Contrastes de la holgura escasa

El dólar tiene realidades distintas en Argentina y Venezuela.

27 Enero 2003
Por Pablo Kandel

BUENOS AIRES.- No podía darse mayor paradoja como que, mientras Venezuela -país que sobrenada en un mar de petróleo y donde el dólar debía ser la mercadería más barata por naturaleza- se vio obligada a cerrar por cinco días el mercado cambiario debido a que los venezolanos estaban comprando todos los dólares que podían y dejando al Banco Central sin reservas; en la Argentina, los equipos técnicos del Ministerio de Economía y del Banco Central se devanaban los sesos para encontrar una metodología que le ponga un piso a la caída libre del dólar. Son los contrastes de la holgura escasa o del hambre en medio de la abundancia.

Mercadería codiciada
El dólar es una mercadería en depreciación en el mundo, pero que localmente cuenta con grandes y garantizados vendedores -fundamentalmente, los exportadores de cereales- pero paradójicamente, muy pocos compradores. Quienes pronosticaban los mayores desastres, hiperinflación y escalada del dólar por encima de los $ 5 o más, incluidos varios gurúes macroeconomistas argentinos y los expertos del FMI, Anoop Singh y Anne Krueger, deberán pensar en cambiar de profesión. Este hartazgo de dólares lleva a anticipar para marzo y abril la solución definitiva a la devolución de dólares atrapados en el corralón bancario. Pero con eso los problemas no hacen más que empezar.
¿Qué hacer con los dólares una vez que están en la calle? ¿Volverlos al colchón o gastarlos? Es un juego de suma cero porque llevarlos al colchón puede significar pérdidas, si siguen bajando, y gastarlos también, si después no hay posibilidad de reponerlos. El consejo de los expertos es cambiarlos por pesos y ponerlos a plazo fijo o letras del BCRA, que todavía rinden altas tasas.
Pero es una orientación que no todos están dispuestos a seguir dado que siguen resabios de desconfianza. Ahora se encontraron con una desescalada del dólar que amenazaba tornar reales los pronósticos del presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay: un dólar de 2,80. Pero también se abrió conciencia otra realidad. El hambre es más urgente que los dólares. O mejor dicho, el hambre argentino no es por dólares sino por comida, dado que la mitad de la población se encuentra por debajo de la línea pobreza o indigencia, y sobre todo trocar planes de subsidios sociales por trabajo genuino, que es un bien mucho más escaso y útil que el billete verde. Y más difícil de conseguir, dadas las falencias que provoca una economía que, en los últimos años, no ha invertido en puestos de trabajo ni en infraestructura, sino más bien ha desinvertido activamente.
Finalmente el dólar, como un bandoneón que aplasta su fuelle, dejó de contraerse al tocar el piso de los $ 3, y respiró manteniéndose en la franja de los $ 3,15/$ 3,20. Sigue siendo un dólar alto, pero no tanto. El índice Big Mac de la revista "The Economist", dice que la Argentina sigue siendo uno de los países más baratos del mundo en términos de lo que se compra con un dólar. Por eso los turistas no tienen problemas en gastar y se vio por televisión a un turista alemán que airadamente reclamaba que los precios argentinos no debían ser tan baratos y que los corrigieran un poco. Este es uno de los principales factores que todavía frena una recuperación más acelerada y que provoca dudas sobre lo que pasará una vez que termine este "veranito" que se está viendo a nivel de turismo interno. (DyN)

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