.
01 Febrero 2003 Seguir en 
Por Gustavo Martinelli







