Cuando se quiere reflejar la realidad, se hace ficción

El encuentro internacional tuvo este año muchísimas películas, pocas estrellas y mayor apatía por parte del público. Una gran diversidad de géneros se proyectó en la pantalla grande. Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción LA GACETA. Video

EDWARD JAMES OLMOS. “Hacemos películas para que la gente se entretenga y luego se quede pensando”. REUTERS
EDWARD JAMES OLMOS. “Hacemos películas para que la gente se entretenga y luego se quede pensando”. REUTERS
17 Noviembre 2008

MAR DEL PLATA.- La ceremonia de cierre del 23 festival Internacional de Cine de Mar del Plata comenzó exactamente una hora después de la hora anunciada; casi no tuvo estrellas invitadas (las figuras notables en el escenario fueron Amelia Bence y Mirtha Legrand), tuvo una muy informal (pero agradable) conducción a cargo de Gastón Pauls y Julieta Díaz, y gran cantidad de ausentes entre los premiados. Demasiado para dos horas de espectáculo, lo que se tradujo en una platea cada vez más desierta; sobre el final, los claros eran indisimulables para la transmisión de Canal 7. Pero no fue esto, sin duda, lo más importante del festival.
Hay que destacar la amplitud de criterio de los programadores. Las casi 400 películas que se ofrecieron durante los 10 días de proyecciones prácticamente abarcaron todos los géneros: documentales, largometrajes de ficción, películas experimentales, óperas primas, ciclos de homenaje, entre muchas otras, se pusieron a la consideración del público. Imposible ver todo; imposible cubrir totalmente siquiera una de las secciones; además, hubo interesantes encuentros con el público de figuras tal vez no demasiado rutilantes (Tommy Lee Jones, Kathryn Bigelow, Sarah Polley, Edward James Olmos, Robert Young, entre otros) pero no por ello menos trascendentes.

Sin colas
Y otras actividades paralelas que demandaron un tiempo precioso que había que robarle a la exhibición de películas. Una deliciosamente agotadora carrera para cualquier fanático del cine. Desde ese punto de vista, el festival fue un éxito, aunque el público en general se mostró más apático que en años anteriores. En general, no se vieron colas en las puertas de los cines, un clásico de por lo menos las tres últimas ediciones.

Para el análisis

Finalmente, queda para el análisis la gran cantidad de no ficciones presentadas en las distintas secciones. Cuesta encontrar guiones originales, temas que no reflejen casos reales o que no estén inspirados en hechos que ocurrieron en realidad. Y siempre se presenta esta condición de documental (o de documental ficcionado) como un valor más del filme.
Algunos, como el cubano Rodrigo París, asumen abiertamente su carácter de realizadores de una versión de la realidad; otros, como José Celestino Campusano, declaran que quieren desaparecer como directores para lograr casi un hiperrealismo. Quizá la respuesta es la que dio Edward James Olmos: "nosotros hacemos películas para que la gente se entretenga, pero queremos que después se quede pensando en lo que vieron", dijo el veterano actor y director.
Es que cuando se quiere reflejar la realidad, lo que en rigor se está haciendo es una ficción. Parecida (o idéntica) a la realidad, pero ficción al fin. Así de fuerte es la magia del cine.

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