Las Bolsas recorren una volatilidad histórica que no se alejará hasta que el valor de los activos globales -luego del ajuste- toque un piso o valor de soporte. La duración de la crisis es el interrogante y la preocupación en los pronósticos, que solo pueden recordar a otros colapsos y sus recuperaciones del pasado. En los Estados Unidos fue usual que a la destrucción masiva de empleos le siguió de inmediato la construcción de nuevos puestos de trabajo, y el crecimiento del trabajo en el sector servicios asimiló la mano de obra desplazada de las manufacturas y del campo ¿Podrá repetirse? Mientras el Japón -una exitosa economía capitalista- no aplica la destrucción creadora y defiende al empleo vitalicio, por eso necesitó más años y rescates para estabilizar -luego de la última crisis- los precios de los inmuebles, el rol de sus bancos y la normalización de su economía.
Desde los mercados -donde se forman los precios- se observa a los inventos, los desarrollos y a los magnates de occidente y por otro lado la sabiduría, la población y la paciencia de los orientales. El tema es la futura dinámica de la economía -ya en recesión global- donde el anhelo humano de la certidumbre y la estabilidad choca versus la competencia y la productividad creando una ansiedad general que repercute en el sube y baja de las Bolsas de todo el contexto internacional. Mientras, en la Argentina las tasas están por las nubes, desapareció el crédito, cayeron los depósitos, el mercado de capitales se cerró, la salida de divisas es récord, cedieron las reservas, hay dificultad para financiar el consumo y fondear al giro comercial y a los emprendimientos.
15 Noviembre 2008 Seguir en 
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