La declinación de los clubes

Se van perdiendo las instituciones que aglutinaban a los barrios dando contención a la juventud.

26 Enero 2003
Hubo un tiempo en el que buena parte de la vida de los tucumanos giraba en torno de los clubes. Erigidas en el corazón de cada barrio, las sociedades civiles sin fines de lucro cumplían una función determinante.
Fundamentalmente, servían para aglutinar a las familias y sacaban a los chicos de las calles. Hoy, la figura del club como activo partícipe en el desarrollo de la comunidad está casi extinguida. La pérdida de la masa societaria que experimentaron los clubes en las dos últimas décadas ha sido dramática. Primero les tocó a las entidades del interior, que sufrieron el mismo proceso de deterioro de la economía y se fueron apagando a la par de los ingenios. En cada uno de los pueblos fantasma que se multiplican por la geografía tucumana hay instalaciones, hoy semiabandonadas, que conocieron tiempos de esplendor.
Después, cayeron los clubes de barrio. Cometieron el gravísimo error de descuidar la captación de jóvenes y resignaron protagonismo. Algunos chicos cambiaron la práctica de deportes tradicionales por nuevas propuestas -el mountain bike, por ejemplo-. Otros, magnetizados por la explosión de los medios y la computación, permutaron la pelota por los videojuegos. Muchos niños, lamentablemente, padecen en carne propia la crisis y no tienen contención. Están expuestos al alcohol, las drogas y la delincuencia.
Tampoco les fue bien a las grandes instituciones. No hace muchos años, los complejos deportivos de Atlético y San Martín lucían rebosantes de familias volcadas con entusiasmo a la práctica de numerosas disciplinas: fútbol, básquet, tenis, natación, hockey... Hoy, merced a la abrupta caída de la cantidad de socios, sobreviven con lo justo. No sería justo circunscribir este fenómeno a la provincia. Los clubes agonizan a lo largo y a lo ancho del país. Por caso, Ferro Carril Oeste, una institución modelo en América Latina que llegó a tener más de 30.000 asociados, quedó al borde de la quiebra y se mantiene en pie gracias al delicado equilibrio que significa afrontar una convocatoria de acreedores.
Los cambios culturales que experimentó la sociedad tienen mucho que ver con esta situación. Antes, el encuentro con familiares, amigos y vecinos era cosa de todos los días, y no había ámbito más propicio que el club para pasar esos ratos de esparcimiento. Café o mate de por medio, la charla fluía con naturalidad, se jugaba a las cartas, al dominó o al ajedrez, mientras los chicos corrían libremente y practicaban sus deportes predilectos, protegidos por los límites, físicos y reglamentarios, que el club les proporcionaba.
Las cosas han cambiado, y no toda la culpa es de la televisión, como muchos se empeñan en señalar. Las relaciones humanas son distintas, se han modificado los valores, y aquel gusto por la conversación y el juego con los amigos se fue perdiendo.
Pero así como la gente se alejó de los clubes, no es menos cierto que los clubes se alejaron de la gente, al no brindar ni la infraestructura ni los servicios adecuados. Aquí cabe la crítica para una clase directiva que, en su gran mayoría, es responsable por esta crisis.
La sangría de dirigentes deportivos, en cantidad y calidad, ha sido incesante en Tucumán, y tiene como una de sus principales víctimas a los clubes. Algunas instituciones quedaron en manos de oscuros personajes, que las utilizan para sus fines personales. Otras fueron virtualmente vaciadas, con procedimientos dignos de la mafia. Muchas son conducidas por dirigentes voluntariosos, pero sin la preparación necesaria. Por falta de idoneidad, o de escrúpulos, son los propios encargados de salvar a los clubes los que están hundiéndolos.
Afortunadamente, persisten algunas instituciones ejemplares. Pese a que muchos les extendieron el certificado de defunción, hay clubes que luchan por la supervivencia con armas nobles: imaginación, apertura para las inversiones, modernización, capacitación de sus dirigentes, planes de captación de socios, incorporación de nuevas disciplinas. Son los menos, pero contribuyen para reconstruir el entretejido social de la provincia. Merecen ser imitados por esa mayoría que vegeta en lo intrascendente.

Tamaño texto
Comentarios