La alarmante ola delictiva

Un sondeo reveló que el 41% de los consultados admite que fue víctima de un episodio violento durante 2002.

28 Enero 2003
Aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia. Entrar en una casa u otra parte contra la voluntad de su dueño. Poner a alguien en una situación violenta o hacer que se moleste o enoje. Todos estos conceptos definen al verbo "violentar". Esta cualidad de violento, por cierto negativa, es inherente al hombre y se ha manifestado de maneras diferentes a lo largo de la historia. En el siglo XX con el crecimiento de las urbes, la violencia social se convirtió en una enfermedad de difícil erradicación.
En las sociedades desarrolladas, la violencia responde más bien a la alienación de personas que son víctimas de un sistema que tiende a estimular el individualismo y a privilegiar el consumismo y el placer. En nuestras sociedades subdesarrolladas, la violencia es, por lo general, consecuencia de la desocupación, del hambre, de la exclusión, de la falta de horizontes para concretar proyectos, del desgobierno y, principalmente, de un sistema de educación permanentemente en crisis.
En los últimos años, la ola delictiva se ha incrementado en Tucumán y ha alcanzado niveles sofisticados. Un sondeo encargado por nuestro diario reveló que el 41% de los consultados admite que fue víctima de un episodio violento durante 2002. Una de las zonas más afectadas por el delito en San Miguel de Tucumán es Villa Urquiza, en donde está la cárcel. Allí, el 60% de los encuestados hizo hincapié en la inseguridad en la que viven.
Las carencias que padece la fuerza policial son profundas. Tras años de reclamos, hace pocas semanas se habilitó en El Corte el destacamento cerrado hace más de un lustro. Sin embargo, los guardianes de la ley deben hacer sus rondas "a dedo" o en el ómnibus, porque no poseen móviles ni tampoco teléfono. De manera que los vecinos siguen indefensos.
Por otro lado, ayer informamos que el Poder Ejecutivo está preocupado por la liberación de delincuentes. En ese sentido, una vez que concluya la feria judicial, los funcionarios del Gobierno se reunirán con los integrantes de la Corte y con el ministro fiscal para pedir que se instruya a los fiscales y a los jueces para que estudien con mayor profundidad las causas y, de esta forma, se evite que aquellos delincuentes a quienes la Policía considera peligrosos, queden en libertad cada vez que se los detiene. Se denegaron allanamientos y órdenes de detención.
En diciembre pasado, el jefe provincial de Policía ya se había mostrado preocupado por los permisos que iban a recibir los presos para pasar las Fiestas de fin de año. Hace poco, las distintas dependencias policiales elevaron al Ejecutivo un informe en el que dieron cuenta de que, en los últimos tres meses, la Justicia ha dejado en libertad a quienes ellos consideran peligrosos delincuentes, además de haberse negado órdenes de allanamiento con las cuales, según afirman, podrían haberse esclarecido varios casos. A este panorama, se suma el decreto del gobernador por el cual se reducen penas a más de 200 presos.
Estas aristas de un mismo problema están reflejando sin duda una falta de coherencia en el tratamiento de la seguridad ciudadana. No existe una coordinación entre la Policía y los fiscales y los jueces. De poco sirve la presencia policial en un barrio si se carece de elementos para combatir el delito y si la fuerza tampoco está preparada para enfrentar expresiones delictivas propias del primer mundo.
Se siguen combatiendo los efectos y no las causas. Estas tienen que ver también con la fragmentación social, con la marginalidad y con el alarmante estado de incultura que azota a la provincia y que se refleja en la constante transgresión a las normas -esto incluye a una buena parte de los ciudadanos y de la clase dirigente-.
Sin un sistema educativo sólido que contemple los intereses de la comunidad; sin trabajos ni salarios dignos; sin cultura del esfuerzo; sin servicios públicos en las zonas marginales; sin un sistema sanitario eficiente, y sin policías preparados no podrá revertirse la ola de violencia delictiva ni se podrá contribuir a elevar moral y éticamente a esta sociedad tan golpeada.

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