Desde hace un tiempo, al Gobierno provincial intenta erigirse -por decreto- en una especie de "amo" del mercado cambiario de Bocade. El año pasado, en tiempos en que Joaquín Ferre era aún el ministro de Economía, hubo una fuerte movida oficial para que las "cuevas" pusieran un techo al desagio que cobraban por el canje de los títulos, a la vez que se exigía a las agencias que paguen irrisorios intereses por el efectivo, un bien que por su escasez cotizaba muy por encima del 8% que establecía la decisión oficial. De esta forma singular, los gobernantes buscaban compensar el desequilibrio que ellos mismos habían generado en la economía local a través de la emisión irresponsable de bonos sin respaldo. La suspensión de las operatorias de canje derivó en la saturación de la plaza, con el consecuente perjuicio que esto provocó en las empresas tenedoras de estos títulos que circulan como dinero.
Aquella actitud coercitiva del Gobierno hacia las agencias que cambian Bocade no duró mucho, y rápidamente el mercado volvió a poner las cosas -y las tasas- en su lugar.
Las "cuevas", usualmente vilipendiadas por funcionarios que buscan el efecto de la declaración periodística impactante, son producto del mercado: surgieron para compensar la ausencia del principal operador -el Estado- en la transformación de estos títulos por dinero. Haya o no "cuevas oficiales" -como se sospecha-, es el Estado el que propicia que los tenedores de Bocade, de vales alimentarios y de cheques diferidos tengan que "morir" en estos locales y resignar parte de su capital para conseguir el efectivo que se fagocita el Gobierno. Además, le guste o no a la gente, el de las "cuevas" es un negocio, y como tal apunta a lograr la máxima rentabilidad posible. Y el Estado genera las condiciones para que instalar una "cueva" en Tucumán sea un negocio.
Marchas y contramarchas
Coincidentemente con la asunción de José Cúneo Vergés al frente de Economía, a principios de este mes, la Provincia suspendió la operatoria de canje diario de Bocade que había logrado mantener la tasa de desagio de los títulos en niveles razonables durante varios meses. Al no contar nuevamente con el Estado para que cumpla con su obligación de cambiar los bonos, los grandes tenedores de los títulos tuvieron que volver a las "cuevas" para tratar de conseguir efectivo. Luego, dado el escándalo que amenazaba con desatarse por la tendencia creciente del desagio del Bocade, el Gobierno debió rever su posición y reinstauró el canje diario. Y, de paso, volvió a ensayar la idea de regular el mercado con presiones a los operadores.
Los funcionarios tucumanos son cualquier cosa menos tontos; nadie puede creer que algunos de ellos piensen que pueden manejar los valores de los bonos por presiones a las "cuevas". El desagio bajó, pero porque se inyecta dinero real en la plaza, y no por otra cosa. Sólo con dinero se regula el mercado, y no hay chances de mantenerlo equilibrado si alguien con autoridad decide usar esos fondos para otros fines -por una necesidad coyuntural, por ejemplo-, o para favorecer algún negocio personal.







