El reiterado maltrato a los abuelos

Los mayores, en nuestra sociedad, parecen ser un remanente no querido.

27 Enero 2003
En la antigüedad, los ancianos integraban instituciones que implicaban la idea de edad adelantada y de autoridad. Los hebreos, como casi todas las viejas civilizaciones, depositaban decisiones importantes en los llamados "consejos de ancianos" y en los primeros tiempos de la Iglesia, el nombre de "anciano" era usado exclusivamente por los sacerdotes. Hasta en el libro del Apocalipsis, los ancianos tienen un papel preponderante ya que rodean en el cielo el trono del Cordero. En Tucumán, en cambio, los ancianos son considerados, a menudo, como un remanente de nuestra comunidad. Y esa idea se ratifica cada vez que los abuelos deben cobrar sus magros sueldos. Como si fuera una pesada condena de la cual no pueden escapar, los jubilados y pensionados siguen siendo maltratados por las autoridades.
Da pena verlos, mes a mes, haciendo interminables colas bajo el recalcitrante sol del verano tucumano, sólo acompañados por sus bastones y los recuerdos de tiempos mejores. En innumerables columnas se criticó la falta de organización de las autoridades para evitarles a los mayores esas inhumanas esperas. Sin embargo, poco se hizo. En el Centro Unico de Pago, ubicado en Crisóstomo Alvarez al 900, esta desorganización sigue exasperando no sólo a los pasivos, sino también a los vecinos. Sucede que allí también cobran sus haberes los beneficiarios de los planes sociales, por lo que los días de pago se convierten en un verdadero calvario. A este pandemonium se suman los vendedores ambulantes, que aprovechan la concentración de gente para hacer su agosto, y los remises truchos, siempre al acecho de los abuelos que, hartos de estar parados en la vereda, optan por regresar a sus casas en un vehículo luego de cobrar. Otros padecen a los delincuentes que suelen engañarlos para quitarles el dinero.
El problema no sería tan grave si las autoridades de la Anses organizaran los pagos en forma diferente, de tal manera que un día puedan cobrar los jubilados y otro los beneficiarios de planes sociales, o que estos últimos percibieran el dinero en otros sitios. Pero esto no sucede.
La Anses dividió los pagos pero en un mismo día: jubilados y pensionados por la mañana y planes sociales por la tarde. Y, como muchos quieren evitar las colas, un gran número de beneficiarios termina llegando al Centro Unico de Pago a primera hora de la mañana para asegurarse un lugar, con lo que vuelve a complicarse el pago a los abuelos.
Se argumenta que el local posee 24 cajas, así como comodidades para 600 personas sentadas. Pero lo que no se tiene en cuenta es que muchas veces esos asientos son ocupados por las mujeres embarazadas o con niños a cuestas que acuden a cobrar los planes Jefes y Jefas de Hogar. Ciertamente, la necesidad empuja a centenares de beneficiarios sin trabajo a no respetar los horarios de pago.
Si bien la Anses es un organismo nacional, el Gobierno provincial no debe desentenderse -como hasta ahora viene sucediendo- del problema. El hecho de que las jubilaciones provinciales hayan sido transferidas a la Nación, no le quita la responsabilidad de proteger a nuestros adultos mayores, que vienen padeciendo esta situación hace casi un año. Por otro lado, la administración municipal tampoco ejerce control alguno sobre los vendedores ambulantes ni sobre los remises y taxis truchos que se dan cita en el lugar y que contribuyen al caos.
Va siendo tiempo entonces de que, de una vez por todas, las autoridades tomen cartas en el asunto y busquen una solución definitiva, que permita a los jubilados cobrar sus magros haberes y les evite el calvario. Los ancianos -al igual que los niños- deben gozar de los mejores privilegios porque han entregado su vida para el progreso de esta tierra. Mientras eso no ocurra, nuestra comunidad nunca podrá estar a la altura de las civilizaciones que nos precedieron.

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