"Tengo tanto miedo de seguir viviendo en este barrio que me estoy por mudar a fin de año. Me voy a Córdoba, con unos parientes. Ya no quiero seguir acá". Juan Carlos Amaya tiene 68 años y, por ahora, vive en barrio Ciudad Jardín. Al igual que sus vecinos, el hombre asegura que en la zona los robos son una constante. "He sufrido atracos, tanto de día como de noche", dijo. Vecinos del barrio acordaron una reunión con autoridades de la Policía para tratar el tema de la inseguridad y que se realizará el 28 de este mes.
Amaya es jubilado. Vive junto con su esposa en su casa de Larrea al 2.800 desde hace varios años. Pero planea irse el mes que viene, harto de sufrir robos. "Hace dos meses entraron a mi garage y me rompieron el auto para llevarse la batería. Ahora, lo dejo abierto. Si me roban, que al menos no me lo destruyan", señaló. Según relató, su peor experiencia ocurrió hace poco menos de un año. "Durante la madrugada, entraron tres muchachos, todos armados con cuchillos. Mi esposa estaba durmiendo con mis nietitos en nuestro dormitorio. Yo estaba en otro cuarto. A ellos los ataron con alambres y los amenazaron de muerte. A mí me pusieron una ?punta? en la panza y me pidieron la plata. Si no hubiese sido por la vecina, que empezó a tirar piedras al techo, no sé qué hubiera pasado", relató Amaya. Luego, agregó: "se llevaron un televisor y otras cosas. Pero lo peor fue el miedo que pasamos. Hoy, mis hijos ni locos mandan a mis nietos a dormir acá".
Para protegerse, tuvo que poner rejas en la casa y adoptar otras medidas de seguridad. "Duermo con un machete al lado de la cama. Con algo tengo que ahuyentar a los delincuentes, porque ellos tienen un olfato impresionante para entrar a robar", expresó mientras exhibía la herramienta. Luego, añadió: "mi esposa sufrió mucho. Uno de los tipos le decía: ?te vamos a degollar un chiquito si no nos das plata?. Por cosas como esa me voy de acá".
Encerrados por el miedo
"Tenemos que vivir encerrados. Nosotros estamos tras las rejas y ellos (los delincuentes) andan libres", protestó Dolores Saleh, de 60 años, otra vecina del barrio. LA GACETA recorrió la zona y la palabra "miedo" era una fija en el relato de los habitantes. "Después de que sufrimos un robo, en agosto, con mi esposo nos turnamos para hacer guardia de noche. Pero no se puede vivir así", destacó Esther Padilla. "La puerta siempre está con llave; no se puede estar de otra forma", concluyó preocupada Andrea Oges, de 33 años.









