La guerra de posiciones

Los escarceos entre Miranda y Rivas no tapan la indiferencia de la Legislatura ante la crisis azucarera.

26 Enero 2003
Por Carlos Abrehu

El duhaldismo avanzó un trecho más en su plan de desalojo del menemismo del PJ. La fórmula de los neolemas, que aprobó el Congreso nacional del viernes, sirvió para habilitar tres candidaturas presidenciales: Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá.
Con esa decisión, el peronismo irá dividido con tres partidos a la elección presidencial del 27 de abril. En la década del 80, ya fue dividido a las urnas, cuando Antonio Cafiero -con el rótulo de la renovación- enfrentó a la ortodoxia partidaria. Y en la década del 90 eyectó al Frente Grande, con Carlos "Chacho" Alvarez y el extinto gremialista Germán Abdala como líderes.
Esos intentos no produjeron una fractura tan profunda como la que vive hoy el PJ, que coincide con la crisis de identidad que sacude al radicalismo a partir del choque de Rodolfo Terragno con Leopoldo Moreau y la imposibilidad de encontrar una síntesis política.
La juridicidad del sistema de los neolemas está discutida, por lo que el duhaldismo se cubrió en sano. Si un fallo judicial derrumba a los neolemas, una comisión de gobernadores, jefes de distrito y legisladores nacionales consagrará al binomio que representará al partido gobernante en abril.

Enfoques diferentes
Así las cosas, Julio Miranda se transformaría en uno de los electores calificados del PJ argentino. La puesta en funciones de la comisión de notables significará, además, la vuelta del dedo como método de selección de candidatos. Se dice que Kirchner sería el bendecido por los notables, pero nadie descarta un golpe de timón en favor de Duhalde.
Es toda una paradoja porque la oferta renovadora de hoy contrasta con la de los años ochenta, que preconizaba el voto directo del afiliado en reemplazo del dedo privilegiado de unos pocos.
La delegación tucumana se partió en dos: Roque Alvarez y Juan Carlos Ramírez oficiaron de voceros del menemismo y de los duhaldistas.
Ramírez -conspicuo consejero de Miranda- planteó que Duhalde y Menem encarnan dos proyectos de país radicalmente opuestos. Alvarez, antes de anunciar el retiro del bloque menemista del congreso, reclamó que se acatara la ley que ordena hacer elecciones internas. "La democracia se debilita porque los partidos están debilitados", aseveró.Los duhaldistas alegaron que Ramírez hablaba en nombre de 31 delegados tucumanos. Según ellos, sólo tres dejaron el recinto. Alvarez invocó la representación de 14 congresales. Esa disparidad de criterio en el cálculo de las adhesiones a uno y otro bando no oculta otro hecho.
Miranda, en efecto, les hizo entender a los menemistas que debían privilegiar la gobernabilidad de la provincia. Se les dijo que la transferencia de fondos federales no debía paralizarse por decisiones que irriten a la Casa Rosada.
La dependencia financiera de la administración federal explica el comportamiento de cordobeses y santafesinos, que no rompieron como los menemistas. Alvarez, Olijela Rivas y Alberto Herrera están entre los candidatos propuestos por el ex presidente Menem para la suspendida elección de consejeros partidarios.

El contrapunto
Al senador José Alperovich se le opone el dueto Osvaldo Jaldo-Ricardo Maturana. La idea que maduraba en el Grupo Escaba se corporizó finalmente.
El ministro de Gobierno Fernando Juri es el número dos del ex radical, pero demoró la aceptación pública del puesto porque creía que Rivas y Herrera se sumarían a la unidad partidaria auspiciada por el gobernador. Todo parece indicar que fue en vano.
Rivas se presentará para disputar la banca de primera senadora y Herrera será el número uno de la lista de los aspirantes a diputados.
La sociedad político-electoral que alumbró ayer desconfía de los manejos del mirandismo. La diputada insiste en que la elección interna de candidatos debe ser fiscalizada por una junta electoral ad hoc, porque la oficial no es confiable. "A esta junta electoral la forman empleados de Miranda", explica.
En 2000, Rivas, Julio Díaz Lozano y Osvaldo Cirnigliaro se abstuvieron de competir arguyendo que había falta de transparencia. Entonces se renovaban las autoridades partidarias.
Al año siguiente, Rivas tampoco aceptó la lucha interna en el PJ porque temía ser víctima de maniobras fraudulentas. Por eso salió de candidata por el Frente de Todos.
En 2003 la historia podría repetirse. "Ya que Miranda se aferra a un extrapartidario, debería garantizar la limpieza de la elección interna. Si esto no se da, el gobernador será el responsable de la derrota del peronismo", sentenció Rivas. La angosta diferencia que Miranda le sacó a Ricardo Bussi en 1999 ronda detrás de esa advertencia de la diputada. Los colaboradores más cercanos de esta preparan, entre tanto, una impugnación al llamado a elecciones internas.

La otra cara del momento
Durante la semana que pasó, Alperovich empezó a recorrer distintos barrios de esta ciudad. En las filas opositoras indican que el senador adoptó ese plan de trabajo es porque está débil en la capital.
En realidad, el senador y sus hombres más allegados tejen alianzas con dirigentes peronistas y con inspiradores de sublemas radicales.
Con esa doble confluencia de esfuerzos esperan edificar una estructura de apoyos para la campaña electoral que presumen dura. En esos primeros contactos atisban síntomas de descontento ante hipotéticas candidaturas de dirigentes resistidos. La impopularidad de algunos de estos se desnudaría con crudeza.
Los cortes de boleta podrían destruir la mejor combinación de nombres armada para asegurar equilibrios internos. Esta posibilidad cobra mayor fuerza si se mantienen unidas las elecciones provinciales con las de diputados y senadores nacionales. La decisión política prevaleciente en Tucumán independiza esos comicios de los presidenciales. En otros distritos -Córdoba, Catamarca y Buenos Aires- se sigue el mismo criterio. Las conveniencias territoriales pesan más que los intereses de los aparatos políticos nacionales en crisis.
Los complejos juegos del poder no disimulan la otra cara de la realidad. Fue lamentable, en efecto, la indiferencia que mostró la Legislatura ante el veto del presidente Duhalde a la ley protectora del azúcar.
El oficialismo preparó la caída de la sesión desde el jueves, y la oposición había detectado movimientos en ese sentido, que buscaban desacreditarla. Sin embargo, desde el Interbloque no se aseguró el quórum. La estrategia cortoplacista del mirandismo y la torpeza de la oposición que impulsó la convocatoria de la Legislatura frustraron la definición de uno de los poderes del Estado. Otra vez, el personal político se mostró divorciado de la realidad.

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