30 Enero 2003 Seguir en 
La ingratitud y la amnesia parecen ser una parte importante y desdichada de la idiosincrasia de los argentinos. El olvido o el desprecio por los beneficios recibidos se refleja en el trato que la sociedad les brinda a nuestros mayores desde hace mucho tiempo, como si nada hubiera que aprender de quienes poseen una valiosa experiencia de vida. En lugar de abrirles un espacio importante, como ocurría ya en las civilizaciones más antiguas, se los margina y maltrata. Este desagradecimiento es extensivo a nuestros ante- pasados, especialmente con aquellos hombres que entregaron su vida, sus sueños y su talento desinteresadamente para que esta nación creciese en libertad.
El amor por esta tierra llevó al abogado Manuel Belgrano (1770-1820) a transformarse -de improviso- en militar para combatir a los realistas. Fue el creador de nuestra enseña patria y, al mando del Ejército del Norte, derrotó a los españoles en las batallas de Tucumán y de Salta. Luego de esta última victoria, ocurrida en 1813, la Asamblea General Constituyente decidió premiarlo con un sable de guarnición de oro y 40.000 pesos fuertes. Belgrano aceptó el reconocimiento y dispuso que el dinero fuese destinado para la construcción de cuatro escuelas públicas en Tarija, Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán. El mismo en persona se ocupó de redactar el reglamento de 22 artículos para los establecimientos, donde se refleja la preocupación del prócer por asegurar la educación a todos los habitantes del país. En la nota dirigida al gobierno triunviro, Belgrano señalaba que no había escuelas públicas en ninguna de las cuatro ciudades. En 1826, el salario de un maestro era de $ 8, es decir $ 96 anuales, lo que puede dar una idea de la magnitud de la donación. El Cabildo de Tucumán aceptó la cesión el 11 de julio de 1813. Al poco tiempo de la muerte de Belgrano, las disputas por los intereses del dinero impago, entre el gobierno de Buenos Aires y las provincias, se perdieron en una burocracia surrealista, propia de la ciencia ficción, que cumplirá en marzo próximo 190 años.
Merced a las gestiones de la Comisión Histórica del Legado Belgraniano, la Escuela de la Patria comenzó a hacerse realidad en San Miguel de Tucumán en octubre de 1998. La primera etapa de la obra se licitó en junio de ese año por un monto de 1,9 millón de pesos. Pero los conflictos continuaron. El establecimiento, ubicado en la manzana delimitada por las calles Lavalle, Jujuy, Bolívar y La Rioja, cuya primera parte se inauguró en octubre de 1998, pasó a ser ocupado por la escuela Belgrano y la Escuela de Comercio Nº 3. En ese momento, la Comisión objetó que la escuela no podía habilitarse precariamente con la obra sin concluir y que tampoco podía aceptarse el decreto provincial del traslado de dos escuelas, sin que se hubiesen cumplido los trámites legales relacionados con la donación. Pese a ello, las escuelas comenzaron a funcionar y el local alberga actualmente a 3.000 alumnos.
El 30 de diciembre pasado la Escuela de la Patria volvió a sufrir un nuevo revés, cuando el Gobierno provincial emitió un decreto mediante el cual destina una parte del predio a la Dirección de Arquitectura y Urbanismo y al Tribunal de Cuentas. En el terreno también funciona un laboratorio de la UNT. Pero lo más contradictorio es que el gobernador, firmante del decreto por el cual se fragmenta la manzana, es el presidente de la Comisión Histórica. Esta situación hace peligrar el envío de la Nación de una nueva remesa de dinero para proseguir las obras. Hace pocos días, la Comisión Histórica del Legado Belgraniano denunció la desaparición de casi 300.000 dólares correspondientes a la primera partida de dinero que envió la Nación para iniciar la construcción de la escuela, imputación que fue desestimada por un ex ministro bussista.
En esta tierra tucumana, un sueño de 190 años sigue sin concretarse. La lucha por los espacios de poder y las internas partidarias parecen ser más importantes para buena parte de nuestra clase dirigente que hacer realidad el deseo de un patriota que murió en la miseria y el olvido. En pocos lugares del mundo, la ingratitud ha perdurado durante casi dos siglos.
El amor por esta tierra llevó al abogado Manuel Belgrano (1770-1820) a transformarse -de improviso- en militar para combatir a los realistas. Fue el creador de nuestra enseña patria y, al mando del Ejército del Norte, derrotó a los españoles en las batallas de Tucumán y de Salta. Luego de esta última victoria, ocurrida en 1813, la Asamblea General Constituyente decidió premiarlo con un sable de guarnición de oro y 40.000 pesos fuertes. Belgrano aceptó el reconocimiento y dispuso que el dinero fuese destinado para la construcción de cuatro escuelas públicas en Tarija, Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán. El mismo en persona se ocupó de redactar el reglamento de 22 artículos para los establecimientos, donde se refleja la preocupación del prócer por asegurar la educación a todos los habitantes del país. En la nota dirigida al gobierno triunviro, Belgrano señalaba que no había escuelas públicas en ninguna de las cuatro ciudades. En 1826, el salario de un maestro era de $ 8, es decir $ 96 anuales, lo que puede dar una idea de la magnitud de la donación. El Cabildo de Tucumán aceptó la cesión el 11 de julio de 1813. Al poco tiempo de la muerte de Belgrano, las disputas por los intereses del dinero impago, entre el gobierno de Buenos Aires y las provincias, se perdieron en una burocracia surrealista, propia de la ciencia ficción, que cumplirá en marzo próximo 190 años.
Merced a las gestiones de la Comisión Histórica del Legado Belgraniano, la Escuela de la Patria comenzó a hacerse realidad en San Miguel de Tucumán en octubre de 1998. La primera etapa de la obra se licitó en junio de ese año por un monto de 1,9 millón de pesos. Pero los conflictos continuaron. El establecimiento, ubicado en la manzana delimitada por las calles Lavalle, Jujuy, Bolívar y La Rioja, cuya primera parte se inauguró en octubre de 1998, pasó a ser ocupado por la escuela Belgrano y la Escuela de Comercio Nº 3. En ese momento, la Comisión objetó que la escuela no podía habilitarse precariamente con la obra sin concluir y que tampoco podía aceptarse el decreto provincial del traslado de dos escuelas, sin que se hubiesen cumplido los trámites legales relacionados con la donación. Pese a ello, las escuelas comenzaron a funcionar y el local alberga actualmente a 3.000 alumnos.
El 30 de diciembre pasado la Escuela de la Patria volvió a sufrir un nuevo revés, cuando el Gobierno provincial emitió un decreto mediante el cual destina una parte del predio a la Dirección de Arquitectura y Urbanismo y al Tribunal de Cuentas. En el terreno también funciona un laboratorio de la UNT. Pero lo más contradictorio es que el gobernador, firmante del decreto por el cual se fragmenta la manzana, es el presidente de la Comisión Histórica. Esta situación hace peligrar el envío de la Nación de una nueva remesa de dinero para proseguir las obras. Hace pocos días, la Comisión Histórica del Legado Belgraniano denunció la desaparición de casi 300.000 dólares correspondientes a la primera partida de dinero que envió la Nación para iniciar la construcción de la escuela, imputación que fue desestimada por un ex ministro bussista.
En esta tierra tucumana, un sueño de 190 años sigue sin concretarse. La lucha por los espacios de poder y las internas partidarias parecen ser más importantes para buena parte de nuestra clase dirigente que hacer realidad el deseo de un patriota que murió en la miseria y el olvido. En pocos lugares del mundo, la ingratitud ha perdurado durante casi dos siglos.







